Apuestas perdidas     

 

Octubre de 2006     

 

Ing. Carlos Miranda

Europa ha visto con simpatía el proceso de cambio en nuestro país, iniciado con la victoria electoral del MAS.  El viaje del presidente todavía no posesionado, vestido muy informalmente con las imágenes difundidas del primer mandatario indio de Sud América, estrechando la mano del Rey de España, ganaron la simpatía general.  No arquee las cejas mi querido lector.  Los europeos nos bautizaron de indios hace más de 500 años, porque  Cristóbal Colón creyó que había llegado a la India.  Por otro lado, para comprender el grado de simpatía provocado, se debe tomar en cuenta que en Europa la realeza todavía tiene un fuerte significado en la sociedad y la vida de los estados.

Esa simpatía ha sido fuertemente impactada  negativamente por las imágenes que la televisión ha transmitido mundialmente de ese gobernante indio, rodeado de militares armados y con uniformes de combate, supuestamente tomando el control de las instalaciones petroleras el pasado 1° de Mayo.  También se debe tener en cuenta que Europa colonial del Siglo XX se campeaba en el África y que gracias a la televisión ha visto innumerables imágenes de grupos tribales fuerte y modernamente armados cometiendo atrocidades, en las instalaciones de compañías europeas.  El europeo bien informado sabe que importantes compañías petroleras de esa región, como British Gas, British Petroleum, Repsol y Total están trabajando en Bolivia y que la dureza del impacto de la nacionalización será recién conocida a fines de Octubre, cuando hayan firmado o rechazado los nuevos contratos que ofrece el gobierno.  Se puede decir que el “efecto chompa”, tan simpático el año pasado, se ha disipado y Europa está tensa y sensibilizada esperando el desenlace de Octubre.

El gobierno al fijar 180 días de plazo para firmar contratos que sustituyan a los de riesgo compartido existentes con todas las compañías petroleras operando en el país, sin decirlo, estaba indicando que antes de ese plazo se había suscrito un nuevo contrato con Petrobrás, y que éste marcaría el modelo que se aplicaría a las otras compañías.  Si bien todas las compañías petroleras han firmado el mismo tipo de contrato y todas ellas, con la honrosa excepción de una pequeña compañía nacional, son empresas petroleras transnacionales de diferentes magnitudes, pero en la misma clase o categoría.  Pero también en ese selecto y poderoso grupo existe una que tiene otros atributos.  Petrobrás, compañía petrolera estatal y del país vecino más grande que tenemos, que no rodea con más de 3000 km. de frontera y muchísimos otros intereses comunes además del petróleo.

El gobierno parecía estar consciente de esa gran complicación, razón por la cual al inicio del período de negociación anunciaba un “trato especial” para Petrobrás.  Lo extraordinario es que a medida que transcurrieron los 180 días en lugar de entablarse negociaciones, el “trato especial” se fue manifestando en declaraciones y hasta casi acusaciones contra Petrobrás, generando un clima de hostilidad y resentimiento aún mayor que el que se creó con las otras empresas.

En una actitud negociadora muy especial, se añadió al tema de los contratos de exploración y explotación, la transferencia de las refinerías y finalmente nuevos precios del gas de exportación.  Cuando se empezaron a complicar las cosas, el entonces  Ministro de Energía, en gran parte responsable de las complicaciones por actitudes que evocaban su pasado en la década de los 70, cuando se oponía a la venta de gas al Brasil, anunció como estrategia que lo que no se pueda arreglar con Petrobrás se lo podía hacer a nivel político con el Presidente Lula; no obstante variadas declaraciones y manifestaciones del gobierno brasileño, indicando que los problemas con Petrobrás se los resolvía con Petrobrás, rehusando entender que Petrobrás es una transnacional que cotiza en las bolsa internacionales, para cuyo efecto sería muy perjudicial que definiciones de precios de Petrobrás las tome el gobierno brasileño.  Como acá siempre tenemos la razón, se hizo caso omiso y se difirió la negociación con Petrobrás para después de las elecciones en Brasil, apostando que Lula ganaría en la primera vuelta antes del fatídico 29 de Octubre.

Con esa estrategia se está negociando con las otras empresas, que como buenas negociadoras no definirán hasta que no se conozca cómo se definió con Petrobrás.  Todo debía estar definido con Lula como flamante presidente, contratos con Petrobrás, con las otras empresas y nuevos precios de exportación de gas.

La apuesta falló y lo triste es que el trato de Brasil con Bolivia ha sido inscrito en un campeonato de la segunda vuelta brasileña de quién pueda ser más duro con Bolivia, Lula acusado de muy suave o Alckly su acusador.

Como se puede ver, el plazo de 180 días ha resultado muy corto y tendrá que extenderse.


 

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