En los últimos años se ha escrito mucho en todos los
medios del país sobre nuestro gas, habiendo despertado
diversas reacciones en la población. Unos lo han
“bendecido”, otros lo han “maldecido”. Hay quienes
afirman que es un recurso que puede sacar de la pobreza
al país, otros afirman que nos llevará al desastre total
como nación. Esto no es exageración, basta repasar la
prensa nacional para comprobar lo expresado. Se está
lejos de haberse escrito o dicho todo con respecto a
este energético.
Sin intentar bendecirlo
y mucho menos maldecirlo, podemos afirmar que el gas es
energía y energía es vida. Los países que cuentan con
este recurso, pueden encarar su desarrollo con mayor
facilidad que aquellos que no lo tienen. Hoy más que
ayer, pero de seguro menos que mañana, la energía se ha
constituido en algo imprescindible para la vida moderna.
Así como el oxigeno lo es para respirar o el agua para
vivir, la energía es la fuente motora de la vida misma,
y el gas uno de las fuentes energéticas más económicas,
limpias y respetuosas del medio ambiente que se conocen.
De ahí su importancia y, cuando se dispone de este
recurso, hay que saber administrarlo en forma apropiada
y responsable.
Es un error pensar que
el gas solo se lo puede relacionar como el resultado de
lo que se obtiene por su venta, menos lo que se gasta en
su extracción y comercialización. Es mucho más que esto,
es mucho más que números. Cuando su venta compromete a
dos o más países, es mucho más que una operación de
compra-venta. En estos casos, el gas es un energético
que involucra relación e integración entre regiones y/o
países, poder, estrategias y consideraciones
geopolíticas que definen acercamientos entre las partes.
Es uno de los componentes negociadores más importantes
de cuantos se nos presentan en la actualidad.
Este el elemento no
contemplado en nuestras negociaciones, este el elemento
no comprendido por nuestro pueblo. No tener en cuenta
este ingrediente, nos inhibe a plantear una estrategia
negociadora de nuestro apreciado recurso, inclusive con
Chile. Aquí la vista se nos nubla, por anteponer otros
sentimientos que no permiten iniciar negociaciones
abiertas con nuestro vecino, menos idealizar avances,
producto de ceder posiciones extremas, tanto de un lado
como del otro. Para nosotros, en este caso, el gas debe
ser un medio, aunque entendemos que para Chile debe ser
un fin.
Celebramos algunas
negociaciones que se han realizado en este sentido, pero
son negadas por las autoridades de ambos países y nadie
quiere comentar sobre el particular, por el riesgo
político que estas negociaciones conllevan. Aquí nos
preguntamos ¿por que no dar vuelta la hoja y más bien
tomar la bandera de la integración energética como el
catalizador buscado para acortar el camino del buen
entendimiento entre ambos pueblos? Estamos en presencia
de mercados complementarios que ofrecen apoyos para las
deficiencias del otro. La intencionalidad de un
acercamiento está en el subconsciente de ambos pueblos,
lo que falta es eficiencia, decisión, voluntad política,
sabiduría y mucho valor de parte de ambos gobiernos,
para llevar adelante una política de esta naturaleza.
Hoy, ambos países tienen gobiernos que se han
manifestado mutuas simpatías y cuentan con el respaldo
masivo de sus bases. ¿Por que no animarse a plantear a
sus ciudadanos una apertura política plena con su
vecino? - ¿Por qué negar unas negociaciones que se
repiten sin éxito de tanto en tanto, precisamente porque
no se realizan de cara al pueblo? - ¿Porque negar la
opción de lograr un éxito político, en la concreción de
las aspiraciones y necesidades de uno por el aporte del
otro? Pero ya no en forma tímida, reservada y limitada,
sino más bien, abierta, total y con el consentimiento
del pueblo. Hay mucho que uno le puede ofrecer al otro,
y viceversa.
A fin de año, se
realizará la Cumbre Sudamericana de Presidentes en
Cochabamba. Aplaudimos la intensión del Gobierno
Nacional de realizar un recibimiento especial a la
presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pero deseamos
sinceramente que este recibimiento, sea algo más que un
saludo protocolar. Lo importante es que se den pasos
concretos de acercamiento entre dos naciones que tienen
mucho que ofrecerse, teniendo en cuenta el pasado, pero
fundamentalmente, mirando el futuro.