Asimilando experiencias     

 

Agosto de 2006     

 

Ing. Carlos Miranda

Esta es la tercera vez que nacionalizamos los hidrocarburos. Casi cada treinta años, no vacilamos en tomar las medidas nacionalizadoras, depositando las esperanzas que con el manejo a través del Estado, lograremos obtener todos los beneficios de esos preciosos recursos naturales que nos permitan esperar días mejores.


Examinando nuestras experiencias de las dos primeras nacionalizaciones, podemos ver que hemos salido airosos fundamentalmente por la coincidencia de dos factores: acontecimientos de la coyuntura internacional, sobre los cuales no tenemos ningún control y el desempeño de YPFB. Los cínicos probablemente podrían decir: suerte afuera y suerte adentro. Recordemos.


La primera nacionalización tuvo lugar un par de años antes del inicio de la II Guerra Mundial. Los reclamos de Standard Oil pusieron al país en cuarentena internacional, pero esa fue desarticulada frente a la necesidad de los minerales bolivianos. Los reclamos desaparecieron con el pago disimulado de una indemnización calificada piadosamente como “compra de estudios” por $US 1.7 millones. Por su lado el naciente YPFB tuvo un comportamiento ejemplar y creciente hasta obtener su mayor éxito al lograr el autoabastecimiento del país, sentando así la imagen de la industria estatal emblemática, que todavía perdura en la conciencia nacional colectiva.


La nacionalización de Gulf casi coincidió con el inicio de la primera escalada de precios del petróleo, que después se volvió espectacular con el bloqueo árabe de los 70's. Estos aumentos de precios pudieron ser aprovechados por el país gracias a la solvencia técnica de YPFB, que restituyó rápidamente los volúmenes de producción de los campos nacionalizados. Brevemente, la indemnización y crédito por el gasoducto que se había planeado pagar en 25 años con la exportación de esos campos, fue posible a los 9 por la subida de precios. En resumen, los árabes e YPFB solucionaron los problemas mayores de la nacionalización.


Con esa tradición y estando el país con leyes de hidrocarburos (1972 y 1990) que le asignaban a YPFB un monopolio muy similar al de la ley actual, el ente estatal se convirtió en la principal empresa del país. Lamentablemente, la empresa emblemática de los años previos cayó presa de la filosofía de “lo que es bueno para YPFB, necesariamente es bueno para el país. Si alguna disposición legal nos contradice, se tendrá que cambiarla”. Sintiéndose por encima de la ley, llegó a tener más de 8.000 empleados, con casi 18 sueldos por año, y otros excesos, convirtiéndose en el mejor botín político.


¿Y ahora, en la tercera nacionalización, cómo estamos?  Las condiciones internacionales están inmejorables con los mejores precios del petróleo y el gas que se hayan conocido.  Sentados sobre varios trillones de pies cúbicos de gas, que es el combustible del Siglo XXI, y rodeados de vecinos sedientos de energía.  Solo falta que  YPFB cumpla como en el pasado.  Ha retomado el mayoreo sin mayores dificultades, pero de repente se halla en una confrontación con la Superintendencia de Hidrocarburos.
La Superintendencia, al examinar una solicitud de exportación de petróleo por una empresa privada, toma conocimiento de que la empresa es una intermediaria que compra el petróleo a YPFB, lo vende a una refinería brasilera y paga a YPFB en dinero y con diesel obtenido del petróleo que le fue vendido.


La Superintendencia niega el permiso de exportación aduciendo que el Decreto de nacionalización encomienda a YPFB hacerse cargo de toda la comercialización y no a terceros.  También objeta que la internación de diesel, como parte del pago, no está amparada por los trámites que cualquier persona debe realizar si desea importar ese combustible.  Y más aún, al examinar el contrato de venta de crudo, concluye que los precios están bajos, lo cual podría significar un daño económico al Estado de llevarse a cabo la operación y finalmente envía copias de los papeles a conocimiento del Ministerio Público.


La reacción airada de YPFB y la acusación de técnicos de la Superintendencia, que se les ha tratado de forzar a retractarse, le han dado al incidente característica de escándalo.


El esclarecimiento ha sido encomendado a labores de auditoria de YPFB y la Superintendencia, pero una cosa es clara, la Superintendencia en cumplimiento de la ley, que es su función, no podía otorgar ese permiso de exportación de petróleo.


También cumpliendo con la ley, la empresa intermediaria tenía el derecho a pedir que la Superintendencia revoque su decisión, si se le negaba podía apelar a la Superintendencia General y en última instancia a la Corte Suprema de Justicia.

 
 

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