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Ing. Carlos Miranda |
Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco
Las necesidades de provisión de gas para el Cono Sur
(Argentina, Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay), se van
haciendo cada vez más evidentes. Es así que a
principios de este mes, la Conferencia Mundial de la
Energía celebró un Foro Regional sobre Integración
Energética en Río de Janeiro.
La prensa especializada
anuncia que en este mes se tendrán reuniones en Caracas,
entre Argentina, Brasil y Venezuela, a la cual estará
invitada Bolivia para seguir examinando el proyecto de
Gasoducto de Venezuela a
la Argentina. También hemos recibido la grata visita del
Presidente de Uruguay para conversar sobre temas de
abastecimiento energético boliviano a ese entrañable
país amigo. Sumado a lo anterior, se tiene anunciada,
para Septiembre de este año, una reunión internacional
en Santa Cruz, propiciada por el gobierno nacional y la
Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) para
tratar el tema de la integración energética regional.
Dentro de ese escenario
que está empezando a configurarse, resalta con toda
claridad que Bolivia, por su posición geográfica, sus
reservas y futuras producciones, en gran forma
constituye la piedra fundamental de la integración
gasífera regional. Todo ello sumado al comportamiento
impecable de nuestro país como proveedor internacional
de gas desde 1972.
Frente a estas
realidades, existen aspectos de fundamental importancia
que deberán ser satisfactoriamente resueltos.
El primero es el precio
del gas. Existe una insatisfacción general en Bolivia
sobre los precios que cobramos por nuestras
exportaciones, por considerárselos alejados de la
realidad internacional del comercio de este producto.
Una señal muy importante que fortifica nuestra
pretensión de mejores precios de exportación, nos las ha
dado Chile hace un par de semanas. Ese país ha decidido
importar gas liquificado (LNG) de ultramar, habiendo
puesto en marcha un proceso para la construcción de una
planta receptora y regasificadora, así como el
correspondiente abastecimiento de LNG, cerca de
Santiago, que estaría en operación para el 2010. Se
anuncia que el precio en Chile estará relacionado a los
precios del Henry Hub de Estados Unidos que están
alrededor de $US 9.-/MMBTU. Venezuela ha aclarado que
gas venezolano en el Cono Sur costará más de $US 5.-/MMBTU.
En palabras simples. Gas que se obtenga de fuentes
extra regionales, será substancialmente más caro que el
gas que exportamos por algo más de $US 3.-/MMBTU.
El otro aspecto de
singular importancia es que para el próximo futuro, esta
parte del continente está dirigiéndose hacia lo que
podríamos denominar “gasoductos de segunda generación”.
Podemos denominar ductos de primera generación a
aquellos gasoductos que abastecen directamente de un
país a otro a través de una negociación bilateral como
lo hace Bolivia. Los gasoductos de segunda generación
serán aquellos en los cuales el gas que provee un país a
otro, a travesará un tercer país para llegar a su
destino final. Así tenemos que el proyecto del Anillo
Energético prevé gas de Camisea, haciendo tránsito por
el norte de Chile, abastezca esa región, continúe por el
norte argentino y eventualmente llegue a Paraguay y
Uruguay. El gasoducto de Venezuela a la Argentina,
contempla que gas venezolano atraviese Brasil para
llegar al Uruguay y finalmente a la Argentina. Gas
boliviano para Uruguay tendría que hacer tránsito por la
Argentina. Estos gasoductos de segunda generación,
plantearán a nuestros países problemas que hasta la
fecha no habíamos enfrentado, y que a raíz de las
dificultades que se ha tenido en Europa, con la
provisión de gas ruso para Europa que fue retenido en
Ucrania, como país de tránsito, se han convertido en
problemas de gran importancia y actualidad.
En forma resumida, la
concreción de estos sistemas de gasoductos, que denomino
de segunda generación, deberá solucionar aspectos como
libre tránsito, libre acceso, seguridad de
abastecimiento, respeto a las legislaciones nacionales,
sistemas de control y coordinación, sanciones y acciones
remediales en caso de interrupción en la provisión de
origen, en problemas en el país de tránsito y
naturalmente en el cumplimiento de las obligaciones del
mercado del país final.
Todo lo sucintamente
descrito tendría que desembocar en un complejo y
elaborado tratado de relaciones energéticas
internacionales entre los países involucrados.
Dentro de esas líneas
generales
la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), y
otros organismos como el Banco Mundial y BID, están
empeñados en que se logre acordar la elaboración de la
Carta Energética de Latino América y el Caribe.
Esos complejos temas
deberán ser abordados en Santa Cruz en Septiembre, que
no está lejos en el tiempo.
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