Ing. Carlos Miranda

Seguridad energética

 

Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco

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El concepto de seguridad energética se ha convertido en el elemento fundamental de la política energética de los Estados. Por la importancia del mismo, el precio ha dejado de ser el criterio fundamental para la adquisición de energéticos. Esa seguridad está basada fundamentalmente en la confianza que sus fuentes de abastecimiento no puedan ser interrumpidas, y si eso sucediera, tener las opciones para la adquisición de otras. No hay energía más cara que la  que no se tiene, se ha convertido en una máxima de oro.

Un ejemplo de lo anterior nos lo está dando Brasil. A raíz de la llamada nacionalización de los hidrocarburos, Petrobrás anunció tres tipos de medidas: Limitar sus inversiones en Bolivia, acelerar el desarrollo de sus propios campos de gas en Brasil y comprar gas natural liquificado (LNG) de otros productores mundiales.

Con ese último propósito, y para enfatizar las intenciones brasileñas, el presidente de Petrobrás asistió a la última Conferencia Mundial del Gas (a la que no asistió Bolivia), celebrada en Ámsterdam del 5 al 9 de Junio del 2006, e invocó la cooperación mundial para acelerar la provisión de LNG. Los resultados no se dejaron esperar. Interpretando la urgencia brasileña, en pocos meses se acordó la instalación de 2 plantas flotantes para recibir LNG y regasificarlo, para introducirlo en las redes de consumo. La semana pasada, la comunidad internacional petrolera ha sido gratamente sorprendida por el anuncio oficial que la primera estación flotante para recibir y gasificar el LNG en Brasil estará operando el próximo mes de Abril. Un plazo de poco más de un año. Es un tiempo extraordinariamente corto, porque instalaciones de esta naturaleza en tierra firme toman de 3 a 5 años. Así tenemos la estación de regasificación, en tierra firme, de Quinteros en Chile, que estará en operación el 2009 a 2010, habiéndose iniciado las obras el 2006.

Esta primera estación flotante que será anclada en la Bahía de Guanabara, podrá recibir 12 MMm3/d (millones de metros cúbicos/día). El año 2009, estará en operación la segunda planta flotante en Ceara, para recibir otros 8 MMm3/d. Estos eran los volúmenes planeados para incrementar la exportación de gas boliviano al Brasil, antes del cambio de política de Petrobrás.

El LNG que Petrobrás recibirá de ultramar, le saldrá más caro que el gas que importa de Bolivia, aún con la tributación de la Ley 3058 y las medidas de la llamada nacionalización de los hidrocarburos. A la luz de los precios, esas decisiones parecen irracionales, pero confirman en manera concreta lo indicado al principio, que en la concepción de la seguridad energética el precio no es el factor preponderante, sino la confianza en el proveedor.

En igual forma, Chile está montando 2 estaciones para recibir LNG por el incumplimiento crónico  de suministro argentino. El LNG que reciba será también mucho más caro que el gas argentino.

Es lamentable.  Hasta hace 3 años la industria gasífera boliviana era una especie de garantía de provisión para el consumo de sus vecinos.

Ahora incluso Argentina, gracias al ofrecimiento del Presidente Chávez, está planeando una Terminal de regasificación de LNG en Bahía Blanca y se conocen tratativas de instalar otra en el Uruguay.

Esta mutación de LNG en vez de gas por gasoducto proveniente de Bolivia ha sucedido a raíz de la incertidumbre política y desconfianza sobre la industria generada  en nuestro país desde el 2003.

Como decía un amigo poeta, romper la confianza es como romper una copa de fino cristal.

En el comercio internacional, recuperar la confianza es un proceso lento y trabajoso. En cuestión de gas natural, lamentablemente el país está profundizando la desconfianza en nuestros vecinos. El tratar de cumplir el contrato de venta de gas al Brasil entre Petrobrás e YPFB, ha significado que se tenga que eliminar el abastecimiento a Cuiaba y Comgas además de reducir los envíos a la Argentina,  justamente cuando se anuncia que la fórmula de precios de ese contrato arroja los más altos obtenidos por el gas nacional. Inclusive, estamos sufriendo escasez de provisión de gas, nada menos que en Tarija, y reduciendo nuestro consumo de las plantas termoeléctricas con la elegante  excusa de educar en el uso racional de la energía. Todo lo anterior no pasa desapercibido y por esas razones el importante periódico de Brasil O Estado de Sao Paulo, en su edición del 10 de septiembre, intitula su editorial “Bolivia vende o gas que nao tem”,  y sin ningún ambaje termina diciendo: “El problema es que Bolivia no entrega porque su gobierno es incompetente para producir lo vendido”.

El triste consuelo que nos queda, es que ningún otro país, ha impulsado el uso del LNG como nosotros. En pocos años, todos nuestros clientes actuales y potenciales, Brasil, Argentina, Uruguay, e inclusive Chile, estarán dotados para recibir LNG de ultramar y no el gas boliviano por gasoducto. Habremos traído la competencia mundial de precios a nuestras puertas. Eso no debería asustarnos, lo preocupante es que probablemente todos los vecinos compradores de LNG terminen atados por contratos a largo plazo. Como en las crónicas de nuestros seleccionados de football. Casi. Casi nos convertimos en el principal abastecedor de gas del Cono Sur.

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