La
preocupación de las emisiones de gases carbónicos (CO2)
de efecto invernadero, que en su mayor parte provienen
de la quema de combustibles como gas natural, petróleo o
leña, los altos precios del crudo y el calentamiento
climático, entre otros, está generado una corriente de
opinión que plantea la necesidad de desarrollar energías
alternativas que minimicen estos efectos.
En
este orden están, en primera instancia, los proyectos
de generación de energía eólica, hidráulica, solar o
geotérmica. Hoy se suma a esta lista, los llamados
combustibles “bio” que en la perspectiva de obtener
energías alternativas, idealizan un planeta más verde y
menos contaminado.
Los
Biocombustibles como el etanol, el biodiésel o distintos
tipos de aceites, podrían en el tiempo, sustituir a gran
escala, la gasolina o el diesel de origen mineral, en el
uso de los motores de transporte, de acuerdo a la
opinión de expertos en la materia, quienes proponen
compartir el uso de combustibles fósiles con los
combustibles “vegetales”, iniciando una verdadera
“revolución energética” en la perspectiva de contar con
una energía global sustentable y amiga del medio
ambiente.
Este
planteamiento ya muestra señales de interés, como la
propuesta sustentada por Brasil, India, Sudáfrica, EEUU,
China y la Unión Europea para crear un Foro
Internacional de Biocombustíbles, con la intensión de
incrementar el uso de estos carburantes. En Sudamérica,
Argentina, Brasil, Perú Chile, Colombia, Paraguay y
Ecuador, ya han adoptado marcos de regulación para la
utilización de estos combustibles. En nuestro país, ya
se cuenta con la Ley No. 3207, sancionada el año 2005,
que ofrece el marco de actuación con referencia a estos
carburantes, aunque aún no se cuenta con los reglamentos
que acompañen a la Ley, los que son reclamados por
sectores interesados en desarrollar este tipo de
proyectos.
Con
la finalidad de incrementar el uso de este tipo de
energías, la Unión Europea y los Estados Unidos, han
manifestado su interés en desarrollar tecnologías
apropiadas y de avanzada para lograr este cometido, por
lo que están procurando aproximarse a países en
desarrollo de Africa, Asia, con Rusia y en forma muy
especial con Brasil, que ostenta hoy el segundo lugar en
la producción de etanol en el mundo, tan solo a un paso
de Estados Unidos, que ocupa el primer lugar de
productor de etanol a partir del maíz. Este país
sudamericano, presenta la ventaja de contar con la más
avanzada tecnología de producción de etanol y mostrar un
gran crecimiento en su producción en los últimos años,
además de tierras en gran cantidad aptas para el
cultivo de los vegetales que se utilizan en la
producción de estos combustibles.
Recientemente, EEUU y Brasil, firmaron un acuerdo con la
participación directa de sus presidentes, donde se
comprometen a investigar y desarrollar tecnologías para
promover el uso de estos biocarburantes en sus países y
promover la producción y consumo de estos en
Centroamérica y el Caribe, además de cooperar para
desarrollar patrones homogeneizados y reglamentos que
permitan su cotización en la bolsa de valores, todo
esto, en el entendido que el uso del etanol, es parte de
un plan frente a problemas de seguridad energética y del
cambio climático en ambos países y la región.
Para
entender el alcance de este acuerdo, y del motivo del
interés de EEUU en desarrollar una política de
aproximación con Brasil, es importante saber que Brasil
es pionero en la producción de atanol (alcohol etílico)
y que este combustible representa un 40% del carburante
usado en los automóviles de todo el país, siendo que la
producción brasilera de etanol, representa el 70% de la
producción mundial, con la ventaja de ser un carburante
menos contaminante y más barato que la gasolina. En
Brasil, el etanol se lo fabrica a partir de la caña de
azúcar y en EEUU a partir del maíz.
Por
otro lado, nuestro vecino a partir de 2003 comenzó a
desarrollar el biodiésel, otro combustible renovable,
basando su producción en oleaginosas y a partir del año
pasado se conocen las pruebas para producir biodiésel (H
Bio), que incluye aceites vegetales en la refinación de
petróleo, que permite producir combustibles con menor
cantidad de azufre.
Ya se
anuncia la llegada de los biocombustibles de “segunda
generación” que posibilitarán la conversión de la
biomasa (residuos, paja, etc.) en energía.
En
nuestro país, hay grupos empresariales que tienen
interés y posibilidades de desarrollar proyectos de esta
naturaleza, existe una ley que regula este tipo de
producción (faltan los reglamentos) y Petrobrás anunció
el mes pasado su interés de construir una planta para
estos efectos en territorio nacional.
No
estamos lejos de ser participes de esta nueva carrera
energética que busca lograr ventajas y aportar con una
alternativa, a la saturada agenda de la demanda
energética mundial.