“La vida es una combinación de la nostalgia del ayer, la
emoción de hoy y la ilusión del mañana” reza un hermoso
pensamiento del señor Manoucher Shoaire que
relacionamos con el sentir de gran parte de la
ciudadanía nacional, por la situación que estamos
viviendo en el país.
Muchos, incluyendo el Gobierno, viven de la nostalgia
del ayer, que lo recuerdan con dolor y pesar, otros (cada
vez más), no sienten ninguna emoción por el hoy, pero
otros ni perciben la ilusión del mañana y eso duele.
Esta situación ha sido
una constante a lo largo de nuestra historia, salvo
algunos veranitos que llegaron en determinado momento,
pero que se esfumaron con la misma facilidad con que
llegaron. Hoy, la incertidumbre en todos los planos del
quehacer nacional, hace que la ansiedad en la ciudadanía
tenga distintas respuestas.
Si la actual
administración gubernamental despertó expectativas en
algunos sectores de la población (excluimos obviamente a
los eternos adulones), para lograr cambios de actuación,
el discurso presidencial del pasado 6 de agosto no logró
consolidar esta aspiración, pues no definió ni precisó
los aspectos centrales que se deben definir, a pesar de
las dos horas y más que ocupó en dirigirse al país,
dejando en el aíre más dudas que definiciones. Para
completar el panorama de imprecisiones, nos preguntamos
como se van a desenvolver los 255 asambleístas, cuya
mayoría no presenta la preparación necesaria para
afrontar el desafío de “refundar” al país. Aún no
comprendemos el alcance del término, y ante este
desconocimiento, nos aferramos más a la idea de
modernizar nuestra Constitución Política del Estado,
pues el país ya se “fundó” hace 181 años.
Tenemos que mantener la
ilusión del mañana, que solo se podrá dar en la medida
en que sepamos cual el camino que tomaremos como nación,
en lo colectivo y en lo personal. Esta claro también,
que hay que dar al Gobierno el espacio necesario para
que pueda clarificar sus propias ideas, que las debe
trasmitir en forma clara, lo que no se ha dado hasta
ahora. Las definiciones deben presentarse más temprano
que tarde. Todo es rojo, pero también verde y para los
que no lo entienden, también es azul. Ahora… ¿lo
entiende?
¿Como sentir la emoción
de hoy, cuando vemos que estamos retrocediendo en todo
lo que significa la institucionalidad en la
administración pública, donde la burocracia política -
partidaria, estaba siendo vencida, por un proceso
gradual de institucionalizar las reparticiones del
Estado? - Se estaba dejando en el baúl de los recuerdos
los odiados nombramientos a dedo, a favor de parientes
cercanos, amigos o militantes del partido insertado en
el poder. En contraposición aparece nuevamente en escena
el “peguismo”, con el escándalo y repercusiones públicas
conocidas y repudiadas por la opinión pública nacional.
El intento de lograr un monopolio absoluto de los cargos
públicos, por parte del partido gobernante, ¿motiva que
vibremos de emoción por el hoy que vivimos?
¿Será que la nostalgia
del ayer, nos obliga a cambiar todo nuevamente,
imponiendo un nuevo orden que fuerce a desechar todo lo
viejo, sea bueno o malo? No todo lo de ayer fue bueno y
hay que buscar los cambios, es cierto, pero ¿qué tan
malos fueron los pasos del pasado mediato, que en el
primer semestre de este año, impulsan un incremento de
nuestras exportaciones nacionales en un 60%, con
respecto al mismo periodo del año pasado, sin que en
esta acción hubiera una participación gubernamental? Lo
que tememos es que las dubitaciones en materia de
comercio internacional nos hagan perder los mercados
externos conquistados con mucho esfuerzo.
Si señor Shoaire,
comparto su pensamiento: “La vida es una combinación de
la nostalgia del ayer, la emoción de hoy y la ilusión
del mañana.” La nostalgia del ayer no me obliga a llorar
eternamente por la leche derramada, más bien me levanto
en procura de llenar un vaso nuevo. Hoy por hoy, no
siento gran emoción por lo que estamos viviendo, pero
permítaseme, no perder la ilusión del mañana.
