Últimamente se nos acercan, con frecuencia, personas
allegadas a nuestra casa periodística preguntando sobre
la realidad de la situación del sector de los
hidrocarburos. Se denota preocupación e inclusive
incertidumbre. Más de uno pregunta el porque de nuestro
optimismo trasmitido en más de un articulo en los
últimos meses, cuando lo que se percibe es confusión.
Nos corresponde
reiterar, tal como lo manifestamos la semana pasada, que
la situación es tremendamente compleja y cambiante, lo
que ha generado un enmarañado rompecabezas que, hoy por
hoy, nos impide visualizar el panorama a futuro con
precisión. La línea que separa la culminación con éxito
de este último proceso de negociación entre el Gobierno
y las petroleras está muy pegada a la línea que demarca
el derrumbamiento o la postergación de estas
negociaciones con las consecuencias del caso.
Es difícil negar que la
burbuja del gas, hace gas! Y esto es lo que preocupa y
crea el clima de incertidumbre en la opinión pública
sobre este particular. Peor aún, cuando la información
oficial, se proporciona en forma parcial o
distorsionada, y para colmo, representantes del gobierno
hacen declaraciones tan disparatadas y oficiosas, como
las que se escucharon por televisión la semana pasada.
Lo que esta ocurriendo
con la protocolización de los contratos “firmados” en
Octubre y al parecer, terminados de ”negociar” en
Noviembre, deja perplejo al más experimentado analista
de cualquier parte del mundo. Aquí, dentro de nuestras
fronteras, estamos preocupados como se ha suscitado esta
situación. En el extranjero están simplemente
anonadados. Esta situación debe solucionarse en términos
de días, caso contrario todo el andamiaje negociador y
articulador con el presente esquema productivo en el
sector, se derrumbará por completo. No sabemos como se
podrá dar tamaña hazaña, pero ya hemos visto algunos
milagros en este sentido. ¿Por qué no observar otro más?
Uno de los problemas
que se analiza se refiere a los errores de “forma” que
los contratos presentan en su redacción, lo que es
inconcebible. Otro, es la constatación, de la diferencia
que se presenta en el tratamiento de la distribución de
la renta de los ingresos petroleros, determinados por la
Ley 3058 y el D. S. 28701 reflejados en oportunidad de
la firma de estos en Octubre, versus lo definido por los
contratos finalmente aprobados y que esperan ser
protocolizados. En el primer caso se logró una
distribución que provocó nuestro entusiasmo, por lo que
aplaudimos lo que hasta ahora conocíamos, como el gran
acuerdo entre las petroleras y el estado boliviano, para
beneficio de ambos. Hoy se ventilan las diferencias
presentadas y por ende, aparecen las oposiciones a los
cambios introducidos.
Reconocemos lo complejo
de estas negociaciones y todo lo que se juega con el
alcance que estas representan. Reconocemos también la
importancia de manejar con cierta reserva todas estas
negociaciones, precisamente por lo difícil que se
presentan. Con lo que no estamos de acuerdo, es con la
forma con que se ilustra la información pertinente.
Además, todo cambio introducido en contratos de esta
naturaleza y realizados entre bambalinas, obliga a
posteriori a una negociación política, que deja a las
partes negociadoras en el palco de los observadores.
Mientras esto sucede,
no se legalizan los contratos (cualquiera sea su
contenido), y seguimos a la espera… todos, ciudadanos,
empresas, gobierno y pueblo en general. Urge definir la
relación con los actuales empresas productoras y,
además, dar la bienvenida a nuevas si el caso lo
amerita. El tiempo de las negociaciones ya terminó,
ahora se precisa dar paso a la inversión y por ende, a
la producción.