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Cerramos puertas, Perú las abre
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Editorial 314
09/10/2006
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Ahuyentar las inversiones y el capital privado,
principalmente el internacional, parece ser una materia
de especialidad que, con carácter obligatorio, todos los
bolivianos debemos aprobar. Este es un tema que se viene
tratando en nuestro país desde el 6 de agosto de 1825.
Ejemplos bastan y sobran si nos remitimos a la lectura
de nuestra historia.
Sin necesidad de hacer una lectura en una retrospectiva
tan larga, veamos lo que está pasando desde hace cinco
meses en el sector de los hidrocarburos. El 1° de mayo,
show mediático incluido, se “nacionalizan” los
hidrocarburos bajo el rótulo del D.S.28701, que es una
aplicación de la ley 3058 promulgada durante el gobierno
de Carlos D. Mesa, con imposiciones que hacen
incomprensible todo el proceso, pues su interpretación
va desde la confiscación de los activos de las empresas
(exigencia de algunos sectores), hasta una simple
renegociación de las condiciones de los contratos
sucritos con el estado.
A partir de mayo, se inició un proceso de negociación,
para determinar si se encuentra puntos de convergencia
entre las pretensiones del gobierno, las exigencias de
algunos sectores nacionales y los intereses de las
petroleras. En el ínterin pasa el tiempo y pasan las
oportunidades para el país, puesto que mientras
empujamos a las empresas a aceptar condiciones que las
llevan a pensar una y otra vez si verdaderamente vale la
pena permanecer en Bolivia, otros países les abren las
puertas y celebran la firma de acuerdos de inversión en
el sector petrolero.
Prueba fehaciente de ello nos la da Perú, país hermano
que no se cansa de saludar el arribo de empresas que
puedan triplicar el potencial de Camisea en su vasta
geografía. Que mejor ejemplo para imitar, que lo
sucedido en Bolivia, con el vertiginoso crecimiento de
sus reservas de gas que, incluso, llegaron a los 54,9
trillones de pies cúbicos en 2003, merced a grandes
inversiones amparadas en leyes que garantizaban el
capital invertido. Por otra parte, hoy todos reconocen
que las condiciones tributarias con que se cerraron los
contratos no fueron de las más ventajosas para el país,
pero la pregunta que flota en el ambiente al respecto de
este punto, es si no hubiera sido suficiente ajustar
estas condiciones, en vez de soltar el péndulo
nuevamente, en este proceso nacionalizador que no
encuentra su norte.
La política que hoy aplica Perú, en un clima de
estabilidad, parece ser un anzuelo perfecto para el
capital extranjero. No en vano, con inversión externa,
están construyendo la primera planta de licuefacción de
América del Sur para exportar gas natural, porque
seguros están nuestros vecinos que Petrobras, Repsol
YPF, Pluspetrol, etc., descubrirán nuevas reservas que
se sumarán a los actuales 13 TCFs que tienen y
conviertan al Perú en un actor de primera línea.
Humillados como lo fueron en 1879 por Chile, durante la
Guerra del Pacífico, los peruanos dejan de lado los
resentimientos históricos y hablan de integración
energética con su vecino del sur, que también construye
una planta en la costa central, pero de regasificación,
para importar gas que puede provenir de cualquier lugar
del mundo, pero si a la hora de revisar las cifras llega
del Perú, mucho mejor.
Lo propio ocurre en la minería, donde el capital
extranjero aterriza en el Perú, motivado por una
política de promoción a la inversión extranjera. Tan
solo es de esperar, que este auge de inversión, sea
acompañado de una adecuada política económica, que
permita el crecimiento parejo y continuado del país.
Mientras tanto, nosotros enriquecemos el idioma español
con nuevos términos: la guerra del gas, la guerra del
estaño, la guerra de…
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