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Ing. Carlos Miranda |
Desde 1997, la ciudadanía era
informada anualmente por YPFB sobre la cantidad de
reservas de gas y petróleo con las que contaba el país.
En esta forma, y ante gran satisfacción general, se nos
comunicaba de un ascenso vertiginoso de reservas desde
5.7 trillones (TCF) de gas entre probadas y probables
(3,8 probadas y 1,9 probables) hasta 48,7 (26,7
probadas, 22 probables) el 2005, y de petróleo de 200 a
856,6 millones de barriles. Esos datos no solo eran
aceptados internamente con gran beneplácito, sino
también por toda la comunidad internacional, con gran
expectativa. Eran datos certificados por una de las
compañías especializadas en la materia, de gran renombre
internacional, que había sido seleccionada mediante una
licitación internacional. De ahí que nos pavoneábamos
de ser una “potencia gasífera” y contar con las segundas
reservas de gas en Latino América.
De repente, sin
anestesia, la semana pasada se nos informa primero que
los datos habían sido inflados. Días después, que más
bien por el contrario, que la compañía estaba reportando
cifras menores a las acostumbradas en hasta 8 a 10 TCF.
Ni una palabra sobre las reservas de petróleo, y que se
estaba rescindiendo el contrato con la compañía
certificadora contratada.
¿Qué está pasando?
Pero primero, qué significan esos 8 a 10 TCF que se
están esfumando o desapareciendo. Para mejor
comprensión, lo siguiente. El contrato que tenemos
vigente con Brasil, con volúmenes contratados de 1.059
millones de pies cúbicos por día (MMCFD) hasta el 2019,
requerirá 7,2 TCF. Más aún, si tomamos nuestro consumo
interno actual de 165 MMPCD, los 10 TCF alcanzan para
166 años! No es un poco más o menos de gas. Es una
cantidad enorme. Pero sigamos. Todos estamos
informados, también por YPFB, que para descubrir los
48,7 TCF de reservas, que creíamos tener, se han
invertido algo más de 3.000 millones de dólares, o sea
62 millones por TCF. Entonces, descubrir otros 10 TCF
que reemplacen los que están en duda, requeriría una
inversión de 620 millones de dólares, asumiendo que se
tiene la suerte que han tenido los actores o compañías
que estaban presentes, de las cuales no se sabe si se
quedarán. Y sigamos hablando de plata. Los 10 TCF que
se están queriendo “hacer gas”, a un precio realista de
venta de $US 3.-/MPC, significarían solamente Treinta
Mil Millones de Dólares de ingreso bruto. ¡No es agua
de mote!
El calcular las
reservas de hidrocarburos en los campos petroleros, no
es ninguna ciencia oculta. En todo el mundo, cuando se
descubre un campo, lo primero que se hace es calcular
sus reservas para ver si es comercial. ¡Elemental
Watson! Toda compañía petrolera que se respeta a sí
misma, lo hace. En el país, desde 1970, la Dirección de
Hidrocarburos instruyó a YPFB que reporte las reservas
de petróleo y gas cada año y lo ha estado haciendo.
Sólo se requiere un puñado de ingenieros y geólogos
calificados que se dediquen a la materia. Con los
adelantos en computación, esa labor se ha facilitado
enormemente. Lo que sucede es que para acceder a
financiamientos, la comunidad financiera exige, con
razón, que sean certificadas por una empresa
especializada. Al igual que todo banco exige a un
prestatario el presentar sus estados financieros
certificados por un auditor independiente.
Como desde 1997, varias
compañías descubren y explotan gas, el número de campos
ha crecido, siendo YPFB el que supervisa se optó, por
transparencia, el recurrir a la certificación por una
compañía especializada. YPFB recolectaba y recolecta la
información que las compañías operadoras están obligadas
a suministrar y esa es entregada a la certificadora para
que emita su informe. Pero YPFB no es un simple
mensajero. Primero, tiene la obligación de revisar la
consistencia de los datos y segundo, lo más importante,
revisar el informe en borrador de la compañía
certificadora, antes de dar su aval y publicar las
cifras. Ese procedimiento está en vigencia, los
primeros meses de este año, YPFB sabía si se habían
“inflado” o “disminuido las cifras”. Comienzo
espectacular, pero nada agradable del YPFB flamantemente
refundado.
Todos tenemos el
derecho de saber qué ha sucedido, o qué está sucediendo
con las reservas de gas. ¿Y las de petróleo? Zas!
Tenemos un problema muy serio entre manos. El futuro
económico y social del país está fincado en los
volúmenes de reservas de hidrocarburos y el
aprovechamiento de los mismos, para ello, debemos estar
seguros con qué volúmenes de gas y petróleo contamos.
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