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Ing. Carlos Miranda |
Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco
Analista energético
No obstante que como fruto de una contienda bélica
perdimos nuestra salida soberana al Océano Pacífico, en
ningún momento se ha pensado en Bolivia recuperar ese
acceso por las armas. Bolivia es un país de paz.
Por esa vocación, se
intenta lograr nuestro retorno al mar por vía de la
diplomacia.
En ese contexto, en 1956 se acordó y construyó el
oleoducto Sica Sica - Arica y la correspondiente
terminal (no puerto) de embarque en Arica. El oleoducto
Sica Sica - Arica no es un oleoducto de exportación a
Chile, es un ducto de exportación de producción
boliviana de petróleo a cualquier parte del mundo,
haciendo uso del derecho de libre tránsito. Chile, muy
ocasionalmente ha adquirido producción boliviana en
Arica.
La construcción de ese
oleoducto no fue acompañada de una cesión de territorio
chileno para Bolivia. Estrictamente hablando, ese
oleoducto fue una condición que Gulf Oil exigió antes de
ingresar en Bolivia. En tal sentido, siendo Gulf en
esos tiempos la tercera compañía petrolera del mundo, se
puede especular que ese proyecto hubiera sido
fuertemente apoyado por el Departamento de Estado de
USA. Las conseciones para la construcción del oleoducto
y todas sus instalaciones, más el libre tránsito para su
mantenimiento, fueron otorgadas al estado boliviano, que
las ejerce YPFB. Actualmente, no obstante la
capitalización, todo el ducto es propiedad de YPFB que
Transredes lo opera bajo contrato de administración.
Desde los fines del
Siglo XX, se inician dos procesos importantes. Chile,
con una gran creatividad y agresividad, se lanza a los
mercados de exportación para lo cual su nivel de
competitividad es fundamental. La competitividad en
términos actuales de comercio, no solo está dada por el
precio y calidad de los productos, sino además, que la
producción no haya sido acompañada por la degradación
del medio ambiente. Estas características se vuelven muy
importantes para la producción de cobre elaborado del
norte chileno que es altamente intensiva en el uso de la
energía.
Por estas razones, desde la década del 90, Chile empieza
a incorporar el gas natural como combustible,
desplazando al carbón y derivados del petróleo. Es así
que para el 2004, 25% del total de la energía que
consume Chile es en base al gas natural, que era
suministrado por producción argentina. En el norte de
Chile el gas natural proveía el 85% de la energía que se
consume.
Casi simultáneamente,
también desde la década del 90, los descubrimientos de
gas en Bolivia adquirieron magnitudes que colocan a
nuestro país como poseedor de las mayores reservas de
gas en el Cono Sur, con perspectivas de que puedan ser
mayores en el futuro. Por estas realidades se gestó el
fallido proyecto de exportar gas liquificado (LNG) por
la costa chilena. Concidentemente, la producción
argentina dejó de satisfacer su demanda interna,
situación sin visos de ser solucionada a mediano ni a
largo plazo. En síntesis, el norte chileno recibe cada
día menos gas argentino. Probablemente por estas
razones se formuló la estridente política nacional de
“ni una molécula de gas boliviano para Chile”, si
cualquier provisión de gas natural no era acompañada de
una cesión de territorio para Bolivia.
La realidad. La
producción chilena no se ha paralizado por falta de gas
argentino. Chile ha retornado al uso del carbón y
derivados de petróleo, con los consecuentes efectos
adversos en la competitividad de sus productos por los
precios altos del petróleo y la contaminación que se
ocasiona con ellos y con el carbón. Por estas razones
Chile importará LNG de ultramar para su zona central.
Para el norte, como el gas era para generar
electricidad, ha estado tratando de importar gas de
Camisea por gasoducto. Frente a ese proyecto, lesivo a
nuestras aspiraciones de reivindicación marítima, se
anuncia el estar en estudio generar electricidad con gas
en Bolivia para proveer al norte chileno entre otros.
Pero los tiempos
políticos han cambiado por la naturaleza de nuestro
gobierno y la ascensión de la Sra. Bachelet.
Podríamos fácilmente, y sin grandes inversiones,
abastecer el gas necesario para las plantas
termoeléctricas en el norte de Chile. Mantenernos en
esa posición tiene el atractivo de no exportar gas sin
valor agregado, pero sería una solución con visión a
corto plazo. El oeste boliviano, norte de Chile y sur
del Perú, no obstante ser áreas deprimidas, tienen todas
las condiciones para que esa región pueda convertirse en
un gran centro industrial petroquímico y de química
inorgánica si puede contar con un abastecimiento
ininterrumpido de energía limpia como es el gas
boliviano. Repito, los tiempos políticos en Bolivia y
Chile están cambiando y a corto plazo se anticipa suceda
lo mismo en el Perú. Todo parecería señalar que con los
nuevos tiempos políticos, se pueda estructurar un
proceso de retorno al mar con beneficios para Bolivia,
Chile y Perú.
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