Cortos de tiempo     

 

Enero de 2007     

 

Ing. Carlos Miranda

En estas últimas semanas se han puesto en marcha tres procesos importantes que están siendo objeto de dos noticias nacionales y una extranjera.


Por un lado, se cumplió el plazo que ha otorgado YPFB a las compañías petroleras privadas que trabajan en el país para que manifiesten en qué proporción están dispuestas a participar en la provisión de gas a la Argentina.  El contrato que en forma escalonada requiere volúmenes hasta llegar el 2026 a 27.7 MMm3/d se ha iniciado el 1° de Enero pasado. A su vez nos llegan noticias de la Argentina que en unos días más el gobierno de ese país pondrá en efecto un aumento espectacular de tarifas de transporte por gasoducto (se menciona de 200 a 500%) para crear un fondo destinado a la expansión de sus sistemas de transporte.  Se nota que de ambos lados, vendedor y comprador están tomando los pasos para la ejecución del contrato de compra venta.


La otra noticia nacional es el anuncio de YPFB, que frente a la escasez de jet fuel en el país, ha decidido importar a razón de 2.000 metros cúbicos mensuales de este producto, dando así una solución coyuntural al problema, en vez de la peregrina idea de limitar los vuelos de las aeronaves en territorio nacional, para evitar el consumo de este combustible.


Estas novedades, parecerían ser hechos aislados, pero analizándolas dentro del contexto actual de la industria petrolera nacional, están totalmente ligadas y relacionadas entre sí.


Desde hacen tres años, estamos incesantemente abrumados por el discurso de la conveniencia del control “absoluto y total de la industria por el Estado, a través de YPFB”.  A esa situación parecería que hemos llegado con la Ley 3058 de Hidrocarburos y el D.S. 28701, Decreto Nacionalizador.  Pero ese control “total y absoluto” implica dos grandes responsabilidades para la empresa estatal con el país: cumplir con los compromisos de exportación y mantener el suministro interno de carburantes en condiciones aceptables para nuestra economía interna.


Con los contratos firmados con las compañías petroleras, el cumplir con los compromisos de exportación de gas no debería ser un tema que nos quite el sueño.  Al fin y al cabo, las compañías se quedaron para vender gas a la Argentina, además del Brasil, y así monetizar las reservas ya descubiertas.  La fórmula de precios para las entregas de gas, más la coyuntura internacional, permiten señalar que no obstante la carga tributaria nacional, el negocio todavía es atractivamente rentable.  En palabras algo crudas pero verdaderas, los que necesitan vender harán todo el trabajo requerido para tener la producción lista para ser vendida.


El problema está en el abastecimiento interno de carburantes.  Como las refinerías están operando al máximo de su capacidad, la importación de jet fuel es la admisión oficial que hemos llegado al final del camino, y que de aquí en adelante, tendremos que continuar importando cantidades crecientes como sucede con el diesel.  Naturalmente que el mantener precios por debajo de los internacionales de esos productos importados implica cada día subvenciones mayores.


El problema se torna serio y complejo, porque la exportación adicional de gas a Argentina se entrelaza con la provisión interna de carburantes.  Las exportaciones a nuestro vecino del sur representarán mayores producciones de condensado (petróleo liviano), que acompañan la producción de gas.  Cuando lleguemos el 2010 a los 27.7 MMm3/d  comprometidos, tendremos una producción paralela de aproximadamente 50.000 bpd de condensado.  Estos volúmenes, sumados a los que se producen para la exportación a Brasil, significan que en 3 a 4 años podríamos estar produciendo el doble de petróleo que ahora.  Sería impensable que también estemos importando carburantes.


El cansador discurso que YPFB “puede ahora participar en toda la cadena productiva”, tiene que ser más específico y una de las prioridades debería ser que YPFB tome el camino de lograr el autoabastecimiento de carburantes. Las declaraciones oficiales para lograr el control de las refinerías en ningún momento menciona este tema.


Sin entrar en los detalles técnicos de la naturaleza de nuestro condensado y que el diseño de las refinerías actuales no es el apropiado para el tipo de líquidos que produciremos por los próximos 20 años, un aspecto está claro, hemos llegado al límite de las refinerías instaladas.  Qué se debe hacer presenta variadas alternativas: modificar y amplias las existentes, construir una nueva refinería de unos 100 a 150.000 bpd, ingresar a procesos de convertir gas a líquidos, etc.


El adoptar cualquiera de esas medidas u otras que pueden sugerirse, deben ser cuidadosamente estudiadas para no repetir la equivocación de los años 70, cuando duplicamos las refinerías y las diseñamos para un petróleo crudo que no tenemos.  Esos estudios toman su tiempo, a eso debemos añadir la construcción de las instalaciones necesarias, que tomarán unos 3 a 4 años más.  En lenguaje simple, si no nos apuramos, de acá al 2010 puede que nos encontremos exportando más de 2.000 millones de pies cúbicos de gas por día, produciendo alrededor de 100.000 bpd de condensado (petróleo liviano) e importando diesel, jet fuel e inclusive gasolinas si demoramos mucho!  El tiempo nos está quedando corto.

 

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