Mandela y nosotros     

 

Febrero de 2007     

 

Ing. Carlos Miranda

Cuando presenciábamos el acto de conmemoración de un año del MAS en el gobierno, escuchamos discursos laudatorios de toda índole.  Por un lado, que el sistema de gobierno estaba para quedarse 500 años (soñar no cuesta nada) y que acá se estaba poniendo en marcha un movimiento para reivindicar a todos los excluidos de América.  Afirmación merecedora del comentario que el entusiasmo ya bordeaba el delirio, cuando fuimos interrumpidos por una voz con mucha autoridad de uno de los presentes en sentido que las apreciaciones que se hacían eran muy superficiales, porque el formidable y varias veces probado aparato publicitario del MAS y fuerzas que lo acompañan habían decidido proyectar al Presidente Morales Ayma como el Nelson Mandela de Los Andes, y por ese motivo en Nicaragua se hizo pública la campaña para que se le otorgue el Premio Nóbel de La Paz, igual que a Mandela.


Esa rotunda afirmación inmediatamente llamó a mi mente una serie de imágenes y memorias.  Primero Sud África. Gran país minero que conjuntamente con China nos disputaba el puesto de mayor productor de antimonio en el mundo, en la década de los 70, cuando los precios estaban tan favorables como ahora.


Esa competencia a veces desembocaba en una perjudicial guerra de precios. Como los tres países representaban cerca al 70% de la producción mundial, se intentó forjar una especie de OPEP del Antimonio.  Un cartel de productores.  La idea no llegó a solidificarse.  China no estaba dispuesta a sostener tratativas y menos llegar a ningún acuerdo con un país como Sud África, que en ese entonces ostentaba el abominable cetro de la discriminación racial, en un clima de horrible violencia hacia los originarios de raza negra y otros.


Por esa imagen tan deplorable la OPEP declaró un bloqueo al Sud África del Apartheid, que los obligó a aguzar el ingenio, razón por la cual hasta ahora se tiene en ese país una planta que convierte gas metano a líquidos en Mossel Bay.  Una de las dos conocidas que existen para convertir gas a líquidos (GTL).  Proyecto anhelado en este país para suplir las deficiencias en el abastecimiento de diesel, utilizando el abundante gas natural.  Todo eso en cuanto a Sud África.


La imagen de Mandela la tengo indisolublemente ligada a la de Fernando Montes.  Ese insigne y maravilloso pintor que hace años fijó su residencia en Londres y que ha fallecido hace una semana.  Con su muerte ha desaparecido uno de los íconos de la pintura boliviana en el exterior.


Hace unos años casualmente conocí en Londres a ese nuestro gran pintor, y gracias a él concurrí a una exposición de pintura de obras que Nelson Mandela había realizado en los últimos años de su cautiverio.


Sabiendo, como todo el mundo, que Mandela estuvo preso por 27 años y haber sido elegido Presidente, al recuperar su libertad en la primera elección multirracial en Sud África, grande fue mi sorpresa al no encontrar cuadros violentos, atormentados, llenos de trazos y colores fuertes que expresen el espíritu indominable de su autor y su injusto cautiverio.  Al contrario, eran una serie de acuarelas de tonos suaves e insinuaciones de formas concretas con cambios de colores. Al expresar mi extrañeza por el tipo de cuadros, tratando de explicarme que reflejaban la naturaleza humana del pintor, me informaron que uno de los invitados importantes en el palco oficial de los festejos de su posesión fue nada menos que uno de sus carceleros.  Más aún, que en su discurso inicial de toma del poder, planteó a la nación entera mirar para adelante y no aferrarse al pasado, porque se iniciaba un gran período de cambio, pero no de revancha. Para encaminar mejor el período de reencuentro nacional, creó un Instituto de Reconciliación para evitar confrontaciones.


Oyendo todo aquello uno se da cuenta que los cuadros mostraban esa naturaleza pacífica del autor y por qué se le otorgó el Premio Nóbel de La Paz en 1993.  Dos años después de haber sido liberado de prisión y haber evitado enfrentamientos sangrientos que se los daba por descontados.


Realmente, ha sido una verdadera lástima que en su gira mundial, antes de posesionarse, el Presidente no haya podido encontrarse y charlar con Mandela, no obstante haber viajado hasta el África.  No se puede dejar de pensar que si se hubiera realizado esa entrevista, quizás los sucesos de Cochabamba no hubieran ocurrido.

 

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