Chile se nos va     

 

Diciembre de 2006     

 

Ing. Carlos Miranda

No arquee las cejas mi querido lector. No estoy informando que la Delegación Chilena hubiera decidido marcharse de Cochabamba, de la Segunda Cumbre Latinoamericana, por la confrontación e intolerancia internas, Chile hubiera decidido marcharse de Cochabamba. No. Estoy hablando de energía.


Si los planes anunciados por las compañías, GasAtacama y Suez (transportadora de gas de la Argentina al norte de Chile y dueña de termoeléctricas en esa zona) se cumplen, para el año 2008 Chile habrá emprendido el camino para llegar a prescindir del gas regional (Argentino y/o boliviano y peruano por oleoducto) y abastecerse vía importación de gas liquificado (LNG).


El proyecto consiste en construir un puerto para LNG en Mejillones y solamente una planta regasificadora en tierra firme. El tanquero con LNG serviría de almacenamiento, del cual se descargarían las cantidades necesarias, que regasificadas, atiendan al consumo. Difiere de la construcción tradicional de una estación de LNG, en la cual los tanques en tierra son muy costosos y toman un buen tiempo en construirse. El proyecto de Mejillones podría estar listo para el 2008 y si se suma al puerto de recepción de LNG en Quinteros, cerca de Santiago, que ha iniciado construcciones, para estar listo el 2010, en esa fecha tendremos a Chile listo a prescindir en cualquier momento de gas regional. Habría logrado la “independencia energética”, una gran aspiración chilena enunciada al inaugurar la construcción de las instalaciones en Quinteros.


Una necesaria explicación.  Chile es un angosto y largo país, con más de 5.000 km. de longitud. En esa elongada geografía tiene dos áreas importantes de consumo energético. Al norte, la gran zona minera y en el centro, alrededor de Santiago, con gran consumo industrial, residencial, vehicular, etc. El 25% de sus necesidades energéticas es provisto por gas natural, lo que hace que éste sea imprescindible para la economía chilena.


Esas necesidades eran promocionadas y adecuadamente atendidas por la producción argentina, que es su único proveedor, país al que está ligado por cinco gasoductos.  Dos para la zona central y dos para el norte chileno.  El quinto es en Tierra del Fuego y no forma parte de sus patrones de consumo de energía.


A partir de 2004, la producción argentina de gas ha empezado a disminuir y su demanda interna crece en forma acelerada, al punto tal que desde hace unos dos años difícilmente abastece su mercado interno y los cortes a la exportación hacia Chile cada vez son mayores.  Concurrentemente con esas aflicciones, al pedido de suministro argentino, nuestro país ha respondido con una largueza imperial con precios solidarios, pero con la famosa condición que “ni una molécula de gas boliviano para Chile mientras ese país no acceda a tratar simultáneamente venta de gas y salida al mar”.  Planteamiento que Chile lo considera inaceptable.


Pero Argentina y Chile necesitan gas, al margen de la nacionalidad de las moléculas. Entre ambos, diligentemente con la ayuda de otros vecinos, plantearon al Perú el famoso Anillo Energético.  Proyecto que en su primera fase contemplaba llevar gas de Camisea, en el Perú, al puerto chileno de Tocopilla y con eso se solucionaba el abastecimiento al norte chileno.  Pero parece que Perú sobre estimó la necesidad y subestima la creatividad chilenas.  Por eso, cuando el Anillo estaba por ser formalizado, planteo mar por gas, al exigir una nueva demarcación de fronteras marítimas. El insólito pedido desplazó el proyecto a los refrigeradores de las cancillerías, además es terriblemente conflictivo. Ese gasoducto podía enturbiar terriblemente las relaciones boliviano-chilenas sobre ese hipotético corredor con soberanía al norte de Arica.


Chile parece haber decidido no depender exclusivamente del suministro regional de gas.  La planta de Quinteros cubriría cualquier déficit de suministro argentino en esa zona y las instalaciones en Mejillones harían lo mismo para el norte.  Claro que es una solución cara.  A Chile ese gas le costará más de $US 8.-/MMBTU, porque al precio del producto importado tiene que sumar la amortización de las inversiones en las instalaciones. Pero como no hay energía más cara que la que no se tiene y sobre todo si las FF.AA. chilenas están muy preocupadas por la seguridad energética nacional, no es ningún problema recurrir a los cuantiosos fondos de reserva que los precios del cobre y el zinc están acumulando en Chile. Eventualmente, ambas plantas podrían ser ampliadas y cubrir todo el consumo chileno e inclusive en 20 años no se debe descartar que Chile reexporte LNG gasificado a la Argentina, revirtiendo los ductos que ligan esos dos países.


¿Y nosotros?  Como de costumbre, bien gracias.
El tema de energía está discretamente colocado en el último punto del famoso Agenda Sin Exclusiones, y el utilizar la palabra “gas”, es de muy mal gusto.  Desde hace un tiempo los ilusionistas locales nos hablan de suministrar electricidad a Chile, para así “industrializar” el gas.  Esa última apreciación no merece comentario por lo pintoresca, lo que sí se debe anotar es que la exportación-importación de electricidad se da entre países donde existe una gran confianza mutua, porque el importador tiene que renunciar a instalar plantas eléctricas por sí la importación falla por algún motivo. A su vez el exportador tiene que estar seguro que su comprador es firme y no lo dejará con plantas eléctricas sin utilizar.  Tomará un buen tiempo para llegar a ese grado de confianza mutua entre Bolivia y Chile. 

 

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