En las ultimas décadas, los sucesivos gobiernos, que
pasaron por el Palacio Quemado, han planteado diferentes
planes y proyectos para salir de la pobreza, planteando
estrategias de desarrollo que se apoyaban, las más de
las veces, en esquemas cerrados, como por ejemplo,
incrementar las exportaciones de materias primas, librar
la economía a las fuerzas del mercado, capitalizar y
luego privatizar las empresas del Estado, limitar la
responsabilidad de este, sólo al campo de la seguridad
ciudadana, educación y salud, o según el actual
Gobierno, concentrar las fuerzas productivas
mayoritariamente en las manos del Estado planificador,
promotor, ejecutor y controlador.
Todos estos esquemas
han sido probados en Bolivia, sin poder salir del
círculo de la pobreza. No es nuestra intensión
profundizar sobre los esquemas de gobernar, pero sí
puntualizar, que bajo cualquier forma de gobierno, el
país debe industrializar sus bastos recursos naturales,
además de otras áreas de la actividad productiva como el
sector agropecuario, el sector forestal y la gran
minería, para citar los más importantes.
El esfuerzo desplegado por nuestros vecinos en este
sentido, les ha posibilitado ofrecer mejores condiciones
de vida a su población, creando fuentes de empleo que
les brindó el oxigeno para su permanente desarrollo, en
contraposición con nuestra realidad, donde primó siempre
el esquema primario y rentista de exportar la materia
prima, sin procesar y darle algún valor agregado que
permita lograr mejores precios al producto vendido.
Desarrollar una
verdadera política de desarrollo progresivo en el campo
industrial, reviste una importancia fundamental, si en
verdad se quiere salir del subdesarrollo. En nuestro
caso, siendo Bolivia un país con tan increíbles y
diversas riquezas naturales, el hecho de
industrializarlas o no, equivale a seguir siendo un país
pobre y subdesarrollado o, finalmente, iniciar el camino
de su desarrollo y lograr ser un país rico si se
concreta esta industrialización en algunas áreas,
mencionando solo, para no complicar el análisis, el
campo agropecuario, forestal, minero y de los
hidrocarburos.
El actual Gobierno, en
su campaña electoral, planteó entre sus puntos centrales
de acción, la nacionalización de los Hidrocarburos, la
instauración de la Asamblea Constituyente, la reforma de
la tenencia de Tierras y la industrialización de los
Hidrocarburos, que aquí solo hacemos referencia para
puntualizar que se han dado pasos significativos (para
bien o para mal), en todos los puntos mencionados, pero
no así en el campo de la industrialización, donde no se
ven acciones concretas de realización, a no ser de
pomposos enunciados en este sentido. Esperamos con
verdadera ansiedad, que pronto se logre revertir esta
situación.
En lo que se refiere a
la industrialización de los hidrocarburos, el tema
presenta características de una coyuntura favorable de
los mercados sedientos de energía, y que bien puede
apoyarse en los recursos que está dejando la exportación
del gas. Para ello, urge definir primero, los precios de
exportación del gas con los países con los que se
mantienen relaciones contractuales en este sentido,
además de la definición de las condiciones de operación
de las empresas que actúan en el medio. Esperamos ver
pronto, en la mesa de negociaciones, proyectos de
exportación de Energía Eléctrica, Metanol, DMG,
Petroquímica, GTL y otros del rubro.
Es sabido por la
opinión publica, el hecho que por el Ministerio de
Hidrocarburos y por las oficinas centrales de YPFB, se
ha realizado un verdadero desfile de empresas e
interesados, que han dejado en los respectivos
escritorios, varios proyectos y ofrecimientos para
realizar sociedades con el estado boliviano, para
activar en el campo de la industrialización del gas,
especialmente en los proyectos de conversión del gas a
líquidos (GTL) y construcción de centrales para generar
y exportar energía eléctrica (Brasil, Paraguay,
Argentina, Chile y Perú).
Es importante asignarle
recursos a YPFB para que pueda participar del proceso de
industrialización como socio activo de los proyectos,
pero estos recursos deben ser asignados por ley y no de
forma aleatoria.
Esperamos que las
varias señales negativas que se han trasmitido al
mundo, no impidan la realización de estos proyectos,
que en el breve plazo, pueden cambiar completamente la
economía del país. Más bien somos optimistas, y
esperamos que en la balanza de opinión, pese más las
cosas positivas, que a cuenta gotas, asoman en el
horizonte de la Nación.
