Acuñemos la convivencia

 

Editorial 321

27/11/2006     

 

Resulta completamente paradójico que mientras estemos transitando una situación de grandes expectativas para fortalecer nuestra economía, cimentándola con posibilidades concretas de proyección hacia un futuro de mejores realizaciones, estemos viviendo, en lo interno, situaciones de enfrentamiento y contradicciones entre regiones y factores de poder, que lejos de presentar un equilibrio de las pretensiones de unos u otros, hace que las diferencias se profundicen, lo que está generando  una crisis de convivencia nacional que preocupa a todos. Precisamente ahora, cuando se define con absoluta claridad nuestra gran potencialidad en la explotación de los recursos naturales, además de sus ventajas geopolíticas, al haberse definido los contratos en el campo de los hidrocarburos, que proyectan al país como nunca antes.
Esta realidad, complementada con otras iniciativas de índole económica, nos van dibujando un panorama a futuro muy alentador, mejorando nuestra imagen tanto interna como externamente.


A la fecha, uno de estos factores de poder, el MAS, convertido en gobierno gracias a los movimientos sociales y la fuerza del voto, encarando reivindicaciones históricas de campesinos e indígenas, frente a los movimientos cívicos y políticos-económicos de los departamentos de la llamada Media Luna, enarbolando la bandera de las autonomías, como reivindicación de sus legítimos derechos, se enfrentan en la defensa de sus planteamientos, aunque esgrimiendo distintas armas en esta lucha por el poder absoluto que pretenden los primeros, contra la lucha de preservar un modelo de desarrollo exitoso y probado por los segundos.


Esta crisis, así planteada, solo podrá ser superada, si se encuentra la forma de vencer esta deprimente contradicción, rechazando el planteamiento de lucha de clases o de razas, que predomina en la mente de algunos representantes de los sectores que dejan sentir sus voces con fuerza creciente. Y como el empate se mantiene, y ninguna de las partes cede, la posibilidad de un enfrentamiento preocupa a muchos.


Hace más de medio siglo que venimos buscando los cambios, transformaciones o reformas a nuestro sistema de vida. Para ejemplificar, citaremos solo la revolución del 52, las reformas de la década de los 80 primero y los 90 después, y ahora los grandes cambios que pretende el actual gobierno. Solo que estos no vienen impuestos por la definición de conceptos ganados en democracia, sino vía de imposiciones totalitarias que transgreden la legalidad que impone nuestro actual ordenamiento jurídico, situación que nos llevará a una confrontación directa.


Hoy más que nunca toma importancia rescatar el principio de unión, de alianza de clases y de sectores sociales, fundamentalmente de regiones, procurando que todos entiendan las bondades del modelo productivo cruceño, hoy atacado y menospreciado por las organizaciones sociales, cívicas y gubernamentales del occidente del país. Enriquecer y potenciar el concepto de Estado autonómico, buscando la solidaridad entre los ciudadanos de todas las condiciones. Si de atacar se trata, no se debe atacar al modelo como tal, sino las imperfecciones, desvirtuaciones  que ganaron terreno en nuestras vidas y, en su caso, de los abusos que lograron introducirse, lo que no quiere decir que se deba atacar el tronco por detectarse ramas torcidas.


Es imperioso el dialogo constructivo, amplio y sincero entre todos los sectores, aceptando nuestras grandes diferencias que más que separarnos deberían unirnos, sobre todo ahora que estamos descubriendo que somos capaces de generar excedentes a partir de nuestras enormes riquezas naturales, para encarar los grandes desafíos del presente siglo, evitando cometer los errores del pasado, que concentraron riquezas entre unos pocos, sino más bien saber distribuirla con sentido social y practico entre todos.


Es de esperar que pronto aparezca un liderazgo nacional que represente al conjunto del arco iris boliviano, que tomando conciencia de las tremendas contradicciones que nos enfrentan, sea capaz de diseñar nuestro futuro como país en bien de todos, brindando a sus ciudadanos una vida sin las tremendas desigualdades que presenta hoy nuestra sociedad.

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