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GAS Y PETRÓLEO

China dejó de comprar petróleo de Estados Unidos

La guerra comercial que sostienen las dos principales potencias del planeta, cuyas consecuencias están afectando el desenvolvimiento de la economía mundial, ya se vive en plenitud dentro del negocio energético. Si bien China venía de elevar los aranceles en casi todas las importaciones norteamericanas, el petróleo extraído en Estados Unidos podía ingresar sin grandes trabas impositivas. En las últimas semanas, sin embargo, el gigante asiático decidió modificar radicalmente su política de compras del hidrocarburo.

A decir de Xie Chunlin, presidente de China Merchants Energy Shipping, una de las principales compañías transportistas, hoy la importación de crudo norteamericano se detuvo casi por completo. “Mientras que antes de la guerra comercial teníamos un buen negocio, ahora éste está absolutamente parado”, sentenció el empresario.

A lo largo de 2017, las compras chinas habían experimentado un descomunal aumento de un 923,4%, el cual posicionó a ese mercado como el segundo que más petróleo norteamericano consumía a nivel global, sólo por debajo de Canadá. En toda la temporada pasada, China importó unos 77 millones de barriles procedentes de Estados Unidos; es decir, alrededor de un 3% del crudo que adquirió en el exterior.

China venía de elevar los aranceles en casi todas las importaciones norteamericanas, pero el petróleo extraído en Estados Unidos podía ingresar sin grandes trabas impositivas. En las últimas semanas eso cambió.

En mayo de este año, los envíos llegaron a un pico de 13,9 millones de barriles. Ese volumen osciló en torno a los 9,7 millones durante el mes de agosto. En septiembre, en cambio, el suministro apenas se situó en 600.000 barriles. Adicionalmente, en el marco de las amenazas de la Casa Blanca a los países que efectúen operaciones comerciales energéticas con Irán, Pekín viene de realizar otra jugada sumamente provocadora: en julio compró petróleo iraní por la cantidad récord de 806 millones de barriles.

Otra batalla

Además de enfrentar a China en términos económicos, políticos y tecnológicos, el Gobierno de Estados Unidos tiene otro frente de batalla abierto con la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) por su rol en el proceso de encarecimiento que registra el barril. En palabras del presidente Donald Trump, claramente el bloque está manipulando el mercado mediante el recorte especulativo de la producción de crudo. “Será mejor que deje de hacerlo cuanto antes”, advirtió.

A través de la red social Twitter, Trump llegó a comentar que el rey de Arabia Saudita, Salman bin Abdulaziz al Saud, le había prometido incrementar la oferta petrolera en 2 millones de barriles diarios. Ante la desmentida pública del monarca, la vocera del mandatario estadounidense, Sarah Sanders, tuvo que salir a admitir que Al Saud sólo había confirmado la posibilidad de utilizar las reservas de producción de petróleo en caso necesario.

“Los líderes confirmaron su apego a un mercado energético global estable en beneficio de todos los países, y coincidieron en que un negocio petrolero equilibrado es necesario para acceder a una energía segura en todas las partes del mundo”, aseguró Sanders.

Líder mundial

Según datos divulgados por la Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), el país gobernado por Trump revalidó su liderazgo hidrocarburífero durante el año pasado, cuando aprovechó el encarecimiento de más de un 20% en la cotización internacional del petróleo para incrementar su oferta del recurso en unos 745.000 barriles por día. 

El organismo destacó que la producción petrolera estadounidense está actualmente compuesta por diferentes tipos de combustibles líquidos, incluyendo crudo y condensado de explotación, crudo ligero, crudo extra pesado y betún. Las refinerías norteamericanas también son responsables de enormes volúmenes de líquidos de plantas de gas natural, biocombustibles y otros combustibles líquidos.

En el transcurso de 2017, detalló la EIA, el crudo y el condensado de explotación representaron un 60% de la oferta total de hidrocarburos basados en el petróleo en Estados Unidos. Los líquidos de plantas de gas natural, por su parte, exhibieron una participación de un 24%. Estos datos reflejan la importancia estratégica que posee el sector energético dentro de la política proteccionista de Trump.

No en vano el presidente norteamericano se comprometió públicamente a colaborar con el desarrollo de la actividad hidrocarburífera no convencional a fin de acelerar los tiempos para que su país se convierta en un exportador neto de energía.

(Revista Petroquímica)

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