Hidrocarburos bolivianos en el Pacífico     

 

Abril de 2006     

 

Ing. Carlos Miranda

Por: Ing. Carlos Miranda Pacheco

                 Analista energético

 

No obstante que como fruto de una contienda bélica perdimos nuestra salida soberana al Océano Pacífico, en ningún momento se ha pensado en Bolivia recuperar ese acceso por las armas.  Bolivia es un país de paz.


Por esa vocación, se intenta lograr nuestro retorno al mar por vía de la diplomacia.


En ese contexto, en 1956 se acordó y construyó el oleoducto Sica Sica - Arica y la correspondiente terminal (no puerto) de embarque en Arica. El oleoducto Sica Sica - Arica no es un oleoducto de exportación a Chile, es un ducto de exportación de producción boliviana de petróleo a cualquier parte del mundo, haciendo uso del derecho de libre tránsito. Chile, muy ocasionalmente ha adquirido producción boliviana en Arica.


La construcción de ese oleoducto no fue acompañada de una cesión de territorio chileno para Bolivia.  Estrictamente hablando, ese oleoducto fue una condición que Gulf Oil exigió antes de ingresar en Bolivia.  En tal sentido, siendo Gulf en esos tiempos la tercera compañía petrolera del mundo, se puede especular que ese proyecto hubiera sido fuertemente apoyado por el Departamento de Estado de USA.  Las conseciones para la construcción del oleoducto y todas sus instalaciones, más el libre tránsito para su mantenimiento, fueron otorgadas al estado boliviano, que las ejerce YPFB.  Actualmente, no obstante la capitalización, todo el ducto es propiedad de YPFB que Transredes lo opera bajo contrato de administración.


Desde los fines del Siglo XX, se inician dos procesos importantes.  Chile, con una gran creatividad y agresividad, se lanza a los mercados de exportación para lo cual su nivel de competitividad es fundamental.  La competitividad en términos actuales de comercio, no solo está dada por el precio y calidad de los productos, sino además, que la producción no haya sido acompañada por la degradación del medio ambiente. Estas características se vuelven muy importantes para la producción de cobre elaborado del norte chileno que es altamente intensiva en el uso de la energía.


Por estas razones, desde la década del 90, Chile empieza a incorporar el gas natural como combustible, desplazando al carbón y derivados del petróleo.  Es así que para el 2004, 25% del total de la energía que consume Chile es en base al gas natural, que era suministrado por producción argentina.  En el norte de Chile el gas natural proveía el 85% de la energía que se consume.


Casi simultáneamente, también desde la década del 90, los descubrimientos de gas en Bolivia adquirieron magnitudes que colocan a nuestro país como poseedor de las mayores reservas de gas en el Cono Sur, con perspectivas de que puedan ser mayores en el futuro.  Por estas realidades se gestó el fallido proyecto de exportar gas liquificado (LNG) por la costa chilena.  Concidentemente, la producción argentina dejó de satisfacer su demanda interna, situación sin visos de ser solucionada a mediano ni a largo plazo.  En síntesis, el norte chileno recibe cada día menos gas argentino.  Probablemente por estas razones se formuló la estridente política nacional de “ni una molécula de gas boliviano para Chile”, si cualquier provisión de gas natural no era acompañada de una cesión de territorio para Bolivia.


La realidad.  La producción chilena no se ha paralizado por falta de gas argentino.  Chile ha retornado al uso del carbón y derivados de petróleo, con los consecuentes efectos adversos en la competitividad de sus productos por los precios altos del petróleo y la contaminación que se ocasiona con ellos y con el carbón.  Por estas razones Chile importará LNG de ultramar para su zona central.  Para el norte, como el gas era para generar electricidad, ha estado tratando de importar gas de Camisea por gasoducto.  Frente a ese proyecto, lesivo a nuestras aspiraciones de reivindicación marítima, se anuncia el estar en estudio generar electricidad con gas en Bolivia para proveer al norte chileno entre otros.


Pero los tiempos políticos han cambiado por la naturaleza de nuestro gobierno y la ascensión de la Sra. Bachelet.


Podríamos fácilmente, y sin grandes inversiones, abastecer el gas necesario para las plantas termoeléctricas en el norte de Chile.  Mantenernos en esa posición tiene el atractivo de no exportar gas sin valor agregado, pero sería una solución con visión a corto plazo.  El oeste boliviano, norte de Chile y sur del Perú, no obstante ser áreas deprimidas, tienen todas las condiciones para que esa región pueda convertirse en un gran centro industrial petroquímico y de química inorgánica si puede contar con un abastecimiento ininterrumpido de energía limpia como es el gas boliviano.  Repito, los tiempos políticos en Bolivia y Chile están cambiando y a corto plazo se anticipa suceda lo mismo en el Perú.  Todo parecería señalar que con los nuevos tiempos políticos, se pueda estructurar un proceso de retorno al mar con beneficios para Bolivia, Chile y Perú.

 


 

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