En forma continuada durante las últimas ediciones, hemos
analizado e informado con respecto a las negociaciones y
proyectos energéticos que se están estudiando para la
región del norte grande de Chile, necesitada de energía
para desarrollar los múltiples proyectos mineros que se
encuentran en fase de implementación, como también para
cubrir las actuales deficiencias en los envíos de gas
contratados desde la República Argentina que alimentan a
las generadoras de electricidad que trabajan en la zona.
Entre las varias
opciones que se analizan está la posibilidad de enviar
gas boliviano como materia prima para alimentar las
generadoras con centrales térmicas a gas (Gas Atacama y
Edelnor), y producir electricidad. Como alternativa a
esta opción, se presenta la posibilidad de enviar
electricidad generada en suelo boliviano. Esta segunda
opción va ganando terreno y se conocen de estudios
concretos realizados por empresas nacionales que,
inclusive, ya cuentan con el respaldo de las autoridades
nacionales del sector.
Se analiza inclusive la
posibilidad de usar la infraestructura de transporte que
se origina en territorio argentino (Gasoducto Atacama) y
llega al puerto de Mejillones y la Central Taltal en las
costas del pacífico, interconectándolo con un ramal que
se originaría en los campos bolivianos, ofreciendo la
ventaja de reducir los costos para una operación de
exportación de gas boliviano al mercado del Norte Grande
de Chile. También se cuenta con estudios previos de
ingeniería para el tendido de un gasoducto, entre
Margarita (Bolivia) y el puerto de Mejillones (Chile).
Pero como alternativa
al gas o electricidad proveniente de Bolivia, Chile
también avanza en los estudios de las opciones que se le
presentan recibiendo gas de ultramar (LNG), presentando
a la fecha un estudio muy avanzado para construir un
segunda Terminal de recepción, almacenamiento y
regasificación de LNG en territorio chileno, esta vez en
el puerto de Mejillones, lo que le permitirá contar con
el energético necesario para cubrir la creciente
demanda de energía de esta región que concentra la
actividad minera del país vecino.
Esta alternativa, le
permite a Chile romper la actual dependencia del gas
argentino, con el que se prevé más limitaciones de
despacho en el futuro, y también elimina la
incertidumbre que se tiene para definir cualquier opción
con Bolivia.
El momento actual es
crucial para abrir un nuevo mercado, si es que realmente
estamos interesados en trabajar con Chile en alguna de
las opciones que se presentan. Los empresarios privados
de ambos países, están trabajando en forma decidida para
concretar proyectos de exportación de energía generada
en nuestro territorio. Por su parte desde el otro lado
de la cordillera, se escuchan voces de aceptación para
seguir adelante con este cometido, pues se entiende que
esta sería la mejor opción - técnica económica - para
alimentar adecuadamente de energía a todo el Norte
Grande de Chile en una proyección de largo plazo.
Se está en el momento
preciso de tomar decisiones y brindar el apoyo político
a esta muy buena opción de integración energética entre
ambos países, que serviría de puntapié inicial, para
desarrollar toda una política de integración y
complementación económica, entre dos regiones que tienen
mucho para intercambiar, brindando a ambos Estados, la
posibilidad de encontrar denominadores comunes de mutuo
entendimiento. Desde ambas fronteras, los respectivos
Gobiernos han manifestado su interés de conversar sobre
las diferencias que los separan, partiendo de esta
integración.
Bolivia debe decidir y
actuar en consecuencia. Chile no tiene tiempo, debe
clarificar su panorama y satisfacer su creciente demanda
energética, y de seguro procederá a desarrollar la
opción más segura. Y si decide construir esta segunda
Terminal de regasificación, Bolivia habrá perdido una
invalorable posibilidad de vender energía a un
importante mercado, con las implicaciones geopolíticas
que conlleva, a favor o en contra, cualquier decisión al
respecto.