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Confianza y desconfianza
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¿Estará dispuesto Brasil a recibir menos gas,
cuando tiene una ciudad, Cuiabá sin electricidad
de su termoeléctrica que utilizaba gas
boliviano?. |
Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco
Como ya ha pasado la época de cañoneras, subiendo los
ríos de China o de “marines” desembarcando en países
extranjeros para proteger intereses empresariales,
Confianza y Desconfianza, son dos elementos básicos en
el comercio internacional. Ganar la confianza toma
tiempo, a través de acciones y comportamientos serios y
sostenidos. La desconfianza es conferida rápidamente por
comportamiento errático, contradictorio y por señales
del mismo tipo.
Con casi treinta años de experiencia, en exportación de
gas natural, Bolivia para el 2003, no solo gozaba de la
confianza internacional, sino además, era la esperanza
de provisión de gas para el Cono Sur del Continente y
evitar la crisis energética en la que está sumida la
región que se anticipaba desde entonces.
A partir de fines de ese año, las señales y mensajes del
país hacia el exterior, empezaron a sembrar
desconfianza. El caos político interno posterior
señalaba, cada vez con más fuerza, que no obstante tener
reservas, no se podría contar con producción boliviana
oportuna. No ha sido casualidad que el proyecto del
Anillo Energético, (llevar la producción peruana de
Camisea a Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay)
hubiera sido planteado oficialmente al Presidente
Toledo, por los ministros de los países antes indicados
a los diez días de la promulgación de la actual Ley de
Hidrocarburos No. 3058.
Pero nosotros nos hemos vuelto persistentes en generar
desconfianza. Al año de la Ley 3058, “nacionalizamos” la
industria con un gran despliegue publicitario.
Naturalmente que esa medida no despejó la desconfianza,
al contrario, la afianzó. Mientras estábamos en un
proceso largo y confuso de renegociar los contratos, el
Anillo Energético, del cual no formábamos parte, se
detuvo por el pleito chileno-peruano sobre sus fronteras
marítimas. Todo lo anterior, no disipó los temas sobre
la crisis energética de la región, al contrario, la hizo
inexorable. Chile optó por importar gas natural
liquificado (LNG) por barco. Brasil enfatizó el
cumplimiento del contrato de venta entre Petrobrás y
YPFB y también espera tener su primera estación para
recibir LNG el 2009.
Paraguay y Uruguay, que probablemente creyeron en la
propaganda nacionalizadora que al fin el estado
boliviano dispondría de los mercados para la producción,
hicieron nuevos intentos por lograr gas boliviano, pero
también cayeron presas de la incertidumbre general y
optaron por el silencio.
Frente lo anterior, el contrato de compra - venta de gas
firmados por YPFB y Energía Argen-tina S.A. (ENARSA), el
20 de junio del 2006 constituyeron un acontecimiento.
Bolivia suministraría gas a Argentina por 20 años, 27.7
Mm3/D, casi el volumen comprometido a Petrobrás,
recibiendo un mejor precio.
Al enterarnos del contrato, se hizo conocer que su
cumplimiento por parte nuestra era muy difícil. Las
entregas se iniciaban el 1º de enero del 2007 con 7.7
Mm3/D para el primer año, seguidas por 16 Mm3/D el 2º y
3º años, para llegar a los 27.7 pactados al 1º de enero
del 2010, y continuar así 16 años mas. Lograr esas
producciones requiere que dupliquemos nuestra capacidad
instalada en oleoductos, gasoductos, plantas de
tratamiento y refinerías, además de contar con por lo
menos 18 pozos productores nuevos en algún megacampo.
Esos que producen 1.5 a 2 Mm3/D por pozo y que requieren
mas de un año de perforación. Todo lo anterior demanda
una inversión de por lo menos $US 3000 millones.
Argentina solo tenia que construir un gasoducto nuevo
que se estima costaría ± $US 1.500 millones. Las
esperanzas estaban depositadas en las empresas que
firmaron nuevos contratos y se quedaron en el país.
Algunas de ellas mostraron un cauto optimismo, pero a
todas ellas se les han enfriado los pies con el proyecto
de Constitución Política del Estado, que pone nuevamente
en duda sus contratos y añade exigencias estrafalarias
para su cumplimiento. Además, es un secreto a voces que
la ley de hidrocarburos será modificada. Finalmente,
como hemos podido ver, YPFB estará muy ocupado
rehabilitando sus antiguas estaciones de servicio (La
Razón, “Las Inversiones de YPFB”, 31 de enero, 2008).
En rápida síntesis, deberíamos estar produciendo 57
Mm3/D o por lo menos 48 Mm3/D y no los 40 Mm3/D que está
programado. Estamos incumpliendo a los dos lados, Brasil
y Argentina.
Por estas razones, nuestro gobierno ha destacado
misiones para preparar la celebración de una reunión a
nivel presidencial, para acordar la distribución de la
producción boliviana de gas.
¿Estará dispuesto Brasil a recibir menos gas, cuando
tiene una ciudad, Cuiabá sin electricidad de su
termoeléctrica que utilizaba gas boliviano? Por otro
lado, Brasil desde hace varios años, ha estado
temerosamente esperando un año como el 2008, que será de
poca precipitación pluvial en el Norte y el Noreste de
su territorio.
Por otro lado, por contrato, Argentina debería estar
recibiendo de 7.7 Mm3/D hasta 16 Mm3/D. ¿Cuánto puede
aguantar, si todo el año pasado YPFB no pudo enviarle
los 7.7 Mm3/D pactados?
La solución será política. Como todos sabemos, la
política es el arte de lo posible para un momento dado.
Las ventas internacionales de gas son compromisos a
largo plazo, amparados por sendos contratos. Estos
convenios, son intrincados documentos legales que prevén
sanciones por incumplimientos. Los plazos y tolerancias
que se acuerden a nivel político, tendrán que ser
incorporados a los respectivos contratos. Labor delicada
y de cuidado, y al final del camino, habremos dado una
imagen de gran desconfianza. Pero ojo, si los arreglos a
nivel político no se cumplen, sus efectos serán
desastrosos, porque habremos perdido total credibilidad
y confianza.
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