Últimamente se lee con frecuencia en la prensa nacional,
artículos que analizan situaciones, tanto internas como
externas al país, desde un enfoque geopolítico Al
respecto, escribe Jorge Landivar Roca, analista político
que es leído con interés creciente, “que la geopolítica
enseña a analizar acontecimientos políticos en relación
con el espacio circundante, ya sea entre estados o
dentro del Estado mismo”.
Rememorar intervenciones
o ensayos de Agustín Saavedra Weise, “erudito observador
de la realidad latinoamericana”, nos deja una profunda
enseñanza del término, que si fuera entendido y aplicado
por nuestros políticos, se podría trazar una política
exterior a mediano y largo plazo, para definir acciones
en beneficio del país.
La geografía y la
situación geográfica de un país, determina rumbos de esa
política. “La posición geográfica de una nación es el
principal factor condicionante de su política exterior.
En general, la geografía condiciona - favoreciendo o
perjudicando - la relación de los países circundantes”.
Hoy soplan con fuerza
creciente los vientos de la globalización de la economía
y la integración de los países y regiones. Va cobrando
impulso el convencimiento general que la política
exterior debe apuntalar acciones concretas para
conquistar nuevos mercados, en una acción conjunta entre
el Ministerio de Comercio Exterior y la Cancillería de
un país. (Política pretendida por el ex Canciller Carlos
Saavedra Bruno). Estos conceptos dieron lugar a la “geoeconomía”,
es decir al estudio de los fenómenos geográficos, a
partir de las políticas económicas, lo que nos permite
reflexionar que la relación entre el poder político y
asentamiento geográfico seguirá siendo crucial, pero
teniendo siempre presente la economía regional, en una
estrecha relación con las políticas de integración, y
una geopolítica interna adecuada y coherente para
construir una nación unida, rechazando la incoherencia
de vincular a la geopolítica, solamente con temas
internacionales o de naturaleza militar.
Una política exterior
con visión del presente siglo es imprescindible para el
país, manteniendo el tradicional postulado diplomático
de ser tierra de contactos, convirtiendo a Bolivia en la
bisagra de integración sudamericana, todo enmarcado en
los programas de Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA),
que al ir concretándose, magnificarán para el país las
grandes ventajas que su ubicación geográfica ofrece.
Tener en cuenta que esa integración debe darse también
por la parte energética, que como en la Unión Europea,
esta, se construyó a partir del Carbón y el Acero. En
nuestro caso, la integración regional bien puede
plantearse en términos muy ventajosos, en función de
nuestras importantes reservas de gas y la
correspondiente integración energética a partir de este
recurso.
Para esto se debe contar
con una diplomacia que sea capaz de llevar adelante los
postulados de esta política exterior, diplomacia que hoy
por hoy, presenta serias limitaciones. Y en materia
interna, el sueño de la Bolivia organizada, democrática,
unida e institucionalizada, se va desvaneciendo poco a
poco. Y si no somos capaces de dimensionar una adecuada
geopolítica al interior de la nación, poca chanse
tendremos de hacerlo fuera de nuestras fronteras. Esto
en un contexto internacional muy favorable para el país,
que proyecta indicadores económicos positivos, en
contraste con la realidad interna que presenta un
continuo deterioro.
Paradójicamente, el
actual Gobierno presenta características únicas para
lograr concretar estas políticas permanentemente
buscadas por anteriores administraciones nacionales con
escaso éxito, y procurar convertir las simpatías
expresadas a esta administración por gobiernos de otras
latitudes, pero no aprovechas por el nuestro. Todavía
mantenemos prendida una luz de esperanza, en que seremos
capaces de aprovechar la especial coyuntura que nos
ofrece el contexto internacional, siempre que se logre
redimensionar el planteamiento disgregasionista que
sostiene el gobierno al interior del país.