La urgencia de nuevas inversiones

 

Editorial 334

05/03/2007     

 

El panorama geopolítico regional, con el gas como centro de atención, los vaivenes de la política nacional con respecto a nuestro principal energético, la creciente necesidad de nuestros vecinos de nivelar sus necesidades energéticas con las ofertas - externas o internas - disponibles y la indiscutible necesidad de los gobernantes de usar el gas y las negociaciones sobre el particular como factor político en beneficio de mejorar su imagen, hacen que se genere un complejo rompecabezas que no permite visualizar, cual el desenlace a mediano plazo, de una estable y duradera  política energética nacional.


La situación cambia permanentemente y además de forma radical. Cuando la situación, al interior del país, parece que va a explotar, tres o cuatro acciones que encaran las autoridades nacionales al filo de la navaja, producen “milagros” que acomodan la situación y tranquilizan las aguas permitiendo que el sector se oxigene y renueve energías para seguir operando. Lamentablemente estas acciones son circunstanciales que no definen completamente el contexto de actuación entre los actores del drama. Tal el caso de la firma de los nuevos contratos con las petroleras, que por errores de forma, aún no fueron protocolizados, por lo tanto, aún no están vigentes. Y este hecho, la vigencia o no,  de estos contratos, marca el compás de todo el presente andamiaje energético nacional. Mientras tanto, el tiempo pasa.


Paralelamente, se intenta definir un marco adecuado en la relación con Brasil. La pretensión de Bolivia de incrementar el precio de exportación del gas, no tuvo eco en nuestro vecino, pero finalmente se consiguió corregir las distorsiones que mantenían los contratos de exportación.


Y de repente, también como por arte de magia, basada en estos dos últimos hechos, vuelven los titulares en la prensa nacional, anunciando nuevas e importantes inversiones en el sector,  cambiando la tendencia, que sobre el particular, mantenían las empresas, manejándose cifras del orden de los 3.000 millones de dólares, en términos de inversiones frescas para el sector.


En este sentido, Petrobrás anuncia su intensión de invertir en proyectos como GTL, una planta de biodiesel  y plantea  su interés de participar junto a Braskem, de la construcción de una planta petroquímica en Puerto Suárez. El gigante petrolero ruso, Gazpron, firma una carta de intensiones manifestando su interés de invertir en Bolivia, asociada con YPFB, en proyectos de producción y transporte de gas natural. Se suman en esta intensión, la argentina Enarsa y la venezolana PDVSA. Completa el cuadro optimista de promesas para invertir en el sector, el anuncio ya realizado por las empresas que suscribieron los nuevos contratos con el Estado.


Pero el tiempo pasa y hasta ahora todo está en planes, mientras la capacidad de producción de gas llegó al  límite para satisfacer las necesidades actuales, además de que la capacidad de transporte y almacenamiento de todo el sistema ya fue rebasado por la demanda en permanente crecimiento.


Las inversiones previstas son fundamentales, y para que estas se materialicen debe existir el clima social y político adecuado. Esta, la tarea pendiente del actual gobierno. Este, el panorama de confrontación e intriga geopolítica, que lo escribe el día a día que vivimos y lo matizan, con increíble habilidad artística, los propios jefes de estado que participan de este drama.

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