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El gran desafío
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Editorial 326
08/01/2007
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Aún se mantiene en el ambiente el ajetreo de fin de año,
aunque ya se disipa el espíritu festivo que significó la
despedida del año viejo y, quien más quien menos, nos
aprestamos a iniciar una nueva gestión de trabajo que
abarcará todo el año, que iniciamos con esperanzas de
grandes realizaciones.
Empezamos organizando
nuestro escritorio y planificando con mucha calma
nuestra actividad de una jornada anual que se presenta
con matices muy variados, pues nos es difícil visualizar
nuestra proyección como país integrado y unido y mucho
menos como sociedad organizada, dadas las
características tan especiales que nuestra convivencia
política nos impone en una forma tan particular de no
definirnos.
A modo de cierre
analítico y punto de partida de cualquier nuevo análisis
en proyección, coincidiremos que desde cualquier
perspectiva, la pasada gestión que se fue nos dejó un
año especial, tanto en lo político, como en lo social y
económico, que va desde lo negativo hasta lo positivo,
aspectos profundamente analizados por todos los medios
del país, en un proceso de cambio incuestionable que
generó profundos conflictos al interior de la sociedad
boliviana, los que aún están lejos de resolverse y que,
sin duda, volverán a marcar el ritmo de nuestra
actividad social y política durante todo el presente
año, máxime cuando estos procesos confrontan las
estructuras internas del propio Estado y se cuestionan
desde las primeras definiciones que nos caracteriza como
sociedad.
Este tipo de
confrontación ideológica no es malo por definición, lo
negativo es que al generarse los conflictos, producto de
los cambios propuestos, el Gobierno no mostró una
gestión eficiente de control en el manejo de las
situaciones complejas de los conflictos, esto produce
incertidumbre y desconfianza en la población.
Afortunadamente, la economía del país mostró la otra
cara de la moneda y permitió una nivelación en la
ansiedad despertada por la situación descrita
anteriormente.
Por lo pronto, para
empezar el año, ratificamos una vez más nuestro
optimismo en que sabremos encontrar los equilibrios
necesarios, construyendo un clima de paz, trabajo y
armonía, sostenidos en los principios democráticos más
profundos legados por nuestros mayores, reforzando en
nuestras convicciones un Estado de derecho como pueblo
libre, soberano y seguro de forjar por si solo su propio
destino, rechazando toda injerencia externa, venga de
donde venga.
En lo interno, debe
prevalecer en primera instancia, la vocación de dialogo
para encontrar los consensos para superar la aguda y
prolongada situación de crisis política y social que se
presenta en el país y que marcó tan fuerte toda
actuación publica del pasado año. Este diálogo y
búsqueda de entendimiento, es la única forma que evitará
las peligrosas confrontaciones entre bolivianos. Debemos
encontrar la forma de flexibilizar nuestras posturas
intransigentes pensando en el bien común y no sectario.
Tenemos a nuestro favor
una economía que se presenta como positiva como punto de
apoyo para catapultar todo un andamiaje de proyección.
Desde este punto inicial, la perspectiva de encontrar
denominadores comunes puede ser posible. Es de esperar
encontrar otros puntos de encuentro que nos permita
proyectarnos hacia esa paz, tranquilidad y prosperidad
que tanto anhelamos. Este es el gran desafío que nos
toca enfrentar este año.
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