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Ing. Carlos Miranda |
Europa ha visto con simpatía el proceso de cambio en
nuestro país, iniciado con la victoria electoral del
MAS. El viaje del presidente todavía no posesionado,
vestido muy informalmente con las imágenes difundidas
del primer mandatario indio de Sud América, estrechando
la mano del Rey de España, ganaron la simpatía general.
No arquee las cejas mi querido lector. Los europeos nos
bautizaron de indios hace más de 500 años, porque
Cristóbal Colón creyó que había llegado a la India. Por
otro lado, para comprender el grado de simpatía
provocado, se debe tomar en cuenta que en Europa la
realeza todavía tiene un fuerte significado en la
sociedad y la vida de los estados.
Esa simpatía ha sido fuertemente impactada
negativamente por las imágenes que la televisión ha
transmitido mundialmente de ese gobernante indio,
rodeado de militares armados y con uniformes de combate,
supuestamente tomando el control de las instalaciones
petroleras el pasado 1° de Mayo. También se debe tener
en cuenta que Europa colonial del Siglo XX se campeaba
en el África y que gracias a la televisión ha visto
innumerables imágenes de grupos tribales fuerte y
modernamente armados cometiendo atrocidades, en las
instalaciones de compañías europeas. El europeo bien
informado sabe que importantes compañías petroleras de
esa región, como British Gas, British Petroleum, Repsol
y Total están trabajando en Bolivia y que la dureza del
impacto de la nacionalización será recién conocida a
fines de Octubre, cuando hayan firmado o rechazado los
nuevos contratos que ofrece el gobierno. Se puede decir
que el “efecto chompa”, tan simpático el año pasado, se
ha disipado y Europa está tensa y sensibilizada
esperando el desenlace de Octubre.
El gobierno al fijar 180 días de plazo para firmar
contratos que sustituyan a los de riesgo compartido
existentes con todas las compañías petroleras operando
en el país, sin decirlo, estaba indicando que antes de
ese plazo se había suscrito un nuevo contrato con
Petrobrás, y que éste marcaría el modelo que se
aplicaría a las otras compañías. Si bien todas las
compañías petroleras han firmado el mismo tipo de
contrato y todas ellas, con la honrosa excepción de una
pequeña compañía nacional, son empresas petroleras
transnacionales de diferentes magnitudes, pero en la
misma clase o categoría. Pero también en ese selecto y
poderoso grupo existe una que tiene otros atributos.
Petrobrás, compañía petrolera estatal y del país vecino
más grande que tenemos, que no rodea con más de 3000 km.
de frontera y muchísimos otros intereses comunes además
del petróleo.
El gobierno parecía estar consciente de esa gran
complicación, razón por la cual al inicio del período de
negociación anunciaba un “trato especial” para
Petrobrás. Lo extraordinario es que a medida que
transcurrieron los 180 días en lugar de entablarse
negociaciones, el “trato especial” se fue manifestando
en declaraciones y hasta casi acusaciones contra
Petrobrás, generando un clima de hostilidad y
resentimiento aún mayor que el que se creó con las otras
empresas.
En una actitud negociadora muy especial, se añadió al
tema de los contratos de exploración y explotación, la
transferencia de las refinerías y finalmente nuevos
precios del gas de exportación. Cuando se empezaron a
complicar las cosas, el entonces Ministro de Energía,
en gran parte responsable de las complicaciones por
actitudes que evocaban su pasado en la década de los 70,
cuando se oponía a la venta de gas al Brasil, anunció
como estrategia que lo que no se pueda arreglar con
Petrobrás se lo podía hacer a nivel político con el
Presidente Lula; no obstante variadas declaraciones y
manifestaciones del gobierno brasileño, indicando que
los problemas con Petrobrás se los resolvía con
Petrobrás, rehusando entender que Petrobrás es una
transnacional que cotiza en las bolsa internacionales,
para cuyo efecto sería muy perjudicial que definiciones
de precios de Petrobrás las tome el gobierno brasileño.
Como acá siempre tenemos la razón, se hizo caso omiso y
se difirió la negociación con Petrobrás para después de
las elecciones en Brasil, apostando que Lula ganaría en
la primera vuelta antes del fatídico 29 de Octubre.
Con esa estrategia se está negociando con las otras
empresas, que como buenas negociadoras no definirán
hasta que no se conozca cómo se definió con Petrobrás.
Todo debía estar definido con Lula como flamante
presidente, contratos con Petrobrás, con las otras
empresas y nuevos precios de exportación de gas.
La apuesta falló y lo triste es que el trato de Brasil
con Bolivia ha sido inscrito en un campeonato de la
segunda vuelta brasileña de quién pueda ser más duro con
Bolivia, Lula acusado de muy suave o Alckly su acusador.
Como se puede ver, el plazo de 180 días ha resultado muy
corto y tendrá que extenderse.
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