Las complejidades de los precios del gas     

 

Febrero de 2006     

 

Ing. Carlos Miranda

Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco

 

La atención de la actividad petrolera en Europa está cautiva del desarrollo de los acontecimientos entre Rusia y Ucrania. En esta parte del mundo, está pendiente del camino que emprenderá nuestro país en el tratamiento de la industria petrolera nacional. Se tiene anunciado que el próximo 22 de enero se despejarán las dudas  y todos seremos enterados de las medidas concretas que adoptarán nuestro gobierno, por lo tanto esperemos. Mientras tanto, bajo el frío de uno de los inviernos más crudos que ha enfrentado el viejo continente, los países europeos consumidores de gas ya están sufriendo la escasez de este producto. Veamos en qué consiste el problema.


Rusia abastece casi el 30% del consumo de gas de Europa Occidental. Esa provisión la realiza a través de grandes gaseoductos que transportan la producción desde Siberia pasando por los antes países miembros de la extinta URSS. Uno de los sistemas de ductos atraviesa Ucrania antes de llegar a Eslovaquia desde donde ingresa a la red de gasoductos europeos y así llega hasta España. Con todos sus países compradores Rusia tiene contratos de compra y venta que son religiosamente cumplidos, excepto por Ucrania que no acepta los precios que Rusia le plantea en consonancia con los que recibe de sus otros compradores. Por este motivo Gazprom, la gran productora de gas ruso ha decidido cortar el suministro a Ucrania y pretende continuar enviando el gas comprometido a sus otros clientes.


Pero el gasoducto pasa por Ucrania. Este último está reteniendo de ese gas en tránsito, volúmenes para su consumo interno causando déficits de aprovisionamiento a los otros países que están en la cadena de suministro. Por esta situación Rusia acusa a Ucrania que le está robando gas. Por la magnitud del incremento que pretende Gazprom los ucranianos invocan que estarían siendo asaltados. La maniobra rusa y ucraniana es clara. Frente a una gran diferencia de precios ambos se han colocado, en los hechos, en una situación que causa perjuicio a terceros, los cuales presionarán o utilizarán todos sus buenos oficios para que se llegue a una situación satisfactoria.


Situación complicada, verdad? Por su actualidad nos lleva a ciertas reminiscencias y reflexiones sobre nuestras exportaciones de gas.


Lo que está ocurriendo en Europa ilustra lo delicado que es el comercio del gas. Diferencias de pretensiones de precios entre vendedor y comprador siempre existirán, pero como se crea una interdependencia entre ambos muy difícilmente se llega a cortar el suministro, o por el otro lado a suspender los pagos por el producto recibido. Eventualmente se arriba a una solución que impide el rompimiento completo.


Desde 1972 hasta 1999 Argentina fue nuestro único comprador de gas. En ese largo recorrido, en la década de los 80, por unos cuantos años, Argentina no aceptó los precios que se le pedía y no honró los pagos. La gran diferencia con Europa radica en el hecho que en esas circunstancias en ningún momento suspendimos o recortamos nuestras exportaciones de gas. Los montos adeudados por las entregas impagas llegaron casi a $US. 400 millones con efectos devastadores que fueron uno de los principales causantes la hiperinflación en nuestro país.


La deuda fue solucionada a través del tristemente célebre acuerdo de “borrón y cuenta nueva” y de un mecanismo de pagos por trueque de mercancías que está empezando nuevamente a cobrar impulso en nuestro continente. Venezuela le ha proveído de diesel y crudo a la Argentina a cambio de cereales y carne argentinos. En esa misma tónica se anuncia que Venezuela nos suministrará todos nuestros faltantes de diesel a cambio de productos agrícolas nacionales. Una publicación del Clarín de la Argentina anunciaba las intenciones de su gobierno que futuras ventas de gas boliviano para ese país irían también acompañadas con el suministro de tecnología, además de un pago en moneda dura.


El trueque no tiene nada de malo, e inclusive puede ser muy conveniente para las transacciones comerciales entre países con la salvedad que debe ser cuidadosamente manejado.  El pago de un producto con otras mercancías introduce la complejidad que en vez de un precio se deben tomar en cuenta también los precios de las mercancías con las que se efectúa el trueque. ¿Cuántas toneladas de trigo y carne argentinos por barril de petróleo y fuel oil se utilizaron? En nuestro caso probablemente serán barriles de diesel por tonelada de soya u otro producto. Los precios y oportunidades de mercado de las dos mercancías están en constante movimiento, con la complicación adicional que las necesidades de moneda dura de los productores de las mercancías efecto del trueque rara vez son iguales.


Pero seamos positivos y optimistas. Para nosotros comprar diesel a cambio de productos agrícolas puede ser  muy conveniente por no tener que erogar divisas y convertirse en un buen estimulante y/o promotor de producciones y exportaciones de productos agrícolas que no estamos efectuando o que producimos con dificultades de colocarlos en el mercado internacional.


Una nota final. Como exportadores de gas el principal objetivo es lograr ingresos en moneda dura. Es triste recordar, pero nuestras experiencias de trueque de gas por mercancías argentinas han sido poco felices.


 

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