Septiembre, mes de esperanza e illusion

 

Editorial 311

17/09/2006     

 

Septiembre, mes de la primavera, de las flores, del sol y del amor… mes de esperanza, mes de ilusión. Mes que invita a levantar la mirada y buscar en el horizonte el contorno de nuestro mañana con la fe puesta en nuestro futuro. Pero hoy, al levantar la mirada, lo que se ve es demasiado humo que cubre todo el panorama, como simbolismo de nuestro sentir y desazón. Y es que este es el sentir del hombre de la calle, del ciudadano común, que ve con  incertidumbre su futuro. El país también.

¿Cómo decidir de una buena vez, cuál el camino que conviene tomar como Nación en lo político social y económico, evitando repetir con frecuencia los mismos errores, para saltar arrepentidos a la acera del frente, para luego en corto tiempo, volver a saltar justo en el sentido inverso y así, sucesivamente, repitiendo con amargura los desaciertos cometidos?

Hoy, ya es generalizado el convencimiento que existen dos visiones distintas de cómo debería ser y proyectarse el país. Una deberá emerger triunfante, permitiendo compartir entre todos los bolivianos un solo proyecto, bajo el entendido que todos, como comunidad, tenemos derecho a expresarnos sobre tan importante tema. Pero no imponiendo principios ni ideas, sino consensuando… dialogando en libertad, expresando nuestros pensamientos liberados de presiones.

La primera visión, es la que siempre convivió entre nosotros, centralista, autoritaria, andina; la segunda, nueva, refrescante, esperanzadora, democrática y autonomista.

El partido en función de gobierno, ha elegido la primera, y en el tiempo que lleva ejerciendo el poder, ha logrado acumular antipatías, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, debido a sus reiterados desaciertos, faltando para sorpresa de propios y extraños a normas, contratos, leyes, regulaciones y personas. En procura de armar su proyecto de país, ha enfrentado a las regiones, no logra relacionarse plenamente con nuestros vecinos, y busca apoyo en aguas desconocidas. Se empeña en defender a ultranza la “democracia de la calle”. Quiere lograr el cambio imponiéndolo en forma radical y hasta violenta.

No es la forma, pues el cambio debe venir con el tiempo, en forma progresiva, permitiendo que las ideas evolucionen y perfeccionen. La propuesta autonomista que es “principio de unidad nacional y un valor democrático en si mismo”,  defendida por cuatro departamentos, tiene esa virtud y debe ser respetada y ojala, asimilada por el saldo del país.

Es de esperar que más pronto que tarde se interprete correctamente la visión integradora  y de trabajo  que surge con fuerza de de estas tierras grigotanas, que hoy cobija a una mayoría de collas y chapacos, y de estos, una buena mayoría junto a los cambas nativos, claman a los cuatro vientos, se rectifique la miope apreciación de las aspiraciones de este conglomerado cosmopolita, comprometidos con el trabajo y el empeño de formar la Nación que todos aspiramos.

Con este pensamiento, miremos nuevamente al horizonte, e intentemos ver, como es nuestra costumbre en septiembre, el sol, las flores y con esperanzas y verdaderas ilusiones, encontremos también el amor.

 

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