 |
|
Ing. Carlos Miranda |
La puesta en escena el día de la promulgación del
Decreto de Nacionalización de los hidrocarburos ha sido
realmente espectacular. Las imágenes de altas
autoridades portando cascos de trabajo, acompañados por
efectivos de las Fuerzas Armadas, vestidos con trajes de
combate y portando armas de guerra, todos ellos ocupando
campos y otras instalaciones petroleras en el país,
dieron varias vueltas al planeta. El mensaje fue
contundente. El gobierno boliviano había tomado control
de la industria petrolera en su país. Fue tan
contundente, que ciudadanos cariocas reclamaron a su
gobierno la defensa armada de las instalaciones de su
amado Petrobrás, ocupadas por el ejército boliviano.
Hasta hace unas semanas, muchos bolivianos también han
debido pensar que el Estado tomó control de las
instalaciones petroleras en el país. Se le estaba
cumpliendo la promesa electoral de nacionalizar los
hidrocarburos.
Pero la realidad es
otra. Ese 1ro. de Mayo, nadie ocupó nada. La industria
continuó y continúa funcionando igual que antes, con la
misma gente, pagada por las mismas compañías y todos
trabajando normalmente. Nada que ver con el 17 de
octubre de 1969, cuando las instalaciones de Bolivian
Gulf fueron tomadas, ocupadas y operadas por un
contingente de profesionales de YPFB altamente
calificados, que mantuvieron la industria operando
normalmente. Se lo hizo sin fanfarria, ni televisión y
muy pocos fotógrafos para registros históricos del
hecho. No obstante que inmediatamente las exportaciones
de petróleo fueron bloqueadas hasta que se arribó a una
solución indemnizatoria con la empresa nacionalizada, en
ningún momento, hasta hace un par de semanas, YPFB
requirió ayuda financiera del gobierno y menos del Banco
Central de Bolivia.
La admisión pública por
el gobierno e YPFB que para “participar en toda la
cadena productiva” y ejercer el “control total y
absoluto” de la industria, el ente estatal precisa 180
millones de dólares, ha dejado estupefacto al grueso de
la gente que pensaba que con la nacionalización se
evitaba que las empresas petroleras continúen
“saqueando” el país.
Al mismo tiempo, las
agencias de noticias que habían propalado la ocupación
de las instalaciones petroleras difundieron con igual
eficiencia la noticia que el Estado boliviano no podía
ejercer control por falta de fondos. La noticia se
prestó a muchas interpretaciones, pero mayormente
recibió el dictamen que por lo visto los bolivianos no
sabían a lo que se habían metido.
El gobierno (YPFB) ha
publicado una especie de aclaración y una lista del
destino de los $US 180 millones.
La cuenta adjunta a la
confusa explicación parece la del Gran Capitán, en la
cual para llegar a los 180 millones incluye una partida
de 57 millones para pagos varios! Más adelante indica
que si bien son 180 millones, solo precisa 90 porque ya
tiene 90. ¡Extraordinario! Parece que como el Mercado
Camacho está al frente del edificio de YPFB, el sistema
de hacer negocios del mercado se ha traspasado a YPFB.
¡Quién no ha escuchado en ese mercado este tipo de
ofertas: “Comprame caballero, vale 20 pero te lo doy en
10”!
Pero de la mala
explicación sale la verdad. El petróleo y gas que se
producen pagan regalías, impuestos y contribuciones por
mes anticipado. Esos hidrocarburos son trasladados al
mercado por las compañías de transporte a las cuales se
les debe pagar por el servicio, generalmente a los 15
días después de transcurrido el mes. Los hidrocarburos
son entregados a los compradores, que por lo general
tienen 30 a 45 días para pagar la factura. Una vez
cerrado el círculo, quedará para las empresas algo menos
del 50% y en otra cerca pero menos de 18%. YPFB aduce
que necesita $US 180 millones para hacer esos pagos,
“recuperar” la producción a boca de pozo y ejercer
“control total y absoluto sobre la producción”.
De cándida a patética
pasa la admisión que después de tres meses de
nacionalizar, recién se den cuenta cómo había sido el
negocio de comercializar la producción. Esa admisión se
vuelve casi grotesca cuando se nos detalla el destino de
los 180 millones supuestamente necesarios.
Un comentario -
pregunta. ¿Asumiendo que los 180 millones son
necesarios y que como se admite se tiene 90 para
controlar un negocio en el cual la producción es segura
(al menos mientras sigan los que están), el transporte
también y los compradores son serios, reunir los 90
restantes, no sería un problema elemental de
financiamiento que puede solucionar cualquier
economista, financista o administrador de empresas? Si
no confían en los nacionales que pueden tener el estigma
de “neoliberales”, estoy seguro que un par de
profesionales noruegos solucionarían el problema en dos
por tres. No en vano en la industria a los petroleros
noruegos se los conoce como los “árabes de ojos azules”.
Comentario final que
nos debe preocupar a todos, porque la nacionalización es
un hecho político irreversible, cuyos beneficios y/o
dificultades dependen del desempeño de YPFB. Todo lo
anterior está mostrando que el ente estatal está escaso
de personal experimentado y conocedor de la industria.
Pero ojo. Lo anterior no debería ser utilizado para
llenarse de personal. La cantidad no produce
necesariamente calidad. YPFB tenía ± 600 empleados
antes de la Ley 3058. A fines del 2005 llegó a 1.000.
¿Cuántos tendrá ahora?
|