Compartimos la opinión de algunas personas en el sentido
que estamos pasando por un momento apropiado para lograr
importantes transformaciones en beneficio del país, pero
colegiremos también que estamos haciendo mucho para
dejar pasar este buen momento, sin saber como
administrarlo en forma adecuada para lograr una
plataforma de verdadero cambio y progreso.
Y es que el escenario
para que el gobierno central pueda llevar adelante una
política a nivel nacional para el conjunto de la
ciudadanía, aprovechando una coyuntura post electoral
nunca antes vista en la historia del país, se va
diluyendo a medida que los discursos radicales van
subiendo de tono, y las acusaciones del Ejecutivo que
buscan victimas dentro y fuera de nuestras fronteras,
atacando esquemas pasados, acometiendo contra personajes
que ya no están, negando espacios a ideas y
planteamientos que no comulgan con sus programas,
cerrando filas en contra de todos los que no acompañan
sus bocetos.
Pero la responsabilidad
para lograr este cambio propuesto, es de todos, no solo
del Gobierno y en este sentido, volvemos a sentir una
profunda diferencia entre la forma de pensar de los
bolivianos. Unos persistiendo en escudriñar el horizonte
del pasado, sin plantear esquemas de trabajo y
desarrollo, rogando por dádivas del cielo, y otros
arremetiendo contra el mundo, con la premisa de trabajar
hoy, un poco más fuerte que ayer. Unos manteniendo una
inercia de pasividad enervante, por miedo a repetir
errores del pasado y otros aceptando, compartiendo y
apoyando ideas que plantean nuevas posibilidades y
nuevos horizontes.
Es con este norte que
debemos hacer escuchar nuestra voz, insistiendo en un
mensaje de unión, confianza en nosotros mismos,
seguridad en nuestras posibilidades y sobre todo, de
esperanza en un futuro mejor. El momento actual es
único, de características muy particulares. No podemos
volver a equivocarnos, no tenemos ese derecho, por
nosotros mismos y sobre todo por las futuras
generaciones.
El mejor proyecto para
concretar nuestras aspiraciones de mejora, es el de
diseñar una Bolivia abierta e integrada al mundo,
comprometida con sus ciudadanos y asegurando el respeto
a sus vecinos, pero también exigiéndolo. Reclamando el
respeto de nuestros gobernantes a todos sus ciudadanos y
nosotros comprometiendo ese respeto a nuestra autoridad,
no por obediencia, sino por retribución a sus aciertos.
El punto de partida
para esta concepción bien puede ser el contrato de
compra - venta de gas a la Republica Argentina, que se
firma gracias a la perseverancia de nuestro vecino para
comprar nuestro gas, y cuyo contrato asegura al país y a
las empresas asociadas a este macro emprendimiento,
alrededor de los 50.000 millones de dólares en las
próximas dos décadas. Momento para celebrar.
Este histórico
contrato, nos deja algunas enseñanzas:
a) estamos aprendiendo
a salir a vender nuestros recursos, no solo dejando que
vengan a comprar, b) el negocio se puede concretar desde
otros puntos de vista, distintos a los nuestros y c)
tener la concepción que una decisión así, facilitará las
definiciones en buenas condiciones el esquema general
del sector.
Entramos en una nueva
etapa de definiciones. Esperamos que nuestras
autoridades actúen con la sabiduría que el momento exige
y sepan responder con altura, las grandes expectativas
que se están generando tanto hacia adentro de la nación,
como hacia fuera, en instancias en que el mundo nos
observa y que nos jugamos nuestro futuro. Y es que hoy,
como nunca, el mundo nos sonríe, pues requiere de
nuestros productos, pero también hoy como nunca,
abandonamos nuestro país, pues es poco o nada lo que nos
ofrece… y las condiciones están dadas para revertir esta
fatalidad.
Estamos en un punto de
inflexión de nuestra historia, solo esperamos que todos
actúen con responsabilidad.