Promover los cambios, sepultar los odios…

 

Editorial 305

07/08/2006     

 

Nos encontramos en el mes aniversario de la patria, la que registra una vez más el embate del movimiento pendular de su historia política, en el momento mismo en que el mazo del péndulo, alcanzará un extremo, sin saberse si está vez se quedará incrustado en la pared encontrada, o si nuevamente, al cabo de un corto periodo de tiempo, volverá a iniciar su movimiento en el sentido contrario del que llegó, arrastrando consigo, a una nueva concepción política, opositora a la que representa el actual Gobierno. Y así una vez más.


Los últimos meses nos han deparado sorpresas debido a la permanente y penetrante actividad política, desplegada por el propio Gobierno y los sectores sociales que respaldan o provocan esta actividad, en un esfuerzo por llegar a la instancia de inaugurar la Constituyente con la fuerza partidaria necesaria para concretar los cambios buscados a la CPE.


Y es que verdaderamente, vivimos tiempos de cambios…, de profundas transformaciones, motivados por una mayoría que votó por el cambio, al ser insostenible cualquier intento por mantener una situación política y social sin intentar la búsqueda de alternativas, con nuevos aires y fundamentalmente de nuevos actores. El rechazo a la concentración del poder, a la burocracia corrupta, a la presencia de caudillos o líderes de barro, al liderazgo mal llevado de los partidos políticos que no pudieron dar respuestas a las necesidades de las mayorías, a la desesperación de vivir en permanente miseria, a una clase dirigente que excluyó por siempre a las mayorías, otorgando sus derechos de a poco, luego de revoluciones o enfrentamientos sociales que pelearon por míseros espacios de conquistas sociales.  Por estas razones, y muchas más, el cambio se produce por imposición soberana del pueblo, en una votación sin precedentes, instalando en el Palacio Quemado, a un gobierno que asumía la responsabilidad, de llevar adelante, las transformaciones que se esperan concretar. Con la esperanza de unos y el temor de otros.


Ese aire fresco, esperanzador y renovador, contrasta con muchas de las ultimas actuaciones del Gobierno y, fundamentalmente, con algunas intervenciones de sus máximos representantes, que adquirieron la práctica permanente de regalarnos discursos cargados de resentimientos, odios y frustraciones, emitidos en tonos fuera de lugar, agrediendo a sus destinatarios, en una clara intencionalidad  de enfrentamiento. El avasallamiento a la propiedad privada, flameando la whipala buscando una impunidad inadmisible, o la toma de instalaciones petroleras con apoyo militar,  en un despliegue mediático procurando réditos políticos, descartando instancias legales para concretar estas aspiraciones del pueblo boliviano, están dejando sus huellas en el pensamiento y sentir de los ciudadanos, incluso de los que votaron a favor de este  Gobierno.


El intento de convertir el sistema educativo en un instrumento de difusión ideológica del indigenismo quechua - aimara, desconociendo otras culturas y lenguas, la intensión de romper esquemas de instrucción religiosa en los colegios y otras tantas, con el firme propósito de lograr concretar reivindicaciones o cambios sin límites, nos puede llevar al caos total, porque el modelo de sociedad propuesto, no es aceptado por un porcentaje muy alto, quizá mayoritario,  de la sociedad boliviana.


La reflexión se apoya en la CPE que diseña Bolivia como multiétnica y pluricultural, sin exclusiones pero también sin odios ni rencores. Este es el gran desafío que se le presenta a la Constituyente, al tener la gran responsabilidad de diseñar el modelo de Estado que más convenga, procurando acercamientos entre todos y no encumbrando dirigencias sin visión, producto de esquemas de gobierno alejados de nuestra realidad, anunciadas con tanto ruido cuando el mazo del péndulo choca tanto en uno como en el otro extremo. Entre estas dos posiciones extremas, hay otras que nos pueden servir. Confiamos que nuestros asambleístas serán capaces de encontrar los  puntos de consenso.


Nos preparamos a vivir un proceso democrático de gran importancia para la vida del país. Quizá el más importante de su historia moderna. Tan solo es de esperar, que se imponga el dialogo, frenando pasiones y eludiendo o  rechazando totalitarismos o imposiciones,  vengan de donde vengan. 
Nuestra democracia está en juego.

 

Cerrar Ventana