Nos encontramos en el mes aniversario de la patria, la
que registra una vez más el embate del movimiento
pendular de su historia política, en el momento mismo en
que el mazo del péndulo, alcanzará un extremo, sin
saberse si está vez se quedará incrustado en la pared
encontrada, o si nuevamente, al cabo de un corto periodo
de tiempo, volverá a iniciar su movimiento en el sentido
contrario del que llegó, arrastrando consigo, a una
nueva concepción política, opositora a la que representa
el actual Gobierno. Y así una vez más.
Los últimos meses nos
han deparado sorpresas debido a la permanente y
penetrante actividad política, desplegada por el propio
Gobierno y los sectores sociales que respaldan o
provocan esta actividad, en un esfuerzo por llegar a la
instancia de inaugurar la Constituyente con la fuerza
partidaria necesaria para concretar los cambios buscados
a la CPE.
Y es que verdaderamente,
vivimos tiempos de cambios…, de profundas
transformaciones, motivados por una mayoría que votó por
el cambio, al ser insostenible cualquier intento por
mantener una situación política y social sin intentar la
búsqueda de alternativas, con nuevos aires y
fundamentalmente de nuevos actores. El rechazo a la
concentración del poder, a la burocracia corrupta, a la
presencia de caudillos o líderes de barro, al liderazgo
mal llevado de los partidos políticos que no pudieron
dar respuestas a las necesidades de las mayorías, a la
desesperación de vivir en permanente miseria, a una
clase dirigente que excluyó por siempre a las mayorías,
otorgando sus derechos de a poco, luego de revoluciones
o enfrentamientos sociales que pelearon por míseros
espacios de conquistas sociales. Por estas razones, y
muchas más, el cambio se produce por imposición soberana
del pueblo, en una votación sin precedentes, instalando
en el Palacio Quemado, a un gobierno que asumía la
responsabilidad, de llevar adelante, las
transformaciones que se esperan concretar. Con la
esperanza de unos y el temor de otros.
Ese aire fresco,
esperanzador y renovador, contrasta con muchas de las
ultimas actuaciones del Gobierno y, fundamentalmente,
con algunas intervenciones de sus máximos
representantes, que adquirieron la práctica permanente
de regalarnos discursos cargados de resentimientos,
odios y frustraciones, emitidos en tonos fuera de lugar,
agrediendo a sus destinatarios, en una clara
intencionalidad de enfrentamiento. El avasallamiento a
la propiedad privada, flameando la whipala buscando una
impunidad inadmisible, o la toma de instalaciones
petroleras con apoyo militar, en un despliegue
mediático procurando réditos políticos, descartando
instancias legales para concretar estas aspiraciones del
pueblo boliviano, están dejando sus huellas en el
pensamiento y sentir de los ciudadanos, incluso de los
que votaron a favor de este Gobierno.
El intento de convertir
el sistema educativo en un instrumento de difusión
ideológica del indigenismo quechua - aimara,
desconociendo otras culturas y lenguas, la intensión de
romper esquemas de instrucción religiosa en los colegios
y otras tantas, con el firme propósito de lograr
concretar reivindicaciones o cambios sin límites, nos
puede llevar al caos total, porque el modelo de sociedad
propuesto, no es aceptado por un porcentaje muy alto,
quizá mayoritario, de la sociedad boliviana.
La reflexión se apoya en
la CPE que diseña Bolivia como multiétnica y
pluricultural, sin exclusiones pero también sin odios ni
rencores. Este es el gran desafío que se le presenta a
la Constituyente, al tener la gran responsabilidad de
diseñar el modelo de Estado que más convenga, procurando
acercamientos entre todos y no encumbrando dirigencias
sin visión, producto de esquemas de gobierno alejados de
nuestra realidad, anunciadas con tanto ruido cuando el
mazo del péndulo choca tanto en uno como en el otro
extremo. Entre estas dos posiciones extremas, hay otras
que nos pueden servir. Confiamos que nuestros
asambleístas serán capaces de encontrar los puntos de
consenso.
Nos preparamos a vivir
un proceso democrático de gran importancia para la vida
del país. Quizá el más importante de su historia
moderna. Tan solo es de esperar, que se imponga el
dialogo, frenando pasiones y eludiendo o rechazando
totalitarismos o imposiciones, vengan de donde vengan.
Nuestra democracia está en juego.
