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México está crispado
Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco
Hace un par de
semanas llegaba por la noche en avión a la
Ciudad de México. Cuando me trasladaba por
automóvil a mi alojamiento, grande fue mi
sorpresa el ingresar a una ciudad en
oscuras. No obstante el apagón, el tráfico
vehicular era tan intenso como de costumbre.
Las avenidas y autopistas por las que me
conducían, por la falta de iluminación en
las casas, calles y edificios, daba la
sensación de estar circulando por un
gigantesco túnel. Después de una hora de
travesía del norte al sur de la ciudad,
llegué a mi alojamiento donde fui recibido
con velas y linternas. El apagón duró hasta
las tres de la mañana. No es poca cosa un
corte de electricidad de casi 8 horas para
una ciudad de 20 millones de habitantes.
Al día siguiente esperaba que los medios de
comunicación registren el corte, sus efectos
y sus causas. Nuevamente otra gran sorpresa,
ni una palabra al respecto. Todos los medios
estaban llenos de titulares, declaraciones,
suplementos, etc. debatiendo sobre el plan
de reforma energética propuesta por el
Ejecutivo al Congreso Nacional.
El 8 de abril pasado, el Ejecutivo hizo
llegar al Congreso por medio de la Cámara de
Senadores un diagnóstico de la industria
petrolera mexicana, las modificaciones de
cinco leyes reglamentarias de la
Constitución Política del Estado y el
proyecto de una nueva denominada Ley
Orgánica de PEMEX. El conjunto de documentos
presentado al Senado ha sido bautizado con
EL PROYECTO DE REFORMA ENERGÉTICA DE LA
NACIÓN.
Esa misma noche por televisión el Presidente
dio un mensaje reforzando los argumentos,
señalando la importancia y urgencia de
lograr el desarrollo de las reservas que se
estima yacen en yacimientos profundos en el
Golfo de México en aguas territoriales,
además de dotar a PEMEX de una nueva
dinámica operativa permitiendo la
participación privada sin vulnerar el
principio constitucional establecido en el
artículo 27 de la Ley de Leyes Mexicanas.
Adicionalmente, anunció la emisión de Bonos
de PEMEX a ser adquiridos por ciudadanos
nacionales y Fondos de Pensiones que:
“otorgarán a sus tenedores una contra
prestación vinculada al desempeño del
mismo”, precisando que se podrán contratar a
partir de100 pesos mexicanos.
Entrando en ciertos detalles importantes, se
propone legalizar y ampliar los Contratos de
Servicios Múltiples (CSM), que fueron
puestos en efecto por el gobierno anterior
para lograr inversión privada en la
explotación de gas. Esto a la vez habilitará
a PEMEX a suscribir Contratos de Servicios
Ampliados que estarían encaminados, sobre
todo, a trabajo en aguas profundas en el
Golfo. Fuera de las aguas territoriales
mexicanas, los trabajos en aguas profundas
están siendo intensamente realizados por las
grandes compañías petroleras del mundo,
pudiendo citarse entre ellas a PETROBRAS que
ya ha logrado un importante descubrimiento.
La reforma mantiene la prohibición de
contratos de riesgo, especificándose que la
remuneración a las empresas contratistas
será siempre en efectivo y en ningún caso
con porcentajes de la producción.
En caso de conflicto, los contratos
suscritos con PEMEX gozarían de arbitraje
internacional.
Retirando parcialmente la exclusividad de
PEMEX en el desarrollo de las actividades
petroleras, se propone que “sectores
sociales y privados podrán transportar,
almacenar y distribuir gas así como los
productos que se obtengan de la refinación
de petróleo y de petroquímica básica”.
Traduciendo esto a nuestra realidad, esa
disposición permitiría la existencia de la
Compañía Logística Boliviana, cuyo manejo
mayoritario o propiedad total deberíamos
definir hasta fin de mes.
La proyectada Reforma precisa que PEMEX
podrá contratar la refinación y que su
producción sea tratada bajo la modalidad de
“maquila” con el objeto de disminuir y si
posible eliminar la actual importación de
gasolinas. Este aspecto amarga a los
mexicanos ya que, al mismo tiempo que PEMEX
exporta 1.6 millones barriles de petróleo
por día, también se ve obligada a importar
cerca de 400,000 bpd de gasolinas para
satisfacer la demanda.
Las reformas propuestas están siendo
fuertemente criticadas por amplios sectores
de la ciudadanía mexicana, calificándolas de
“un agravio al pueblo” que no ha perdido su
orgullo nacionalista en el manejo estatal de
la industria petrolera. No obstante lo
anterior, no llega a aceptar el hecho que la
producción y reservas estén disminuyendo
rápidamente y que con la producción presente
les durarían nueve años. Dependiendo del
ritmo de crecimiento del país esto significa
alrededor de seis años. Asimismo sienten
escalofríos al saber que ya se ha contratado
la compra de gas liquificado (LNG) del Perú.
Parecería que el famoso dicho que “el primer
negocio del mundo es una compañía petrolera
bien manejada y el segundo, una empresa
petrolera mal manejada” está flotando en el
subconsciente mexicano que se resiste
aceptar un PEMEX en dificultades financieras
con los actuales precios del petróleo de más
de $US 100 por barril.
Ante esta realidad los mexicanos parecerían
estar de acuerdo que el Estado Nacional
succiona los ingresos de PEMEX dejando a la
compañía escasos fondos de operación.
Las reformas propuestas debían ser tratadas
en el “fast track legislativo”, similar a
nuestro tratamiento de “por tiempo y
materia”. El partido de gobierno (PAN)
parecía tener la mayoría necesaria para su
aprobación en una alianza circunstancial con
uno de los partidos opositores, PRI. Frente
a esta máquina legislativa, denunciando la
existencia de compromisos con empresas
privadas como REPSOL, con un fino instinto
político, el Lic. López Obrador – perdedor
de la muy discutida última elección – ha
convocado a la resistencia a las medidas
propuestas y pide un diálogo nacional. Para
este efecto, grupos sociales de su partido (PRD)
aglutinados en el Frente Amplio Progresista
(FAP), han tomado las instalaciones del
Congreso impidiendo que éste desarrolle sus
labores al punto que ni siquiera actos
protocolares puedan realizarse, como la
sesión de honor a la visitante Primera
Ministra de la India. (Parece Bolivia al
revés, verdad?).
El oficialismo ha flexibilizado su posición
y plantea un diálogo por 50 días. El PRD no
acepta e insiste en el diálogo nacional sin
fecha límite que podría desembocar en un
referéndum. Al escribir estas líneas
nuevamente sufro un corte de energía
eléctrica. Estos cortes inexplicados
parecerían premonitorios de que el problema
energético mexicano va más allá de la
reforma de PEMEX. Una pena que este
maravilloso país por la intensidad del
debate sobre PEMEX esté crispado cuando
parece estar encaminado a mayores
dificultades energéticas.
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