A la espera de un nuevo milagro

 

Editorial 335

12/03/2007     

 

Últimamente se nos acercan, con frecuencia, personas allegadas a nuestra casa periodística preguntando sobre la realidad de la situación del sector de los hidrocarburos. Se denota preocupación e inclusive incertidumbre. Más de uno pregunta el porque de nuestro optimismo trasmitido en más de un articulo en los últimos meses, cuando lo que se percibe es confusión.


Nos corresponde reiterar, tal como lo manifestamos la semana pasada, que la situación es tremendamente compleja y cambiante, lo que ha generado un enmarañado  rompecabezas que, hoy por hoy, nos impide visualizar el panorama a futuro con precisión. La línea que separa la culminación con éxito de este último proceso de negociación entre el Gobierno y las petroleras está muy pegada a la línea que demarca el derrumbamiento o la postergación de estas negociaciones con las consecuencias del caso.


Es difícil negar que la burbuja del gas, hace gas!  Y esto es lo que preocupa y crea el clima de incertidumbre en la opinión pública sobre este particular. Peor aún, cuando la información oficial,  se proporciona en forma parcial o distorsionada, y para colmo, representantes del gobierno hacen declaraciones tan disparatadas y oficiosas, como las que se escucharon por televisión la semana pasada.


Lo que esta ocurriendo con la protocolización de los contratos “firmados” en Octubre y al parecer, terminados de ”negociar” en Noviembre, deja perplejo al más experimentado analista de cualquier parte del mundo. Aquí, dentro de nuestras fronteras, estamos preocupados como se ha suscitado esta situación. En el extranjero están simplemente anonadados. Esta situación debe solucionarse en términos de días, caso contrario todo el andamiaje negociador y articulador con el presente esquema productivo en el sector, se derrumbará por completo. No sabemos como se podrá dar tamaña hazaña, pero ya hemos visto algunos milagros en este sentido. ¿Por qué no observar otro más?


Uno de los problemas que se analiza se refiere a los errores de “forma” que los contratos presentan en su redacción, lo que es inconcebible. Otro, es la constatación, de la diferencia que se presenta en el tratamiento de la distribución de la renta de los ingresos petroleros, determinados por la Ley 3058 y el D. S. 28701 reflejados en oportunidad de la firma de estos en Octubre, versus lo definido por los contratos finalmente aprobados y que esperan ser protocolizados. En el primer caso se logró una distribución que provocó nuestro entusiasmo, por lo que aplaudimos lo que hasta ahora conocíamos, como el gran acuerdo entre las petroleras y el estado boliviano, para beneficio de ambos.  Hoy se ventilan las diferencias presentadas y por ende, aparecen las oposiciones a los cambios introducidos.


Reconocemos lo complejo de estas negociaciones y todo lo que se juega con el alcance que estas representan. Reconocemos también la importancia de manejar con cierta reserva todas estas negociaciones, precisamente por lo difícil que se presentan. Con lo que no estamos de acuerdo, es con la forma con que se ilustra  la información pertinente. Además, todo cambio introducido en contratos de esta naturaleza y realizados entre bambalinas,  obliga a posteriori a una negociación política, que deja a las partes negociadoras en el palco de los observadores.


Mientras esto sucede, no se legalizan los contratos (cualquiera sea su contenido), y seguimos a la espera… todos, ciudadanos, empresas, gobierno y pueblo en general. Urge definir la relación con los actuales empresas productoras y, además, dar la bienvenida a nuevas si el caso lo amerita. El tiempo de las negociaciones ya terminó, ahora se precisa dar paso a la inversión y por ende, a la producción.

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