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Consummatum est
Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco
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La industria petroquímica está en la cúspide
de la industria petrolera. En nuestro caso,
esa es la verdadera industrialización del
gas. La transformación química de las
moléculas del gas y configurar otros
productos que no son utilizados como
combustibles, como los plásticos, eso es
petroquímica. El extraer los licuables del
gas o utilizarlo de combustible en las
termoeléctricas y llamar a eso
industrialización, son juegos de ilusiones.
Además son procesos que estamos realizando
desde hace más de veinte años.
Industrializar, haciendo petroquímica, es
una justa y viable aspiración que estaba
cerca de nuestro alcance.
Esta industria requiere la armonizada y
coordinada concurrencia de materias primas,
tecnología, inversión y mercados compradores
de la producción. Lo anterior suena casi
como una “perogrullada”. Pero no es así. La
petroquímica es una de las industrias más
competitivas del planeta y el incursionar en
ella sin tener la participación coordinada
de los cuatro factores anteriores, puede
ocasionar gigantescas pérdidas. Se tiene el
ejemplo de dos grandes actores con mucha
materia prima y dinero, que intentaron
irrumpir en el mercado: Venezuela y Arabia
Saudita. Ahora que estamos en tan buenas
relaciones con Venezuela, le pidamos nos
informe cuántos Billones, sí billones, ha
perdido Petroquisa antes de poder ser una
industria rentable que se para por sí sola.
Como también hemos establecido relaciones
con Irán, sería bueno que nos cuenten sus
experiencias y si pueden las de Arabia
Saudita, cuyas pérdidas han sido comparables
con las dimensiones de su industria
petrolera. Es casi obvio anotar que la
producción petrolera de esos países podía
haberles dotado de los argumentos necesarios
para abrir mercados petroquímicos, pero no
es así. Como indiqué anteriormente, la
petroquímica es una de las industrias más
competitivas del mundo.
Adicionalmente, la industria tiene otra
particularidad. Las inversiones son casi
siempre encima de los 1.000 millones de
dólares, razón por la cual no se construyen
plantas cada año. Todas las plantas
funcionan con una sobre capacidad instalada,
que les permite cómodamente acompañar la
creciente demanda. Está ya históricamente
probado que la industria requiere proyectos
de expansión cada 7 a 10 años dependiendo
del producto. El último congreso
petroquímico celebrado en Buenos Aires,
señalaba claramente que la demanda de
polietileno de la región requería
instalaciones nuevas del 2010 al 2012.
Nosotros parecíamos estar sentados en la
cima del mundo. Teníamos materia prima
abundante, con una compra comprometida de 30
MMm3/d (millones de metros cúbicos/día) con
Brasil. Ese gas contiene un 2% en forma de
etano que podía ser extraído como materia
prima para la producción de polietileno en
una planta de dimensiones competitivas
mundiales, ± 900.000 Tons/año de
polietileno. Además de Petrobrás,
participaba Braskem, la productora más
grande de polietileno de Latino América para
el acceso a los mercados y la correcta
elección de la tecnología en base a sus
experiencias anteriores. La ubicación de
Puerto Suárez es perfecta, por ahí pasa el
mayor gasoducto de Bolivia llevando la
suficiente materia prima. Solo se necesitaba
un desvío para la extracción del etano y
propano, y después el gas continuaba su
rumbo para abastecer de energía. De los
productos obtenidos de la extracción, se
hubiera más que duplicado la producción
actual de gas en garrafas. La otra fracción,
el etano, sería para lograr lo diferentes
grados de polietileno. Todo en un punto
navegable de la hidrovía para abastecer
hasta Buenos Aires por el sur, pero
fundamentalmente para proveer al triángulo
soyero brasileño que produce cerca a 12
millones/año de soya y que requiere grandes
cantidades de material de empaque como el
polietileno.
El financiamiento de cerca de 1.500 millones
de dólares, que se estimaba el costo del
proyecto, con una venta bruta anual de más
de $US 1,000 millones, por un consorcio
YPFB-Petrobrás-Braskem, hubiera sido una
solicitud muy difícil de rechazar por
cualquier banco, sobre todo el Banco de
Fomento Brasileño, BNDS.
Todo parecía indicar que los planificadores
energéticos actuales estaban tras de los
objetivos perseguidos desde hace más de 20
años: abastecer de gas y de plásticos el
mercado brasileño. Así parecía, cuando en
una de las últimas negociaciones de precios
del gas ya se acordaron los precios del
etano y propano, incluidos en el gas, que
servirían de materia prima para el complejo
petroquímico. Cuán errados estábamos.
Inclusive, sin un gran esfuerzo
técnico-financiero, se podía paralelamente
montar una fábrica de fertilizantes
nitrogenados en base a volúmenes modestos de
gas seco 7 a 10 MMm3/d, que compita con
ventaja a los fertilizantes importados por
Brasil para su ya mencionado triángulo
soyero y el consumo nacional.
Todo estaba en su lugar, solo faltaba
empezar a realizar los proyectos. Por eso es
que la noticia pública que Petrobrás y
Braskem han desistido de hacerlos en Puerto
Suárez es devastadora. Respuestas,
explicaciones, promesas, etc. van a
proliferar, pero de una sola cosa se puede
estar seguros: la petroquímica se nos ha
alejado por muchos años, y volvemos a la
posición “colonizada”, tan criticada, de
proveedores de materia prima.
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