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Ing. Carlos Miranda |
Antes
de dar algunas noticias sobre el quehacer energético
fuera de nuestras fronteras, por un momento meditemos
cómo nos deben estar viendo desde afuera a raíz del
barullo que estamos viviendo con los nuevos contratos.
Todo
parecía muy bien. Al término del período otorgado,
públicamente se firmaron nuevos contratos, los cuales
pasaron a Poder Legislativo para su aprobación. Esta se
logró en una forma discutida, pero fueron aprobados, y
para dar el máximo de seguridad jurídica, cada contrato
fue objeto de una Ley de la República. Pocas empresas
en el mundo pueden exhibir un contrato respaldado por
una ley. Faltaba la última puntada, inscribirlos en la
Notaría, y ahí comenzaron los problemas.
Los
contratos consignaban nombres equivocados de compañías y
áreas que se estaban contratando. Qué papelón!. Para
solucionar, se redacta una ley corta, no tan corta,
tiene 44 artículos, uno por contrato, corrigiendo los
nombres equivocados. Pero ahí sale lo terrible. Se
descubre que se aprobó y emitió ley por un contrato
equivocado, no en el nombre, en el contenido. No voy a
usar el término anexo, porque cada contrato tiene 7
anexos y todos ellos son parte indivisible del contrato.
Al admitirse este nuevo error, también se informa que
ese contrato fue acordado y firmado seis días después de
fenecido el término para firma de contratos, fijado en
el D. S. de Nacionalización. Como solución se propone, y
parece que se obtiene, que las 3 compañías (Petrobrás,
Total y Repsol) acepten nomás el contrato equivocado
pero promulgado en una ley, para que así la ley corta
pueda seguir su curso. Todo lo anterior por supuesto
dosificado de declaraciones durísimas de fraude,
explicaciones contradictorias, debates en el
Legislativo, desplantes melodramáticos, etc.
Lamentable espectáculo, que pone en duda la seguridad
jurídica acá y en cualquier país. Esta comienza por el
manejo pulcro de la documentación, el respeto a lo
contratado y si fuera necesario la promulgación de una
ley sin el menor error. La fe en y del estado están en
juego. En cambio, estamos viendo un manejo desordenado y
tratamiento liviano de contratos y leyes, a pocos días
de su firma o promulgación.
Pero
mientras estamos dando este triste espectáculo, qué está
sucediendo afuera en el dinámico mundo de la energía.
Por
un lado Perú, que continúa con sus planes de contar con
la primera planta de gas liquificado (LNG) y que ahora
ha suscrito un memorandum de entendimiento con Petrobrás
para la industrialización del gas en un complejo
petroquímico y una planta de fertilizantes. Suena como
los planes que se tienen para Puerto Suárez y que está
pendiente de los contratos de Petrobrás en el país.
Chile
por su lado, avanzando con su planta receptora de LNG
cerca de Santiago y por definir la instalación de otra
en Mejillones. Así, Chile se convierte en el cliente
ideal del Perú para el futuro LNG. Las plantas chilenas
y las peruanas estarán en operación casi al mismo tiempo
(2009-2010).
Para
Chile el LNG peruano será el más barato por la distancia
y para el Perú las plantas chilenas serán las más
cercanas y las que mejor precio pueden ofertar. El
hambre y las ganas de comer coincidirán en el tiempo.
Pero es más. Los 5 gasoductos de Argentina a Chile y 2
puertos para recibir LNG le dan a ese país la seguridad
de abastecimiento que está buscando, sin necesidad de
grandes concesiones políticas. Léase gas por mar para
Bolivia.
En
Argentina, frente al precio de $US 5.-/MMBTU para el gas
boliviano, se ha desatado una ola de reclamos de los
productores locales, que piden el mismo precio.
Productores aseguran poder tener producción disponible
si se eleva el precio, y en igual forma las
transportadoras, que ya tienen mejores tarifas que
antes, han iniciado expansiones para transportar mayor
producción. En lenguaje petrolero porteño simple: “Si
nos pagan $US 5.-/MMBTU por gas nacional, no hay
necesidad de construir un nuevo gasoducto, se tendrá
producción. Además, ahí están los bolis, 5 meses después
de haber firmado contratos siguen discutiendo como de
costumbre. No tienen ni van a tener a tiempo la
producción que se necesita para cumplir con la
Argentina”.
Brasil, que se enoja y se resiente, porque quiere creer
en nosotros y nosotros que hacemos todo lo posible para
lastimarlos. Estará desilusionado porque esperaba para
el 15 de este mes, su empresa energética emblemática
Petrobrás, cuente con nuevo contrato que le borre el
estigma que se le lanzó en Viena el año pasado, de estar
trabajando con un contrato ilegal, tendrá que esperar
unos días (¿semanas?) antes que tenga un contrato legal.
Probablemente los incrementos de precios del gas
acordados tengan que esperar el perfeccionamiento de los
contratos. La reacción inicial de buscar sustituto a la
producción boliviana, se verá nuevamente alentada por el
arreglo de Venezuela con Trinidad y Tobago, a ser
oficializado en breve, por el cual Venezuela tendrá
acceso a la zona de aguas limítrofes en la cual se
estima existen 10 TCF de gas. Con la división 7.5 para
Venezuela y 2.5 para Trinidad y Tobago. Ese gas sería
para iniciar el Gasoducto del Sur o, convertido en LNG,
en el quinto tren de Trinidad y Tobago. En ambos casos
el norte del Brasil es el cliente ideal, igual que el
Pacífico entre Chile y el Perú.
Todo
eso y mucho más está ocurriendo mientras estamos en una
especie de tragicomedia, que va consumiendo meses de
tiempo valioso.
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