Entre autocríticas y proyecciones

 

Editorial 310

11/09/2006     

 

No se puede negar que Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), es la empresa boliviana más emblemática de cuantas fundó el Estado. Esta empresa es parte de la naturaleza del hombre boliviano, la mayoría la considera  parte del patrimonio nacional. Su historial, es producto de la propia historia de la Nación en las últimas seis décadas. El ciudadano de la calle la considera muy suya, es quizá la única empresa del Estado que despierta sentimientos nacionalistas tan profundos. El accionar de esta empresa depende por supuesto de los hidrocarburos y, entre ambos, han despertado sentimientos muy encontrados en la ciudadanía, liberando pasiones que desbordaron en las calles de nuestras ciudades.

Tuvo su periodo de oro. Desde sus inicios, YPFB, creció y se consolidó hasta convertirse en una institución vigorosa y altamente rentable, mostrando un desarrollo técnico y administrativo acorde con la época. Se convirtió en el soporte del Tesoro General de la Nación y orgullo del esquema empresarial del Estado. Pero llegaron los sacudones y presiones políticas, drenándole recursos e imponiéndole supernumerarios. Se la fue debilitando paulatinamente, provocando situaciones extremas que la llevaron al borde de la quiebra en varias ocasiones. Sufrió el embate de un proceso de capitalización que no cumplió su cometido por deficiencias de la letra chica en los contratos, pero que llevó a YPFB a su condición de residual. Años después (2006), despierta de su letargo, tras una propuesta de nacionalización de los hidrocarburos que, hasta el presente, no puede despegar, logrando solo poner “el carretón delante de los bueyes” y provocando una “sequía” preocupante de inversiones en el sector, pero le asigna a la petrolera estatal un nuevo rol, nuevas funciones muy distintas a las que le fijara el anterior proceso.

Para que YPFB pueda cumplir con los tremendos desafíos impuestos por el actual  proceso de nacionalización, se la debe dotar de los recursos financieros y del personal gerencial, técnico y administrativo adecuado que la industria exige, especialmente por el alto desarrollo tecnológico alcanzado por las empresas del sector  en los últimos años y por las grandes inversiones que cualquier desarrollo de esta industria demanda. Ni los profesionales sin actualización de la vieja guardia, ni los profesionales novatos le van a servir a YPFB si pretende manejar por sí el negocio. Peor aún si no cuenta con los recursos económicos necesarios.

El paso adelante se lo  ha dado con la designación de Juan Carlos Ortiz como nuevo presidente de la Institución Petrolera, marcado por una sensación de alivio generalizado en el sector, por las implicaciones de cambio que este nombramiento implica. El actual presidente proviene de una familia de tradición en la actividad petrolera y que conoce las aguas turbulentas por donde navega la empresa que preside. Esperamos ver en Ortiz, al líder con ideas propias que YPFB necesita y forme un equipo de gente seria, idónea, con experiencia y que sea capaz de llevar adelante los cambios que la empresa necesita,  equilibrando en la trinchera, las tremendas presiones que tendrá que soportar. Esperamos que afloren en Ortiz, las condiciones de manejo gerencial y liderazgo que requiere  el desafío de” refundar” YPFB.

En el campo empresarial, sería aconsejable que se limite las funciones de la empresa a participar en la   cadena de los negocios de los hidrocarburos, o mantener su rol de controlador y fiscalizador de la actividad hidrocarburífera en el país, pero no ambas. Todo indica que las funciones de YPFB se concentrarán en las primeras y es de esperar que se designe a otros, la tarea fiscalizadora. Y para que la empresa pueda ingresar a operar en todos los campos de la cadena, lo ideal sería que lo hiciera acompañado de terceras empresas, en una sociedad de equilibrio con la empresa privada (o estatales de países interesados en este esquema). No se excluye para nada las empresas internacionales que ya están operando en el país, sea en proyectos en actual desarrollo u otros  por desarrollar, especialmente en exploración y explotación y en forma muy especial en los proyectos de industrialización que aún están en fase de análisis.

La realidad actual del sector en el país, nos apunta al desafío de encontrar el adecuado equilibrio para que puedan convivir el Estado junto a los privados, satisfaciendo la demanda que tiene la población para que se incremente la participación del estado en la economía del país, atrayendo en beneficio propio, las condiciones de eficiencia y capital de la empresa privada que actúa en el sector.

 

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