¿Gas por mar, ya no va?     

 

Septiembre de 2006     

 

Ing. Carlos Miranda

Estimado lector, con su perdón, va a leer verdades que son casi de Perogrullo: Primero, que el gas natural es el combustible fósil del Siglo XXI, que a mediados de este siglo será más importante que el petróleo, que servirá de combustible de transición al hidrógeno y que el mundo tiene al presente reservas de gas probadas para el consumo de los próximos 60 años, tiempo suficiente para que se transite con confianza el camino antes delineado. Segundo, que el potencial de producción de gas en Bolivia recién estaba siendo desarrollado (uso el verbo estar en tiempo pasado porque desde hace 3 años la exploración en el país se ha detenido). El área donde se tiene producción, a duras penas alcanza a un 20% del área potencialmente productora y en ella se han descubierto grandes reservas de gas, que no obstante el inexplicable silencio de YPFB sobre la cantidad exacta, deben seguir siendo de tal magnitud que sin titubear estamos dispuestos prácticamente a duplicar los volúmenes que van al Brasil, esta vez a la Argentina. Por consiguiente, es razonable esperar que en el subsuelo tengamos muchísimo más gas. Si mal no me equivoco, amigos colegas tarijeños ya han formado el Club de los 100 TCF's, al cual me adhiero.  Tercero y último: Todo lo que sigue se aplica al norte de Chile. Ese país ha resuelto su problema de abastecimiento de gas en el resto de su territorio con la importación de LNG de ultramar.


Las informaciones de La Tercera de Santiago, atribuidas a declaraciones  del Presidente Morales y las del Canciller Choquehuanca, indicando que la política de Gas por Mar está siendo dejada de lado, más las declaraciones de satisfacción de la Presidente Bachelet por este giro, son de fundamental importancia para el futuro de la industria petrolera nacional.


Como soy un eterno optimista sobre el futuro de la industria petrolera nacional, abrigo la esperanza que el giro de nuestro relacionamiento energético con Chile, antes mencionado, sea el inicio de una gran política petrolera acorde con nuestros recursos actuales y futuros, y nuestra posición geográfica.


Gas por Mar, estridentemente enunciada como “ni una molécula de gas boliviano a Chile”, ha sido un garrafal error de cálculo. Hemos tenido tan mal gusto que inclusive comisiones bolivianas han viajado a la Argentina para cerciorarse que ninguna “molécula” se equivoque de camino. Que dicho sea de paso era una exigencia sin sentido y en el mejor de los casos el gas boliviano reemplazaba a gas argentino que era exportado a Chile.


Evidentemente, Chile está desesperado por gas, pero no solo por gas boliviano, por cualquier gas y hay muchos otros proveedores en el mundo.


Chile, con las fallas argentinas de abastecimiento y el condicionamiento boliviano, discretamente empezó a buscar un arreglo de importación de gas de Camisea, para el norte de su territorio. Al tomar conocimiento de esas tratativas, Argentina impulsó un proyecto mayor, llamado Anillo Energético, que bajo el manto de la integración está diseñado para que la producción de Camisea, en el Perú, sirva a los mercados del Cono Sur.  Hasta ahí, todo parece inocente. Lo grave, y razón para las discretas tratativas chileno-peruanas iniciales, es que el primer paso sería la construcción de un gasoducto de Pisco a Tocopilla.  Es decir, ligando la producción peruana con el mercado del norte chileno, justamente atravesando de norte a sur el área por la cual (“Las Cautivas”) Bolivia podía obtener un corredor de oeste a este. En palabras más sencillas, ese proyectado gasoducto peruano-chileno, añadiría una complejidad enorme a cualquier negociación para un corredor de salida al mar, al norte de Arica, y prácticamente eliminaría la posibilidad de presencia boliviana de gas en el Pacífico. Más sencillo aún, un acuerdo para poner gas peruano al norte chileno, en nuestro imaginario popular sería asimilado como: “el que nos puso el candado al Pacífico y el dueño de la llave hubieran decidido echarla al mar”.


Los cambios de gobierno en Bolivia, Chile y Perú han dejado el Anillo en suspenso, pero no lo han descartado.  Más aún, el gasoducto Pisco-Tocopilla podría tranquilamente ser resultado de un acuerdo bilateral previo o paralelo al Anillo.


Por lo anterior, si el propuesto viraje a la política de gas por mar es una medida para evitar el posible naufragio de los hidrocarburos bolivianos en el Pacífico, santo y bueno. Pero no lo suficiente. Debería ser parte de una política para lograr nuevos mercados de gas en ultramar y así no resignarse a ser cautivos de los mercados de Argentina y Brasil. No olvidemos que nuestras reservas de gas pueden ser muchísimo mayores que las actuales y más aún, los hidrocarburos bolivianos pueden servir para montar una gran zona industrial para beneficio de Bolivia, Chile y Perú. Cambiar la política de gas por mar no es fácil, pero si se intenta hacerlo, los actuales gobernantes serían los más indicados. Al fin y al cabo, han llegado al poder con el 54% del voto ciudadano y ese porcentaje incluía la mayor parte del 55% que votó en el Referéndum condicionando gas por mar. Finalmente, como diría un escéptico amigo, si el cambio de política con Chile no es tal, sino meras declaraciones circunstanciales, el efecto será peor porque nuevamente se pone en el tapete “Gas por Mar”, tema que las cancillerías han estado tratando de dejar a un lado, como quien barre el polvo bajo la alfombra.  

 

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