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Gas a Chile: Una opción abierta para el gobierno de Evo Morales
Edwin Miranda V.
Energy Press - La Paz
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Chile y Bolivia, en los albores del siglo XXI, asumen mutua conciencia que son socios y aliados naturales que pueden encontrar una complementariedad en negocios de diversa índole, pero fundamentalmente en el área energética.
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Cinco años después de los luctuosos
acontecimientos del 17 de octubre de 2003
–que terminaron con el deceso de 67 personas
y la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada a
la Primera Magistratura de la Nación- el
Gobierno del Presidente, Evo Morales Ayma,
señala que Chile es una opción abierta para
“…hacer buenos negocios…” con la exportación
de gas natural siempre y cuando la demanda
marítima tenga resultados expectables para
los intereses del país, señala el Ministro
de Hidrocarburos y Energía, Saúl Ávalos.
“…no tenemos inadversión (por) nadie, pero
con Chile tenemos que trabajar, estamos en
la línea de hacer buenos negocios…”, dice la
autoridad energética.
¿Cómo hacer buenos negocios con Chile? ¿Bajo
qué condiciones? Durante el año 2005 y en
sus encuentros con el saliente presidente,
Ricardo Lagos, Evo Morales relanzó la
política de “confianza mutua y diálogo
pragmático sin exclusiones con Chile”; luego
en el 2006, mediante conversaciones
informales lideradas por el Cónsul boliviano
en Chile y hombre de confianza de Evo
Morales, José Enrique Pinelo, Bolivia habría
propuesto que una empresa filial de la
estatal YPFB, se asocie con alguna de las
operadoras eléctricas de Chile, “Gas
Atacama” (de propiedad de Endesa y CMS
Energy) o con el “Grupo Suez Energy”, socio
junto a la Corporación Nacional del Cobre de
Chile-Codelco, de las operadoras eléctricas
Edelnor y Electroandina.
El plan que puso en marcha Morales habría
consistido en adquirir las acciones de
Codelco por 800 millones de dólares,
pagándolas con producción de gas natural que
tenga su origen en Tarija para el “Sistema
Interconectado del Norte Grande” chileno.
Sin embargo, esta alternativa boliviana no
fue apoyada por el gobierno de Michelle
Bachelete, pero en un giro inesperado,
propició que Bolivia ya no mantuviera su
tesis excluyente de “gas por mar”. Más bien,
comenzaron a tomar forma otras perspectivas
de solución integral, como el uso de las
aguas del Lago Poopó de Bolivia en beneficio
del Norte chileno. Sin dejar de lado, la
reformulación del proyecto para proveer gas
de Bolivia al “Sistema Interconectado del
Norte Grande” chileno.
Pero eso no es todo. Está en plena ejecución
el proyecto vial que prevé la pronta
conclusión del corredor bioceánico que
uniría a lo largo de 4.000 Km. el Puerto de
Santos en Brasil con territorio boliviano y
de allí, con los puertos de Arica e Iquique;
proyecto confirmado como prioritario por los
cancilleres de Chile y Brasil en una reunión
en Brasilia durante agosto del 2007, luego
que el gobierno boliviano anunciara que este
primer corredor estará terminado con una
inversión de 355 millones de dólares en
diciembre del 2008, en lo correspondiente a
la parte boliviana, conocida como “Corredor
Este-Oeste”: Puerto Suárez- San José de
Chiquitos- Santa Cruz- Chimoré -Villa Tunari-
Cochabamba-Oruro con ruta a Huachacalla -
Pisiga y hacia el puerto de Iquique, y otra
ruta de Oruro hacia Patacamaya-Tambo Quemado
con dirección hacia Arica. Uniendo de este
modo, los mercados del Atlántico con el
Pacífico por los puertos de Chile y no por
Matarani e Ilo en el Perú. Sobre el tema
“…la (construcción de la) carretera
trinacional es un mensaje claro…”, dice
Ávalos para mostrar con evidencias que el
gobierno actual busca preservar intereses
nacionales mirando integración sudamericana
y resultados geopolíticos en la región a
partir de estrechar vínculos económicos con
Chile.
Más preciso aún, el ministro afirma: “…no
vamos a decir no, pero tampoco si, pero hay
buen ánimo, cordialidad y queremos
profundizar; y en breve tiempo (quizá)
tengamos la sorpresa de (anunciar a) Bolivia
(que) ha recuperado su mar…”
¿Cambio de actitud?, ¿Chile un aliado de
Morales? Está claro que la visión es
distinta y el gobierno mira a la nación
transandina con ojos diferentes. “…una cosa
es clara, fuera de Venezuela, Cuba y Brasil,
el gran amigo de Evo es Chile…”, afirma, sin
temor al equívoco, el experto en
hidrocarburos, Carlos Miranda Pacheco, a
propósito de la mano amiga que se estrechan,
desde el 2006, Evo y Bachelete.
Sobre la base de estas premisas, los
gobiernos de Bolivia y Chile llevan a cabo
negociaciones oficiales pero reservadas con
una agenda de 13 puntos, que incluyen temas
como la integración energética, vial,
fronteriza, social, cultural y comercial,
así como el caso del Río Silala, y asuntos
de Seguridad y Defensa, entre otros. Todo
ello con una meta concreta: desarrollando la
tesis chilena del “Cordón Energético Vital”,
buscar una solución a la mediterraneidad
boliviana y a la angustiante falta de
energía y agua del Norte chileno, teniendo
como base un espacio de integración geo-económica
regional. Por lo pronto, todo indica que
Bolivia avanza en sus tratos con Chile,
cambiando su controversial aspiración de:
“Acceso soberano al Océano Pacífico, por:
“Acceso al Océano Pacífico con máxima
libertad”.
Una de las propuestas de la Administración
Bachelet consistiría en habilitar para
Bolivia, el puerto de Iquique sin soberanía,
pero con facilidades aduaneras y jurídicas
junto a almacenes en la zona de Alto
Hospicio-Iquique; además, potenciarían el
uso del ferrocarril Arica-La Paz, el cual
sería complementado incluso con facilidades
para Bolivia en los puertos chilenos de
Antofagasta y de Arica. Empero, ambos países
aún no descartan el escenario trilateral,
consultando al Perú; por lo que el acceso
marítimo, mediante un corredor de 10 km. de
ancho y 160 km. de largo desde Bolivia hasta
el Norte de Arica, aunque poco probable
sigue vigente, enfrentando un gran
obstáculo: la controversia marítima entre el
Perú y Chile.
Según Miranda, Bolivia necesita abrir una
tercera vía de mercado que tiene un nombre:
Chile. Para el experto el país es presa, en
estos momentos de dos países: Brasil y la
Argentina. “…sino podemos salirnos de estos
países en estos momentos somos presa de
ambos compradores y el momento que se pongan
de acuerdo, estamos listos, aunque igual nos
tienen bastante apretados (ambos) porque no
tenemos a quien más vender el gas…” dice.
Debe saber la población que “…sin el gas no
hay petróleo, sin el gas el país se queda
realmente con problemas monumentales y por
lo tanto debemos buscar una tercera
alternativa y ese debe ser el objetivo de
hacer realidad el proyecto GNL (Gas Natural
Licuado)…”, añade el consultor
internacional.
EL AÑO 2003, CHILE ERA ENEMIGO
La situación era diferente el 17 de
octubre de 2003. Ese año La Federación de
Juntas Vecinales (Fejuve) de la ciudad de El
Alto inicio y condujo el paro cívico
indefinido que echo del poder al ex
presidente de la República, Gonzalo Sánchez
de Lozada, después que se desato una
rebelión social bajo el denominativo de “La
Guerra del Gas”, nombre que se dio a los
conflictos de octubre de 2003 relacionados a
la exportación de gas natural de Bolivia a
EEUU y México por un puerto ubicado en
Chile.
Las demandas que precipitaron el estallido
social exigían parar la exportación del gas
natural hasta que exista una política para
abastecer el mercado interno, tengamos la
seguridad de ingresos millonarios por cada
BTU´s vendido; la convocatoria a una
Asamblea Constituyente y un Referéndum
vinculante (de cumplimiento obligatorio)
para decidir que hacemos con el gas natural.
Sin quererlo, el conflicto social de octubre
de 2003, trajo serios perjuicios para
Bolivia en materia de negocios energéticos
mientras que abrió ventajas inmejorables
para el Perú, en ambos casos, con el
propósito de exportar gas por ultramar a
México y los Estados Unidos a través de la
tecnología Gas Natural Licuado (GNL),
proyecto ambicioso en los cuales nuestro
país, hasta entonces, llevaba amplia ventaja
no sólo tecnológica, sino también,
económica.
¿Qué sucedió?, jugaron intereses
geopolíticos en la región mientras en
Bolivia la convulsión política y social se
llevaba lo más preciado de un país:
estabilidad y certidumbre en materia
energética.
Los antecedentes históricos de lo que
sucedió esos meses es el siguiente.
Accediendo a un pedido del gobierno de
Bolivia, el Perú formuló en el 2002 un
planteamiento integral para el proyecto de
desarrollo de su riqueza gasífera a través
de territorio y puerto peruanos; sin
embargo, antes de las nacionalizaciones de
Evo Morales, el 1 de mayo de 2006, ya
existía un compromiso firmado por el Estado
boliviano para la venta de gas, construyendo
un gasoducto desde los campos gasíferos de
Tarija en Bolivia, hasta el puerto chileno
de Patillos, donde se instalaría una planta
de licuefacción de gas.
El gas procesado, sería transportado después
en barcos metaneros hasta un puerto de
Estados Unidos, donde se re-gasificaría para
luego ser trasladado por la distribuidora
norteamericana “Sempra” a través de ductos
hasta el Estado de California. Este proyecto
-cancelado por Evo Morales- de unos 6 mil
millones de dólares, del consorcio Pacific
LNG, conformado por British Gas, British
Petroleum y Repsol YPF, preveía la
exportación de 36 millones de pies cúbicos
de gas diarios hasta el mercado
estadounidense, durante 20 años. Y es
altamente probable, que incluyera una futura
provisión de gas al necesitado Norte
chileno, en el marco de una solución para la
mediterraneidad boliviana, bajo la tesis
chilena del “Cordón Energético Vital”. Dicho
proyecto sin embargo colisiono con los
intereses nacionales del Perú, al
representar una competencia para el gas
peruano en mercados del continente
norteamericano, mientras potenciaría el
sector productivo del Norte chileno y
crearía una fuerte interrelación energética
chileno-boliviana-estadounidense, al margen
del Perú.
No obstante, en septiembre del 2007 surgió
una nueva realidad: la propuesta de la
hispano argentina Repsol YPF fue aceptada
por la Comisión Federal de Electricidad de
México, para abastecer con gas de los campos
de Camisea en Perú, a la terminal de gas
natural del puerto de Manzanillo en México,
ubicado en la costa del Pacífico, alcanzando
hasta unos 80 millones de pies
cúbicos/diarios a partir del año 2010 y por
una duración de 15 años, estando valorizado
el megaproyecto, en unos 15 mil millones de
dólares.
El abastecimiento se realizará con el gas
procedente de la planta de licuefacción que
construye actualmente Perú LNG en Pampa
Melchorita, en el límite de los
departamentos de Lima e Ica, del que Repsol
YPF es comercializador en exclusiva. Además
de México, se prevé suministrar gas a
mercados de la costa americana del Pacífico
y a países asiáticos, pero no a Chile, por
cuanto, la actual controversia marítima
pendiente de solución entre dicho país y el
Perú, haría que esa posibilidad fuera
política y socialmente inviable, entre los
peruanos.
¿Quién gano? ¿Quién perdió?, la respuesta es
clara en ambos casos. Miranda realiza a
propósito del “sueño boliviano” que no fue
el siguiente análisis.
“…el proyecto Pacific LNG hubiera movilizado
la exploración y el desarrollo de nuevos
campos. En vez de estar produciendo, desde
el 2005 a un promedio de 40 MMmcd. la
producción de gas estaría bordeando los 70 a
80 MMmcd debido fundamentalmente a que el
proyecto exigía mandar a la costa, un
promedio de 30 MMmcd de gas. ¿Qué hubiera
significado esto?, al enviar tal cantidad de
gas, habríamos tenido la necesidad de
procesar también más líquidos (petróleo) lo
que implicaba no sólo construir un
gasoducto, sino también, un oleoducto. Para
satisfacer éste crecimiento de gas y
líquidos, el país tenía además que construir
un nueva estación de refino que a su vez
necesitaría una planta termoeléctrica para
alimentar con energía el funcionamiento de
la planta de gas y la refinadora que
pensábamos ponerla en marcha. En síntesis,
hubiéramos tenido un complejo industrial
impresionante en la costa del Pacífico,
hubiéramos estado a la orilla del mar una
vez más…”
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