El ultimo capitulo escrito la semana pasada con respecto
a la nacionalización que tuvo como cierre de novela la
suscripción de nuevos contratos entre el Estado
boliviano, representado por YPFB, y las empresas
petroleras que mantenían contratos con Bolivia en el
campo de los hidrocarburos, es sencillamente alentador,
pues definió para bien, una situación extremadamente
complicada, que de no mediar un justo equilibrio, entre
las pretensiones de unos y las aspiraciones de otros,
podría haber arrastrado al sector al desastre total, con
consecuencias graves tanto para las empresas como para
el país.
Los logros y avances de las negociaciones, que aún
continúan, dentro del proceso de “nacionalización” que
está impulsando el actual Gobierno, no pueden ser
entendidas dentro de un análisis puntual y parcial, sino
fundamentalmente dentro de un marco general, que permita
visualizar el horizonte pleno del alcance de los
acuerdos consensuados, que legalizan nuevos contratos
que permiten el funcionamiento de las actividades del
sector en las áreas de exploración y explotación, dentro
de un nuevo modelo de relación contractual entre las
empresas y el Estado, dando fin al régimen de
concesiones petroleras y esquemas impositivos, que
originaron el rechazo general de la población boliviana.
Sin duda que el catalizador más importante del desenlace
de esta situación, fue la suscripción del contrato con
la República Argentina, donde Bolivia se compromete en
forma progresiva, a suministrar a ese mercado, 27.7 MMm3/dia
de gas, por un periodo de 20 años, creando de esta
manera un importante mercado a futuro, que permitirá
desarrollar las operaciones de exploración y explotación
con perspectivas firmes de realización.
Este hecho y la firma de los contratos mencionados,
devuelve la certidumbre al sector, al país y a los
inversionistas, permitiendo emitir un mensaje de
trabajo, como no se lo hacia desde hace mucho tiempo.
También es dable resaltar las buenas contribuciones que
se entrega a nuestra estatal petrolera, para que pueda
participar en el negocio petrolero en general,
cumpliendo con las aspiraciones del pueblo boliviano.
Con esto, se crean las condiciones para viabilizar las
importantes inversiones que se requieren para el
desarrollo del sector, lo que no solo permitirá
comprobar nuevas reservas, sino también industrializar
nuestro gas en territorio nacional, amén de poder
conquistar nuevos mercados, lo que se traducirá en
nuevos empleos que se crean debido a los trabajos
laterales y de apoyo a la actividad central.
En términos de reservas, los “indicios” de existencia de
gas en territorio nacional, cuando se firmó el contrato
de exportación a Brasil, eran mucho menores a los
“indicios” actuales de reservas de gas para satisfacer
nuevos mercados, y si escuchamos las voces de los
expertos, el país cuenta con grandes y nuevas reservas
de gas que son necesarias comprobar. Por esto, la
empresa Total E & P Bolivie, se puso en primera fila
aceptando y firmando su contrato, apostando en forma
contundente y prioritaria la opción de trabajo y
compromiso con el país. Segundo hecho catalizador, para
contar hoy, con una situación que satisface a todos.
En términos de impuestos y regalías, el Estado boliviano
ha consolidado una situación muy favorable a sus
intereses, avanzando desde la controvertida relación
18% Estado - 82% Empresas impuesta por la Ley 1689,
pasando a un 50% Estado - 50% Empresas logrado con la
Ley 3058 (17 Mayo 2005), a una pretensión de 82% Estado
- 18 % Empresas según el decreto 27801 (1o de Mayo
2006), para aterrizar en una interesante nivelación de
intereses, al consolidar en dos partes, la participación
del Estado por renta petrolera, a saber: una porción
fija del 50% Estado, más una porción variable del otro
50% para el Estado y las empresas, que dependerá de
variables como recuperación, amortización y montos de
inversión, además de cantidades de producción,
satisfaciendo las aspiraciones y pretensiones de ambas
partes.
Salomónicas decisiones que viabilizaron el desenlace
para bien (reiteramos), de una muy delicada situación,
que comprometen la fe del estado y el compromiso de las
empresas, con el concurso y aporte del Ministro de
Energía e Hidrocarburos, Carlos Villegas y el presidente
de YPFB, Juan Carlos Ortiz, cabezas responsables del
Estado, de una dura y complicada negociación, que sienta
las bases de un futuro promisorio para el sector y el
país en su conjunto.