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Ing. Carlos Miranda |
Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco
La atención de la actividad petrolera en Europa está
cautiva del desarrollo de los acontecimientos entre
Rusia y Ucrania. En esta parte del mundo, está pendiente
del camino que emprenderá nuestro país en el tratamiento
de la industria petrolera nacional. Se tiene anunciado
que el próximo 22 de enero se despejarán las dudas y
todos seremos enterados de las medidas concretas que
adoptarán nuestro gobierno, por lo tanto esperemos.
Mientras tanto, bajo el frío de uno de los inviernos más
crudos que ha enfrentado el viejo continente, los países
europeos consumidores de gas ya están sufriendo la
escasez de este producto. Veamos en qué consiste el
problema.
Rusia abastece casi el
30% del consumo de gas de Europa Occidental. Esa
provisión la realiza a través de grandes gaseoductos que
transportan la producción desde Siberia pasando por los
antes países miembros de la extinta URSS. Uno de los
sistemas de ductos atraviesa Ucrania antes de llegar a
Eslovaquia desde donde ingresa a la red de gasoductos
europeos y así llega hasta España. Con todos sus países
compradores Rusia tiene contratos de compra y venta que
son religiosamente cumplidos, excepto por Ucrania que no
acepta los precios que Rusia le plantea en consonancia
con los que recibe de sus otros compradores. Por este
motivo Gazprom, la gran productora de gas ruso ha
decidido cortar el suministro a Ucrania y pretende
continuar enviando el gas comprometido a sus otros
clientes.
Pero el gasoducto pasa
por Ucrania. Este último está reteniendo de ese gas en
tránsito, volúmenes para su consumo interno causando
déficits de aprovisionamiento a los otros países que
están en la cadena de suministro. Por esta situación
Rusia acusa a Ucrania que le está robando gas. Por la
magnitud del incremento que pretende Gazprom los
ucranianos invocan que estarían siendo asaltados. La
maniobra rusa y ucraniana es clara. Frente a una gran
diferencia de precios ambos se han colocado, en los
hechos, en una situación que causa perjuicio a terceros,
los cuales presionarán o utilizarán todos sus buenos
oficios para que se llegue a una situación
satisfactoria.
Situación complicada,
verdad? Por su actualidad nos lleva a ciertas
reminiscencias y reflexiones sobre nuestras
exportaciones de gas.
Lo que está ocurriendo
en Europa ilustra lo delicado que es el comercio del
gas. Diferencias de pretensiones de precios entre
vendedor y comprador siempre existirán, pero como se
crea una interdependencia entre ambos muy difícilmente
se llega a cortar el suministro, o por el otro lado a
suspender los pagos por el producto recibido.
Eventualmente se arriba a una solución que impide el
rompimiento completo.
Desde 1972 hasta 1999
Argentina fue nuestro único comprador de gas. En ese
largo recorrido, en la década de los 80, por unos
cuantos años, Argentina no aceptó los precios que se le
pedía y no honró los pagos. La gran diferencia con
Europa radica en el hecho que en esas circunstancias en
ningún momento suspendimos o recortamos nuestras
exportaciones de gas. Los montos adeudados por las
entregas impagas llegaron casi a $US. 400 millones con
efectos devastadores que fueron uno de los principales
causantes la hiperinflación en nuestro país.
La deuda fue
solucionada a través del tristemente célebre acuerdo de
“borrón y cuenta nueva” y de un mecanismo de pagos por
trueque de mercancías que está empezando nuevamente a
cobrar impulso en nuestro continente. Venezuela le ha
proveído de diesel y crudo a la Argentina a cambio de
cereales y carne argentinos. En esa misma tónica se
anuncia que Venezuela nos suministrará todos nuestros
faltantes de diesel a cambio de productos agrícolas
nacionales. Una publicación del Clarín de la Argentina
anunciaba las intenciones de su gobierno que futuras
ventas de gas boliviano para ese país irían también
acompañadas con el suministro de tecnología, además de
un pago en moneda dura.
El trueque no tiene
nada de malo, e inclusive puede ser muy conveniente para
las transacciones comerciales entre países con la
salvedad que debe ser cuidadosamente manejado. El pago
de un producto con otras mercancías introduce la
complejidad que en vez de un precio se deben tomar en
cuenta también los precios de las mercancías con las que
se efectúa el trueque. ¿Cuántas toneladas de trigo y
carne argentinos por barril de petróleo y fuel oil se
utilizaron? En nuestro caso probablemente serán barriles
de diesel por tonelada de soya u otro producto. Los
precios y oportunidades de mercado de las dos mercancías
están en constante movimiento, con la complicación
adicional que las necesidades de moneda dura de los
productores de las mercancías efecto del trueque rara
vez son iguales.
Pero seamos positivos y
optimistas. Para nosotros comprar diesel a cambio de
productos agrícolas puede ser muy conveniente por no
tener que erogar divisas y convertirse en un buen
estimulante y/o promotor de producciones y exportaciones
de productos agrícolas que no estamos efectuando o que
producimos con dificultades de colocarlos en el mercado
internacional.
Una nota final. Como
exportadores de gas el principal objetivo es lograr
ingresos en moneda dura. Es triste recordar, pero
nuestras experiencias de trueque de gas por mercancías
argentinas han sido poco felices.
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