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Balance de Mayo a Mayo
Hace un poco más de un año la industria
petrolera fue sorprendida con el anuncio de
la nacionalización de los hidrocarburos en
Bolivia. El proceso de nacionalización fue
iniciado el 1° de Mayo del 2006, con un
Decreto Supremo, fue leído por el Presidente
de la República en las instalaciones de un
campo petrolero, acompañado de las Fuerzas
Armadas en traje de combate. Las cadenas de
televisión difundieron esas dramáticas y
rotundas imágenes que acompañaron la lectura
del también rotundo Decreto Supremo, llamado
Decreto Supremo de Nacionalización “Héroes
del Chaco”.
El decreto nacionalizador comienza
enunciando la recuperación de la propiedad,
posesión y el control total y absoluto de
los hidrocarburos en Bolivia. Para este
efecto dispone:
A partir de ese día, la entrega total de la
producción de gas y petróleo a YPFB, que a
su vez comercializará esta producción,
definiendo precios y destinos, interno y
externo, de esos hidrocarburos.
Las compañías que acepten lo dispuesto por
el Decreto Supremo, tendrían 180 días para
cambiar sus contratos. Las que no lo hagan,
deberán dejar de operar para que YPFB se
haga cargo. Por ese lapso de 180 días, los
campos que produjeron un promedio de más de
100 millones de pies cúbicos por día el
2005, deberán tributar un 32% adicional
destinado a YPFB, sumando en esa forma 82%
de los ingresos para el Estado. El resto de
los campos productores continuarán pagando
el 50% conforme a la Ley de Hidrocarburos.
La contabilidad de todas las empresas
petroleras sería auditada para establecer
sus inversiones, costos de operación y
ganancias. La información sería utilizada en
la discusión de los nuevos contratos.
Se disponía que las acciones de las empresas
Chaco S. A., Andina S. A. y Transredes S.
A., que estaban en fideicomiso en los Fondos
de Pensiones, sean transferidas
gratuitamente a YPFB.
Se nacionalizaban el número de acciones
necesarias para que YPFB controle como
mínimo el 50% más 1 de las empresas Chaco S.
A., Andina S. A., Transredes S. A.,
Petrobrás Bolivia Refinación S. A. y
Compañía Logística de Hidrocarburos de
Bolivia S. A., para que en esta forma YPFB
esté presente en toda la cadena productiva
del sector.
Un año después de la promulgación del
decreto nacionalizador, no se lo ha cumplido
en su totalidad, pero se han logrado avances
sustantivos e irreversibles.
Las acciones que estaban en fideicomiso en
los Fondos de Pensiones, fueron transferidas
gratuitamente sin mayores dificultades. Así
ahora YPFB es socia minoritaria en Andina S.
A., Chaco S. A. y Transredes, S. A., tiene
miembros en el Directorio de cada empresa y
anuncia que en breve iniciará negociaciones
para adquirir el 50% más 1 de las acciones y
controlar esas dos empresas del upstream y
Transredes S. A., la mayor transportadora de
hidrocarburos líquidos y gas en el país.
En una negociación cargada de suspenso
político, parecida a las que ha llevado a
cabo Grazprom en otras partes del mundo,
YPFB ha logrado el total de las acciones de
las refinerías que eran propiedad de
Petrobrás (Petrobrás Bolivia Refinación S.
A.) en un precio razonable. YPFB vendió esas
refinerías el 1999 en $US 104 millones y
ahora las compra en mejores condiciones
técnicas por $US 114 millones. El pago será
en dos cuotas a corto plazo. No obstante un
ultimátum del gobierno de Brasil, al
finalizar la negociación, ambos gobiernos
han expresado su complacencia.
El hecho más importante ha sido la firma de
los nuevos contratos de exploración y
producción con las compañías petroleras, con
el teatralismo con el cual el gobierno
acompaña este proceso. A la terminación
exacta de los 180 días que otorgaba el
decreto nacionalizador, las compañías
firmaron sus nuevos contratos. La ceremonia
en la que e estaban el Presidente y
Vicepresidente del país, fue televisada
hasta altas horas de la noche.
En gran resumen, los 71 contratos previos a
la nacionalización, se convirtieron en 44,
mediante la agrupación de algunas áreas. Los
44 contratos han sido firmados por las 14
empresas que estaban presentes antes de la
nacionalización.
Los contratos, llamados Contratos de
Operación, son una continuación de los
anteriores de Riesgo Compartido. Las áreas
no han sido cambiadas, la duración es por el
número de áreas que restaba a cada una de
ellas antes de la nacionalización. Casi
todos por más de 30 años.
El “timing” del gobierno para la firma de
estos nuevos contratos fue perfecto. Diez
días antes YPFB y ENARSA de la Argentina
habían firmado un contrato de venta de gas
boliviano por 20 años que se inició en Enero
de 2007, por volúmenes crecientes hasta
alcanzar 27.7 millones de metros cúbicos por
día al 2010, hasta la finalización del
contrato. Prácticamente otro contrato de
exportación igual al que se tiene con Brasil
en volúmenes y plazos. Mucho más conveniente
en precios, porque la fórmula de precios,
similar a la que se tiene con Brasil, tiene
como base $US 5.-/MMBTU. Requerirá un
esfuerzo boliviano muy menor al realizado
para la exportación a Brasil. Las reservas
están descubiertas, se precisa un tramo muy
corto de gasoducto en Bolivia (± 40 Km.)
para conectar con el gasoducto que ENARSA
debe construir en la Argentina para que el
gas recorra el noreste argentino antes de
llegar a Buenos Aires, razón por la cual es
denominado como el Gasoducto del Noreste
Argentino (GNEA). Este contrato fue
indudablemente el elemento que destrabó la
tensa relación entre empresas petroleras y
el estado boliviano.
El requerimiento de nuevos contratos
diferentes a los que habían firmado en la
década de los 90 data desde Mayo 2005 con la
Ley 3058. Después de un enrevesado y
conflictivo manejo de los documentos, los
nuevos contratos han sido aprobados por el
Congreso, con una ley por cada contrato.
Esos documentos han sido protocolizados para
tener validez legal. A esa fecha, también se
eliminó el pago adicional del 32% para los
megacampos de San Alberto y Sábalo, que
afectaba a Petrobrás, Total y Repsol-Andina,
por ser el consorcio que explota esos campos.
Ahora todas las compañías petroleras
tributan el 50% de los ingresos obtenidos
por la venta de lo producido. El restante
50% será utilizado para devolver al
productor todos sus costos incurridos para
lograr la producción vendida, excepto el
pago de impuestos. Se espera que esa
devolución no absorba todo ese 50% restante
y que todavía quede un saldo. Ese saldo será
destinado para el pago de una utilidad a la
empresa y otra a YPFB.
A partir de esa fecha, YPFB está recibiendo
el total de la producción de cada operador,
para su venta bajo los contratos de
compra-venta existentes. En un período de
180 días, YPFB deberá celebrar nuevos
contratos de venta y transporte para
comercializar toda la producción.
Finalmente, a fines de Mayo, por Decreto
Supremo, se le se le asignan 21 áreas con
una superficie de 5.7 millones de hectáreas
para que YPFB realice labores de exploración
y posterior explotación, por sí sola o
asociada con empresas de los estados con los
que Bolivia tiene convenios de cooperación
energética o con las compañías que hubieran
desarrollado primero un programa de estudio
para YPFB. Léase esto como Venezuela y PDVSA.
Como un gran resumen se puede concluir que
el proceso de nacionalización no ha
concluido y continúa en ejecución, para
lograr el control “total y absoluto” de los
hidrocarburos.
Para esto, falta la definición del control
de los oleoductos, Chaco S. A. y Andina S.
A.
Como Bolivia no es solo hidrocarburos, un
breve vistazo al resto de las actividades.
En Sucre está funcionando una Asamblea
Constituyente para redactar una nueva
Constitución Política. La minería es ahora
el sector de mayor inversión privada directa.
El año pasado ± 160 millones de dólares. El
gobierno está en negociación para
nacionalizar la empresa de
telecomunicaciones y finalmente, hace una
semana, se ha declarado reserva fiscal a
todo el territorio nacional para que toda
actividad minera se realice en sociedad con
Comibol, la empresa estatal.
Gran balance, continúa la marcha hacia el
modelo del Capitalismo de Estado en Bolivia.
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