¿Y la industrialización del gas?     

 

05/12/2005     

 

Ing. Carlos Miranda

Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco

 

Un poco más de dos años atrás, se desencadenó la denominada “Guerra del Gas”. En esa lamentable confrontación nacional, el grito de guerra adoptado por todos los manifestantes en una especie de esperanto insurreccional fue: “Gas, industrializar no exportar”. El gobierno que se hizo cargo del país después de esa guerra, adoptó fervorosa y elocuentemente el lema de industrializar primero, antes que exportar.

 

¿Qué ha pasado desde entonces? La exportación al Brasil continuó imperturbada y en forma creciente. A octubre del 2003 exportábamos al Brasil cerca de 18 millones de metros cúbicos por día (MMm3/d), ahora estamos por 26 MMm3/d, tratando de llegar a los ansiados 30 MMm3/d que prevee el contrato suscrito con ese país. El 2004 el gobierno comenzó el largo y controvertido camino para adoptar una nueva Ley de Hidrocarburos.

 

En medio de ese proceso se inició la exportación de gas a la Argentina con 4 MMm3/d, vendidos a un precio de “gallina muerta”, que incluso fue objeto de una rebaja adicional de 70 centavos por millar de metros cúbicos, en un gesto imperial de generosidad y solidaridad a la Argentina, que desde entonces tiene déficits de producción para su consumo interno y compromisos de exportación a Chile.

 

Las tibias oposiciones a esa operación fueron olímpicamente acalladas con el condicionamiento que de ese gas exportado, “ni una molécula para Chile”. Con precios mejorados, acercándose a los que nos paga el Brasil, la exportación a la Argentina fue incrementada primero a 6 MMm3/d y después a los actuales 7.2 MMm3/d hasta fines del 2006. Parecería que el tema de la industrialización previa a la exportación, quedó en el olvido. Los profusos pronunciamientos y declaraciones conmemorando la Guerra del Gas, ninguno recuerda el tema de la industrialización del gas.

 

Todos hacen hincapié en las lamentables muertes y su castigo, pero nadie hace mención en pos de qué, supuestamente, murieron tantos de nuestros ciudadanos. No obstante, lo anterior no es así. La industrialización del gas está expresamente contemplada en la Ley 3058 que se promulgó en mayo pasado. Como principio se establece que la industrialización debe ser llevada a cabo por YPFB, sola o asociada con inversores privados.

 

En la parte pertinente de la ley, se establecen una serie de disposiciones que se cree harían atractiva esa actividad, excepciones arancelarias, vacación tributaria, rebajas en las tarifas de transporte, etc. En síntesis, ofreciendo un paraíso fiscal a los futuros inversores.

 

Todas esas disposiciones señalan una conmovedora muestra de ingenuidad o una imperdonable ignorancia sobre la materia. Los legisladores no parecen haber caído en cuenta que los atractivos artículos sobre industrialización en la ley, son solo una parte de ella.

 

La ley es todo un conjunto que presenta serias indeterminancias sobre la futura producción de gas. Es tan fuerte esa sensación de inseguridad que, recogida en el exterior, sumada a la agitación en la vida política del país, han sido los principales argumentos en la formulación del Anillo Energético, por Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, que buscan sustituir la producción boliviana con la de Camisea en el Perú. Reflexionemos un poco. La industrialización del gas -la petroquímica- en realidad es la industrialización de los licuables que ese gas contiene. El gas sin esos licuables, sigue siendo un energético. La materia prima, son esas fracciones de licuables (3% a 5%) del gas que producimos.

 

Para poder instalar plantas petroquímicas, necesitamos suficiente materia prima que soporte el funcionamiento ininterrumpido y seguro por largo tiempo, en plantas de más de 500.000 toneladas/año. Para eso, por un solo punto, el más cercano al mercado, deben estar pasando por lo menos 34 MMm3. de gas, de los cuales se extraerían los licuables. Eso requiere la seguridad que la producción sea estable y segura. No teniendo esa situación claramente establecida, no se tiene la seguridad de contar con la materia prima necesaria.

 

Disposiciones favorables a la industrialización no significan nada si la producción de gas no es garantizada por unos veinte años. Esa es la realidad. Con su perdón, señor lector, usaré una simple analogía. No se puede atraer y garantizar la producción de mantequilla, si no se tienen las vacas que producirán la leche de la cual se extraerá la crema para elaborar la mantequilla. Evidentemente, algunos autores nacionales propugnan industrializar el gas directamente, sin necesidad de extraer los licuables como materia prima.

 

Es posible. En dos lugares del mundo se están montando plantas para convertir el gas en líquidos directamente, dejando a un lado los licuables. Pero al igual que con la petroquímica, las inversiones son cuantiosas y los dos procesos, petroquímica y conversión de gas a líquidos, requieren la seguridad de contar con la producción de gas totalmente garantizada en volumen y continuidad.

 

Volvemos a lo mismo. Muchas cosas se pueden hacer con la leche, pero para todo ello se necesita tener las vacas, saludablemente produciendo esa leche sin interrupciones.
 

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