Nuestro gas y la integración energética regional     

 

Marzo de 2006     

 

Ing. Carlos Miranda

Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco

 

Las necesidades de provisión de gas para el Cono Sur (Argentina, Chile, Brasil, Paraguay y Uruguay), se van haciendo cada vez más evidentes.  Es así que a principios de este mes, la Conferencia Mundial de la Energía celebró un Foro Regional sobre Integración Energética en Río de Janeiro.


La prensa especializada anuncia que en este mes se tendrán reuniones en Caracas, entre Argentina, Brasil y Venezuela, a la cual estará invitada Bolivia para seguir examinando el proyecto de Gasoducto de Venezuela a
la Argentina. También hemos recibido la grata visita del Presidente de Uruguay para conversar sobre temas de abastecimiento energético boliviano a ese entrañable país amigo. Sumado a lo anterior, se tiene anunciada, para Septiembre de este año, una reunión internacional en Santa Cruz, propiciada por el gobierno nacional y la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) para tratar el tema de la integración energética regional.


Dentro de ese escenario que está empezando a configurarse, resalta con toda claridad que Bolivia, por su posición geográfica, sus reservas y futuras producciones, en gran forma constituye la piedra fundamental de la integración gasífera regional.  Todo ello sumado al comportamiento impecable de nuestro país como proveedor internacional de gas desde 1972.


Frente a estas realidades, existen aspectos de fundamental importancia que deberán ser satisfactoriamente resueltos.


El primero es el precio del gas.  Existe una insatisfacción general en Bolivia sobre los precios que cobramos por nuestras exportaciones, por considerárselos alejados de la realidad internacional del comercio de este producto.  Una señal muy importante que fortifica nuestra pretensión de mejores precios de exportación, nos las ha dado Chile hace un par de semanas.  Ese país ha decidido importar gas liquificado (LNG) de ultramar, habiendo puesto en marcha un proceso para la construcción de una planta receptora y regasificadora, así como el correspondiente abastecimiento de LNG, cerca de Santiago, que estaría en operación para el 2010.  Se anuncia que el precio en Chile estará relacionado a los precios del Henry Hub de Estados Unidos que están alrededor de $US 9.-/MMBTU.  Venezuela ha aclarado que gas venezolano en el Cono Sur costará más de $US 5.-/MMBTU.  En palabras simples.  Gas que se obtenga de fuentes extra regionales, será substancialmente más caro que el gas que exportamos por algo más de $US 3.-/MMBTU.


El otro aspecto de singular importancia es que para el próximo futuro, esta parte del continente está dirigiéndose hacia lo que podríamos denominar “gasoductos de segunda generación”.  Podemos denominar ductos de primera generación a aquellos gasoductos que abastecen directamente de un país a otro a través de una negociación bilateral como lo hace Bolivia.  Los gasoductos de segunda generación serán aquellos en los cuales el gas que provee un país a otro, a travesará un tercer país para llegar a su destino final.  Así tenemos que el proyecto del Anillo Energético prevé gas de Camisea, haciendo tránsito por el norte de Chile, abastezca esa región, continúe por el norte argentino y eventualmente llegue a Paraguay y Uruguay.  El gasoducto de Venezuela a la Argentina, contempla que gas venezolano atraviese Brasil para llegar al Uruguay y finalmente a la Argentina.  Gas boliviano para Uruguay tendría que hacer tránsito por la Argentina.  Estos gasoductos de segunda generación, plantearán a nuestros países problemas que hasta la fecha no habíamos enfrentado, y que a raíz de las dificultades que se ha tenido en Europa, con la provisión de gas ruso para Europa que fue retenido en Ucrania, como país de tránsito, se han convertido en problemas de gran importancia y actualidad.


En forma resumida, la concreción de estos sistemas de gasoductos, que denomino de segunda generación, deberá solucionar aspectos como libre tránsito, libre acceso, seguridad de abastecimiento, respeto a las legislaciones nacionales, sistemas de control y coordinación, sanciones y acciones remediales en caso de interrupción en la provisión de origen, en problemas en el país de tránsito y naturalmente en el cumplimiento de las obligaciones del mercado del país final.


Todo lo sucintamente descrito tendría que desembocar en un complejo y elaborado tratado de relaciones energéticas internacionales entre los países involucrados.


Dentro de esas líneas generales
la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), y otros organismos como el Banco Mundial y BID, están empeñados en que se logre acordar la elaboración de la Carta Energética de Latino América y el Caribe.


Esos complejos temas deberán ser abordados en Santa Cruz en Septiembre, que no está lejos en el tiempo.
 


 

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