Ayer, hoy y mañana

 

Editorial 306

14/08/2006     

 

“La vida es una combinación de la nostalgia del ayer, la emoción de hoy y la ilusión del mañana” reza un hermoso pensamiento del señor  Manoucher Shoaire que relacionamos con el sentir de gran parte de la ciudadanía nacional, por la situación que estamos viviendo en el país. Muchos, incluyendo el Gobierno, viven de la nostalgia del ayer, que lo recuerdan con dolor y pesar, otros (cada vez más), no sienten ninguna emoción por el hoy, pero otros ni perciben la ilusión del mañana y eso duele.


Esta situación ha sido una constante a lo largo de nuestra historia, salvo algunos veranitos que llegaron en determinado momento, pero que se esfumaron con la misma facilidad con que llegaron. Hoy, la incertidumbre en todos los planos del quehacer nacional, hace que la ansiedad en la ciudadanía tenga distintas respuestas.


Si la actual administración gubernamental despertó expectativas en algunos sectores de la población (excluimos obviamente a los eternos adulones), para lograr cambios de actuación, el discurso presidencial del pasado 6 de agosto no logró consolidar esta aspiración, pues no definió ni precisó los aspectos centrales que se deben definir, a pesar de las dos horas y más que ocupó en dirigirse al país, dejando en el aíre más dudas que definiciones. Para completar el panorama de imprecisiones, nos preguntamos como se van a desenvolver los 255 asambleístas, cuya mayoría no presenta la preparación necesaria para afrontar el desafío de “refundar” al país. Aún no comprendemos el alcance del término, y ante este desconocimiento, nos aferramos más a la idea de modernizar nuestra Constitución Política del Estado, pues el país ya se “fundó” hace 181 años.


Tenemos que mantener la ilusión del mañana, que solo se podrá dar en la medida en que sepamos cual el camino que tomaremos como nación, en lo colectivo y en lo personal. Esta claro también, que hay que dar al Gobierno el espacio necesario para que pueda clarificar sus propias ideas, que las debe trasmitir en forma clara, lo que no se ha dado hasta ahora. Las definiciones deben presentarse más temprano que tarde. Todo es rojo, pero también verde y para los que no lo entienden, también es azul. Ahora… ¿lo entiende?


¿Como sentir la emoción de hoy, cuando vemos que estamos retrocediendo en todo lo que significa la institucionalidad en la administración pública, donde la burocracia política - partidaria, estaba siendo vencida, por un proceso gradual de institucionalizar las reparticiones del Estado? - Se estaba dejando en el baúl de los recuerdos los odiados nombramientos a dedo, a favor de parientes cercanos, amigos o militantes del partido insertado en el poder. En contraposición aparece nuevamente en escena el “peguismo”, con el escándalo y repercusiones públicas conocidas y repudiadas por la opinión pública nacional. El intento de lograr un monopolio absoluto de los cargos públicos, por parte del partido gobernante, ¿motiva que vibremos de emoción por el hoy  que vivimos?


¿Será que la nostalgia del ayer, nos obliga a cambiar todo nuevamente, imponiendo un nuevo orden que fuerce a desechar todo lo viejo, sea bueno o malo? No todo lo de ayer fue bueno y hay que buscar los cambios, es cierto, pero ¿qué tan malos fueron los pasos del pasado mediato, que en el primer semestre de este año, impulsan un incremento de nuestras exportaciones nacionales en un 60%, con respecto al mismo periodo del año pasado, sin que en esta acción hubiera una participación gubernamental? Lo que tememos es que las dubitaciones en materia de comercio internacional nos hagan perder los mercados externos conquistados con mucho esfuerzo.


Si señor Shoaire, comparto su pensamiento: “La vida es una combinación de la nostalgia del ayer, la emoción de hoy y la ilusión del mañana.” La nostalgia del ayer no me obliga a llorar eternamente por la leche derramada, más bien me levanto en procura de llenar un vaso nuevo. Hoy por hoy, no siento gran emoción por lo que estamos viviendo, pero permítaseme, no perder la ilusión del mañana.

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