Construir puentes, no trincheras

 

Editorial 303

24/07/2006     

 

El pasado 16 de Julio, tuvimos el honor de ser invitados por Don Jorge Nuñez del Prado (dilecto amigo y eterno motivador del que escribe estas líneas), a la inauguración de la Plaza La Paz, localizada en el barrio Urbarí de nuestra ciudad. Este ilustre personaje es considerado por los propios residentes paceños en Santa Cruz, uno de los representantes más distinguidos de la paceñidad en esta ciudad, por ser portador de una orgullosa trayectoria comercial y familiar de más de cincuenta años en tierras cruceñas, conocedor como pocos del flujo migratorio del interior del país a estas tierras grigotanas, y habiendo aportado con su esfuerzo, trabajo, hijos, nietos, amigos e innumerables fuentes de trabajo, al progreso de la tierra que lo acogió con cariño, y de la que se enamoró desde su juventud.


En palabras de circunstancias, en el acto de inauguración de la plaza, Don Jorge reflexionó con los presentes el sentido de la integración de los pueblos de Bolivia, hoy amenazada por intereses políticos sectoriales, que están provocando el enfrentamiento entre las regiones de occidente con las de oriente. Esta situación contrasta con el espíritu que trasmite Santa Cruz, cuando recibe con los brazos abiertos a una migración creciente y necesitada de cobijo, trabajo y oportunidades de vida que, en la mayoría de los casos, encuentran aquí. Citó como ejemplo de lo expresado, su propia vivencia, como la de la mayoría de los presentes, a los que se dirigió con sus nombres, haciendo una reflexión que conmovió a todos, en el sentido de luchar por esa integración nacional, que se trasmite con fervor desde Santa Cruz hacia todo el país.
A su turno, la presidenta del Comité Cívico Femenino de Santa Cruz, Ruth Lozada de Pareja expreso el sentir de la institución que representa, afirmando, muy suelta de palabras, la alegría de Santa Cruz de celebrar junto a los residentes paceños, las fiestas julianas en conmemoración de la efemérides de La Paz, ya que la migración de ese departamento, significa un aporte al desarrollo cruceño, destacando que todos debemos trabajar por la integración y unión de los pueblos de Bolivia. Ese el sentir de los cruceños… ¡allá de quien o quienes quieran tergiversar este sentimiento! (…)


En días pasados, el Comité Pro Santa Cruz, emitió un comunicado a todos los habitantes del Departamento de Santa Cruz, fijando su posición de “respeto absoluto a quienes llegaron a nuestro suelo desde los distintos rincones del país, así como de diversos países de América y el mundo, en busca de cobijo, hogar, trabajo y bienestar, considerándolos tan cruceños como los nacidos en nuestro departamento, con los mismos derechos y  obligaciones, respetando sus costumbres, tradiciones y cultura que enriquecen la nuestra, considerando además, que gracias al trabajo y esfuerzo mancomunado, hacemos juntos, cada día más grande esta tierra que nos acoge y nos nombra. Que se sepa, que cruceños somos todos, absolutamente todos quienes nos sentimos originarios de la vida y la libertad.”


En ese contexto, siguiendo el impulso de visionarios, la CAINCO promovió encuentros entre El Alto y Santa Cruz, que muchos creían antagónicos, realizándose un emocionante proceso de diálogo y acercamiento entre ambas ciudades, que ha dejado claro, que las necesidades y aspiraciones de los bolivianos son las mismas, y por tanto, las soluciones deben ser construidas por todos y cada uno de sus ciudadanos. Lo importante es convertirse en agentes del cambio y lograr vivir en armonía y complementación mutua, en un ambiente de recíproco respeto y apoyo. Por ultimo, con estas bases, presentó al Gobierno y a la nación su propuesta de “Visión País”, que es una “luz de esperanza, para los que creen que el diálogo es mejor que la confrontación, simplemente si se tiene el valor de escuchar y hablar con el corazón en la mano, despojándose de todo prejuicio e interés personal.”


Estas reflexiones y actuaciones de nuestras autoridades locales, que compartimos plenamente,  nos impulsan a mirar a nuestro ser interior y reconocer que por nuestras venas circula sangre de constructor, pero de puentes de unión, no de trincheras para escondernos o protegernos de nuestros propios hermanos.


Lo que es deplorable, y en contraposición con este clima de trabajo, libertad y alegre convivencia, donde se aceptan todas las culturas, es que se intente imponer una visión de país andino a una región que no lo es, empujando a la reacción no deseada de la autodeterminación. Solo las instancias del diálogo, permitirán superar estas diferencias.
 

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