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Ing. Carlos Miranda |
No arquee las cejas mi querido lector. No estoy
informando que la Delegación Chilena hubiera decidido
marcharse de Cochabamba, de la Segunda Cumbre
Latinoamericana, por la confrontación e intolerancia
internas, Chile hubiera decidido marcharse de
Cochabamba. No. Estoy hablando de energía.
Si los planes
anunciados por las compañías, GasAtacama y Suez
(transportadora de gas de la Argentina al norte de Chile
y dueña de termoeléctricas en esa zona) se cumplen, para
el año 2008 Chile habrá emprendido el camino para llegar
a prescindir del gas regional (Argentino y/o boliviano y
peruano por oleoducto) y abastecerse vía importación de
gas liquificado (LNG).
El proyecto consiste en
construir un puerto para LNG en Mejillones y solamente
una planta regasificadora en tierra firme. El tanquero
con LNG serviría de almacenamiento, del cual se
descargarían las cantidades necesarias, que
regasificadas, atiendan al consumo. Difiere de la
construcción tradicional de una estación de LNG, en la
cual los tanques en tierra son muy costosos y toman un
buen tiempo en construirse. El proyecto de Mejillones
podría estar listo para el 2008 y si se suma al puerto
de recepción de LNG en Quinteros, cerca de Santiago, que
ha iniciado construcciones, para estar listo el 2010, en
esa fecha tendremos a Chile listo a prescindir en
cualquier momento de gas regional. Habría logrado la
“independencia energética”, una gran aspiración chilena
enunciada al inaugurar la construcción de las
instalaciones en Quinteros.
Una necesaria
explicación. Chile es un angosto y largo país, con más
de 5.000 km. de longitud. En esa elongada geografía
tiene dos áreas importantes de consumo energético. Al
norte, la gran zona minera y en el centro, alrededor de
Santiago, con gran consumo industrial, residencial,
vehicular, etc. El 25% de sus necesidades energéticas es
provisto por gas natural, lo que hace que éste sea
imprescindible para la economía chilena.
Esas necesidades eran
promocionadas y adecuadamente atendidas por la
producción argentina, que es su único proveedor, país al
que está ligado por cinco gasoductos. Dos para la zona
central y dos para el norte chileno. El quinto es en
Tierra del Fuego y no forma parte de sus patrones de
consumo de energía.
A partir de 2004, la
producción argentina de gas ha empezado a disminuir y su
demanda interna crece en forma acelerada, al punto tal
que desde hace unos dos años difícilmente abastece su
mercado interno y los cortes a la exportación hacia
Chile cada vez son mayores. Concurrentemente con esas
aflicciones, al pedido de suministro argentino, nuestro
país ha respondido con una largueza imperial con precios
solidarios, pero con la famosa condición que “ni una
molécula de gas boliviano para Chile mientras ese país
no acceda a tratar simultáneamente venta de gas y salida
al mar”. Planteamiento que Chile lo considera
inaceptable.
Pero Argentina y Chile
necesitan gas, al margen de la nacionalidad de las
moléculas. Entre ambos, diligentemente con la ayuda de
otros vecinos, plantearon al Perú el famoso Anillo
Energético. Proyecto que en su primera fase contemplaba
llevar gas de Camisea, en el Perú, al puerto chileno de
Tocopilla y con eso se solucionaba el abastecimiento al
norte chileno. Pero parece que Perú sobre estimó la
necesidad y subestima la creatividad chilenas. Por eso,
cuando el Anillo estaba por ser formalizado, planteo mar
por gas, al exigir una nueva demarcación de fronteras
marítimas. El insólito pedido desplazó el proyecto a los
refrigeradores de las cancillerías, además es
terriblemente conflictivo. Ese gasoducto podía enturbiar
terriblemente las relaciones boliviano-chilenas sobre
ese hipotético corredor con soberanía al norte de Arica.
Chile parece haber
decidido no depender exclusivamente del suministro
regional de gas. La planta de Quinteros cubriría
cualquier déficit de suministro argentino en esa zona y
las instalaciones en Mejillones harían lo mismo para el
norte. Claro que es una solución cara. A Chile ese gas
le costará más de $US 8.-/MMBTU, porque al precio del
producto importado tiene que sumar la amortización de
las inversiones en las instalaciones. Pero como no hay
energía más cara que la que no se tiene y sobre todo si
las FF.AA. chilenas están muy preocupadas por la
seguridad energética nacional, no es ningún problema
recurrir a los cuantiosos fondos de reserva que los
precios del cobre y el zinc están acumulando en Chile.
Eventualmente, ambas plantas podrían ser ampliadas y
cubrir todo el consumo chileno e inclusive en 20 años no
se debe descartar que Chile reexporte LNG gasificado a
la Argentina, revirtiendo los ductos que ligan esos dos
países.
¿Y nosotros? Como de
costumbre, bien gracias.
El tema de energía está
discretamente colocado en el último punto del famoso
Agenda Sin Exclusiones, y el utilizar la palabra “gas”,
es de muy mal gusto. Desde hace un tiempo los
ilusionistas locales nos hablan de suministrar
electricidad a Chile, para así “industrializar” el gas.
Esa última apreciación no merece comentario por lo
pintoresca, lo que sí se debe anotar es que la
exportación-importación de electricidad se da entre
países donde existe una gran confianza mutua, porque el
importador tiene que renunciar a instalar plantas
eléctricas por sí la importación falla por algún motivo.
A su vez el exportador tiene que estar seguro que su
comprador es firme y no lo dejará con plantas eléctricas
sin utilizar. Tomará un buen tiempo para llegar a ese
grado de confianza mutua entre Bolivia y Chile.
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