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Necesidad de grandes inversiones
en el sector energético
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Editorial 315
16/10/2006
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Nadie pretende que los problemas estructurales del país
sean resueltos por un nuevo gobierno de la noche a la
mañana, pero tampoco nadie puede sentirse satisfecho
cuando estos no son atendidos con la celeridad y
seriedad que se requiere. La actual administración
inició su gobierno implementando una serie de medidas
que daban la sensación de que se adoptarían políticas en
procura de lograr cambios importantes y de beneficio
para toda la sociedad boliviana, en procura de acortar
distancias entre nuestro ancestral subdesarrollo y la
posibilidad de encarar un desarrollo sostenido.
La real posibilidad de
avanzar en este cometido, pasa fundamentalmente por
viabilizar el camino de la modernidad del país, lo que
implica acceder al mercado internacional y agrandar
nuestras fronteras. Sin embargo, lo hecho hasta ahora,
en este primer periodo de gobierno, nos encierra más y
más dentro de nuestras fronteras, añorando nuestro
pasado con lamentos y no soñando nuestro futuro con
realizaciones. Afortunadamente, no todo es así, y buena
parte del país sigue en la intentona de gravitar
económicamente cada vez más en el concierto regional y
continental, buscando denominadores comunes de unión
entre todos los bolivianos.
En el campo de la
energía, materia central de nuestra diaria preocupación
y atención, la nacionalización de los hidrocarburos se
implementó, más por una necesidad de rédito político que
de una proyección de política de gobierno a largo plazo.
Aquí se actuó con una celeridad innecesaria, con un
despliegue militar que dejó una imagen tremendamente
negativa del país en el exterior, causando un
irreparable daño en nuestras relaciones con uno de
nuestros principales aliados y principal cliente de
nuestras exportaciones de gas, proyectando hacia fuera
una figura de confiscación y no una real adecuación de
los contratos con las transnacionales, real contenido de
esta medida gubernamental.
Para esto, el decreto
de nacionalización establece fecha perentoria de
obligatoriedad para que se firmen nuevos contratos con
las transnacionales, que en la práctica tienen poca
posibilidad de suscribirse en el plazo establecido, a
pesar de la buena voluntad manifestada al respecto por
las partes. De igual forma, la intención de refundar
YPFB, no se puede dar y ya se anuncia, un nuevo plazo
para estos fines, lo que nos parece muy acertado.
Los discursos y
promesas, además de los anuncios de grandes proyectos,
no pueden ocultar los graves problemas que se tendrán
que afrontar, si no se encaran con celeridad y seriedad
los proyectos necesarios para acompañar el crecimiento
de la demanda de energía en todo el territorio nacional,
fundamentalmente en generación de electricidad y
transporte de gas. Poco a poco, el sistema nacional de
gasoductos está llegando a su capacidad máxima de
transporte, sin poder atender a futuro la creciente
demanda en el país.
El cierre de la
ecuación de la demanda/oferta, pasa por las condiciones
que el gobierno pueda brindar al país, en términos de
tranquilidad, seguridad y proyecciones de vida para
todos. La inseguridad, incertidumbre y los discursos, no
son elementos de apoyo para ninguna política de
desarrollo. Esperamos cambios sustanciales a corto
plazo, y fundamentalmente que el Gobierno tenga la
grandeza de saber escuchar tantas voces que reclaman un
cambio de actitud y de accionar.
En nuestro sector, sin
inversiones de importancia, todo el sistema entrará en
colapso, por lo que estas son de innegable importancia.
Mirando solo al interior del país, estas inversiones no
se materializarán. Es fundamental encontrar un
equilibrio y conseguir que estas retornen en condiciones
ventajosas. El estudio del pasadas actuaciones evitará
que se comentan errores, los que deben ser superados y
lograr nuevas proyecciones con las adecuaciones que los
tiempos actuales permiten.
Con todo, y a pesar de
todo, aún hay credibilidad por el país, tanto interna
como externamente. Pero también debemos ser conscientes
que “hasta la paciencia tiene un límite”.
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