Resulta completamente paradójico que mientras estemos
transitando una situación de grandes expectativas para
fortalecer nuestra economía, cimentándola con
posibilidades concretas de proyección hacia un futuro de
mejores realizaciones, estemos viviendo, en lo interno,
situaciones de enfrentamiento y contradicciones entre
regiones y factores de poder, que lejos de presentar un
equilibrio de las pretensiones de unos u otros, hace que
las diferencias se profundicen, lo que está generando
una crisis de convivencia nacional que preocupa a todos.
Precisamente ahora, cuando se define con absoluta
claridad nuestra gran potencialidad en la explotación de
los recursos naturales, además de sus ventajas
geopolíticas, al haberse definido los contratos en el
campo de los hidrocarburos, que proyectan al país como
nunca antes.
Esta realidad,
complementada con otras iniciativas de índole económica,
nos van dibujando un panorama a futuro muy alentador,
mejorando nuestra imagen tanto interna como
externamente.
A la fecha, uno de
estos factores de poder, el MAS, convertido en gobierno
gracias a los movimientos sociales y la fuerza del voto,
encarando reivindicaciones históricas de campesinos e
indígenas, frente a los movimientos cívicos y
políticos-económicos de los departamentos de la llamada
Media Luna, enarbolando la bandera de las autonomías,
como reivindicación de sus legítimos derechos, se
enfrentan en la defensa de sus planteamientos, aunque
esgrimiendo distintas armas en esta lucha por el poder
absoluto que pretenden los primeros, contra la lucha de
preservar un modelo de desarrollo exitoso y probado por
los segundos.
Esta crisis, así
planteada, solo podrá ser superada, si se encuentra la
forma de vencer esta deprimente contradicción,
rechazando el planteamiento de lucha de clases o de
razas, que predomina en la mente de algunos
representantes de los sectores que dejan sentir sus
voces con fuerza creciente. Y como el empate se
mantiene, y ninguna de las partes cede, la posibilidad
de un enfrentamiento preocupa a muchos.
Hace más de medio siglo
que venimos buscando los cambios, transformaciones o
reformas a nuestro sistema de vida. Para ejemplificar,
citaremos solo la revolución del 52, las reformas de la
década de los 80 primero y los 90 después, y ahora los
grandes cambios que pretende el actual gobierno. Solo
que estos no vienen impuestos por la definición de
conceptos ganados en democracia, sino vía de
imposiciones totalitarias que transgreden la legalidad
que impone nuestro actual ordenamiento jurídico,
situación que nos llevará a una confrontación directa.
Hoy más que nunca toma
importancia rescatar el principio de unión, de alianza
de clases y de sectores sociales, fundamentalmente de
regiones, procurando que todos entiendan las bondades
del modelo productivo cruceño, hoy atacado y
menospreciado por las organizaciones sociales, cívicas y
gubernamentales del occidente del país. Enriquecer y
potenciar el concepto de Estado autonómico, buscando la
solidaridad entre los ciudadanos de todas las
condiciones. Si de atacar se trata, no se debe atacar al
modelo como tal, sino las imperfecciones,
desvirtuaciones que ganaron terreno en nuestras vidas
y, en su caso, de los abusos que lograron introducirse,
lo que no quiere decir que se deba atacar el tronco por
detectarse ramas torcidas.
Es imperioso el dialogo
constructivo, amplio y sincero entre todos los sectores,
aceptando nuestras grandes diferencias que más que
separarnos deberían unirnos, sobre todo ahora que
estamos descubriendo que somos capaces de generar
excedentes a partir de nuestras enormes riquezas
naturales, para encarar los grandes desafíos del
presente siglo, evitando cometer los errores del pasado,
que concentraron riquezas entre unos pocos, sino más
bien saber distribuirla con sentido social y practico
entre todos.
Es de esperar que
pronto aparezca un liderazgo nacional que represente al
conjunto del arco iris boliviano, que tomando conciencia
de las tremendas contradicciones que nos enfrentan, sea
capaz de diseñar nuestro futuro como país en bien de
todos, brindando a sus ciudadanos una vida sin las
tremendas desigualdades que presenta hoy nuestra
sociedad.