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Ing. Carlos Miranda |
Para todos es evidente que la suscripción del contrato
de venta de gas con la Argentina entre YPFB y ENARSA
por 27 millones m3 por 20 años ha sido uno de los
elementos fundamentales para lograr que el gobierno y
las empresas petroleras lleguen a los entendimientos
necesarios para firmar nuevos contratos a largo plazo
que a la fecha están en aprobación del legislativo. El
“timing” fue perfecto. Faltando diez días para el fin de
los 180 fijados por el D.S. de nacionalización para la
conversión de los contratos con las petroleras, apareció
el contrato de venta de gas. El clima cambió en las
mesas de negociaciones entre gobierno y petroleras,
introduciendo un elemento que ninguna de las partes
podía dejar de considerar seriamente: La posibilidad de
lograr substanciales ingresos en los próximos años.
Para el gobierno el
contrato le proporciona el discurso ideal. Al presente
deleitar y deleitarse con la danza de los miles de
millones de dólares de ingresos fiscales a convertirse
en realidad después del 2010.
En esa forma estarían
legitimado el discurso para buscar la reelección,
mejorando los mecanismos que la Constituyente debe
producir para ese fin. El detalle importante era que sin
contar con el acuerdo con las petroleras hubiera sido
muy difícil contar con los volúmenes a las fechas que se
comprometen en los contratos. Pero ese detalle solo
enerva a los talibanes, los cuales estaban esperando la
sólida presencia de PDVSA en lugar de las abominables
transnacionales, hecho que no se dio. Para mayor
amargura, tan solo la presencia de un bufete de abogados
norteamericanos que había asesorado a PDVSA en sus
transformaciones de contratos petroleros en Venezuela,
haciendo lo mismo ahora en Bolivia.
Para las petroleras el
tener un mercado adicional de casi las mismas magnitudes
que el brasileño que les permita monetizar reservas ya
descubiertas, con muy pocas inversiones en exploración,
y esta vez vender sin estar supeditados a Petrobrás,
era también una oferta difícil de rechazar.
Por si lo anterior no
fuera suficiente, el éxito en las negociaciones con las
petroleras podía servir del mejor bálsamo al gobierno
para restañar sus heridas de su mal manejo del problema
de Huanuni y sobretodo levantar la imagen del primer
mandatario que estaba en franca caída. Gran resumen,
todo aconsejaba a las partes suavizar sus demandas y
exigencias con miras a llegar a un arreglo. Y así ha
sucedido para alivio y satisfacción de la mayoría.
Pero no solo don Evo
Morales fue auxiliado por el Sr. Kirchner. El efecto fue
de ida y vuelta. La firma del contrato de venta y la
gran seguridad de su cumplimiento en el abastecimiento
boliviano que proporciona la firma de los contratos con
las petroleras, le sirve políticamente en gran forma al
mandatario argentino.
El gobierno argentino
al congelar precios y tarifas de gas desde el 2003, está
en gran pulseta con las petroleras que operan en ese
país. Las empresas han dejado de explorar y perforar por
gas. Las reservas argentinas están disminuyendo
alarmantemente porque por el congelamiento de precios el
consumo crece aceleradamente. Mas aún, la producción
también está declinando al punto tal que ya no abastece
la demanda interna y como factor de ajuste se utiliza
los volúmenes de exportación contratados con Chile.
Frente este panorama el presidente Kirchner puede
mostrar a su opinión pública y a las empresas petroleras
en la Argentina que con el contrato firmado se está
evitando un colapso energético. Vaticinio que con el que
le amenazan las empresa petroleras. Como guinda en la
torta el actor será ENARSA.
Lo interesante y
paradójico es que Argentina, al aceptar un precio base
de $US 5.-/MMBTU, ha provocado la reacción de las
empresas Argentinas que sostienen que si se les reconoce
precios similares en la Argentina, la escasez de gas
desaparecería.
Puede que sea verdad,
pero lo cierto es que las petroleras argentinas están
atrasadas, tienen que descubrir reservas, en cambio en
Bolivia solo nos falta poner en producción reservas
descubiertas.
Sea como fuere, el
contrato de venta de gas a la Argentina ha beneficiado
políticamente a los dos mandatarios y les ha dotado de
un impecable discurso actual y para las próximas
elecciones en ambos países.
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