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Proyecto democrático y autonómico
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Editorial 327
15/01/2007
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Nuestro editorial de la semana pasada, nos permitió
ratificar el pensamiento trasmitido en nuestra última
entrega del año 2006, en sentido de que el gran desafío
que se nos presenta en esta gestión, es poder hallar los
puntos de encuentro entre los bolivianos para
proyectarnos hacia la paz, tranquilidad y prosperidad
que tanto anhelamos.
Lo que ha cambiado es
nuestra seguridad de lograrlo. Y es que sencillamente la
incertidumbre, la tensión e inclusive el miedo, ha
vuelto a campearse entre nosotros. La actitud de las
llamadas organizaciones sociales, azuzadas por el
discurso autoritario y provocativo de las autoridades de
Gobierno, está conduciendo a sus propias bases a actuar
irresponsablemente, provocando reacciones en la
ciudadanía que intenta defenderse de estas actuaciones,
con el inminente peligro de iniciarse una espiral de
violencia que puede destruir el sistema democrático.
No importa cual el
punto de partida para esta percepción, pero no podemos
dejar de expresar nuestro rechazo a la actitud
provocativa del Gobierno, en palabras y en hechos, que
busca sistemáticamente el enfrentamiento entre los
bolivianos, y en el análisis de los desbordes ocurridos
en Cochabamba, por el propio Presidente en ejercicio de
la Republica, responsabilizando de los resultados de
estos desbordes a la primera autoridad del Departamento
de Cochabamba y no se permitió la hidalguía de una
autocrítica que bien le caería.
Lo ocurrido en
Cochabamba es el campanazo de alerta que se fusiona al
eco que aún resuena en el horizonte de lo acontecido en
San Julián, en Yapacaní, en Huanuni o en el Chapare,
donde las llamadas organizaciones sociales, por
instrucciones de líderes simpatizantes del Gobierno,
intentan contravenir la institucionalidad alcanzada. En
este caso, la intensión es la de sacar de sus funciones
al Prefecto de Cochabamba, como primer paso, para
remover de sus cargos a todos los Prefectos que no
comulguen con el actual Gobierno. Es aberrante comprobar
que ni el Gobierno ni algunos sectores no puedan asumir
la legitimidad que les otorga a las primeras autoridades
departamentales, las elecciones en las que el voto
mayoritario del pueblo los fungió como autoridades, y
que hasta entonces, eran elegidas, a dedo, por el jefe
del Poder Ejecutivo para imponer sus ordenes.
Las elecciones de
Prefectos, marca el inicio de un proceso de mayor
apertura democrática y que gran parte de la población
boliviana intenta completar con la instauración de un
sistema autonómico que se impondrá, o no, de acuerdo a
las reglas que marca el juego democrático. Lo que
rechazamos de plano, es la intensión de cambiar esta
tendencia, por medio del autoritarismo y abuso del
poder, arrastrando a la sociedad a un enfrentamiento,
que si se generaliza, traerá mucho dolor a la familia
boliviana.
Hace décadas que la
sociedad a nivel mundial, lucha en contra del poder
absoluto, sea este sustentado por una persona, por
dictadores o por el propio Estado. ¿Por qué tenemos que
redituar en nuestro propio país, tamaña aberración? -
Aceptamos el hecho que el país necesita de profundos
cambios para permitir una mejor distribución de la
riqueza y lograr desterrar la aguda pobreza que se
presenta en gran parte de la geografía nacional. Pero
estos cambios deben ser realizados en una revolución
gradual, promoviendo el desarrollo de la industria y el
comercio, nutrientes principales de las fuentes de
trabajo, siguiendo y trabajando modelos exitosos y no
viviendo en una permanente búsqueda de ideologías que
nos traerán progreso por arte de magia.
El progreso viene
fusionado con la democracia. Los gobiernos totalitarios
fomentan el enfrentamiento y la violencia en la
sociedad, pues de esa forma se perpetúan. La historia
nos ha enseñado con sangre esta realidad. Vivamos
nuestra revolución. No copiemos las ajenas que tampoco
van a triunfar.
Nos sumamos con alegría
y mucha esperanza al proyecto democrático y autonómico
de paz, trabajo y justicia, con absoluto respeto al
Estado de Derecho de la nueva Bolivia que se irradia
desde las cruceñas llanuras grigotanas de Santa Cruz
hacia todo el país.
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