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Ing. Carlos Miranda |
Cuando presenciábamos el acto de conmemoración de un año
del MAS en el gobierno, escuchamos discursos laudatorios
de toda índole. Por un lado, que el sistema de gobierno
estaba para quedarse 500 años (soñar no cuesta nada) y
que acá se estaba poniendo en marcha un movimiento para
reivindicar a todos los excluidos de América.
Afirmación merecedora del comentario que el entusiasmo
ya bordeaba el delirio, cuando fuimos interrumpidos por
una voz con mucha autoridad de uno de los presentes en
sentido que las apreciaciones que se hacían eran muy
superficiales, porque el formidable y varias veces
probado aparato publicitario del MAS y fuerzas que lo
acompañan habían decidido proyectar al Presidente
Morales Ayma como el Nelson Mandela de Los Andes, y por
ese motivo en Nicaragua se hizo pública la campaña para
que se le otorgue el Premio Nóbel de La Paz, igual que a
Mandela.
Esa rotunda afirmación
inmediatamente llamó a mi mente una serie de imágenes y
memorias. Primero Sud África. Gran país minero que
conjuntamente con China nos disputaba el puesto de mayor
productor de antimonio en el mundo, en la década de los
70, cuando los precios estaban tan favorables como
ahora.
Esa competencia a veces
desembocaba en una perjudicial guerra de precios. Como
los tres países representaban cerca al 70% de la
producción mundial, se intentó forjar una especie de
OPEP del Antimonio. Un cartel de productores. La idea
no llegó a solidificarse. China no estaba dispuesta a
sostener tratativas y menos llegar a ningún acuerdo con
un país como Sud África, que en ese entonces ostentaba
el abominable cetro de la discriminación racial, en un
clima de horrible violencia hacia los originarios de
raza negra y otros.
Por esa imagen tan
deplorable la OPEP declaró un bloqueo al Sud África del
Apartheid, que los obligó a aguzar el ingenio, razón por
la cual hasta ahora se tiene en ese país una planta que
convierte gas metano a líquidos en Mossel Bay. Una de
las dos conocidas que existen para convertir gas a
líquidos (GTL). Proyecto anhelado en este país para
suplir las deficiencias en el abastecimiento de diesel,
utilizando el abundante gas natural. Todo eso en cuanto
a Sud África.
La imagen de Mandela la
tengo indisolublemente ligada a la de Fernando Montes.
Ese insigne y maravilloso pintor que hace años fijó su
residencia en Londres y que ha fallecido hace una
semana. Con su muerte ha desaparecido uno de los íconos
de la pintura boliviana en el exterior.
Hace unos años
casualmente conocí en Londres a ese nuestro gran pintor,
y gracias a él concurrí a una exposición de pintura de
obras que Nelson Mandela había realizado en los últimos
años de su cautiverio.
Sabiendo, como todo el
mundo, que Mandela estuvo preso por 27 años y haber sido
elegido Presidente, al recuperar su libertad en la
primera elección multirracial en Sud África, grande fue
mi sorpresa al no encontrar cuadros violentos,
atormentados, llenos de trazos y colores fuertes que
expresen el espíritu indominable de su autor y su
injusto cautiverio. Al contrario, eran una serie de
acuarelas de tonos suaves e insinuaciones de formas
concretas con cambios de colores. Al expresar mi
extrañeza por el tipo de cuadros, tratando de explicarme
que reflejaban la naturaleza humana del pintor, me
informaron que uno de los invitados importantes en el
palco oficial de los festejos de su posesión fue nada
menos que uno de sus carceleros. Más aún, que en su
discurso inicial de toma del poder, planteó a la nación
entera mirar para adelante y no aferrarse al pasado,
porque se iniciaba un gran período de cambio, pero no de
revancha. Para encaminar mejor el período de reencuentro
nacional, creó un Instituto de Reconciliación para
evitar confrontaciones.
Oyendo todo aquello uno
se da cuenta que los cuadros mostraban esa naturaleza
pacífica del autor y por qué se le otorgó el Premio
Nóbel de La Paz en 1993. Dos años después de haber sido
liberado de prisión y haber evitado enfrentamientos
sangrientos que se los daba por descontados.
Realmente, ha sido una
verdadera lástima que en su gira mundial, antes de
posesionarse, el Presidente no haya podido encontrarse y
charlar con Mandela, no obstante haber viajado hasta el
África. No se puede dejar de pensar que si se hubiera
realizado esa entrevista, quizás los sucesos de
Cochabamba no hubieran ocurrido.
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