Energías alternatives

 

Editorial 336

19/03/2007     

 

La preocupación de las emisiones de gases carbónicos (CO2) de efecto invernadero, que en su mayor parte provienen de la quema de combustibles como gas natural, petróleo o leña, los altos precios del crudo y el calentamiento climático, entre otros,  está generado una corriente de opinión que plantea la necesidad de desarrollar energías alternativas que minimicen estos efectos.

 

En este orden están, en primera instancia, los proyectos de  generación de energía eólica, hidráulica, solar o geotérmica. Hoy se suma a esta lista, los llamados combustibles “bio” que en la perspectiva de obtener energías alternativas, idealizan un planeta más verde y menos contaminado.

 

Los Biocombustibles como el etanol, el biodiésel o distintos tipos de aceites, podrían en el tiempo, sustituir a gran escala, la gasolina o el diesel de origen mineral, en el uso de los motores de transporte, de acuerdo a la opinión de expertos en la materia, quienes proponen compartir el uso de combustibles fósiles con los combustibles “vegetales”, iniciando una verdadera “revolución energética” en la perspectiva de contar con una energía global sustentable y amiga del medio ambiente.

 

Este planteamiento ya muestra señales de interés, como la propuesta sustentada por Brasil, India, Sudáfrica, EEUU, China y la Unión Europea para crear un Foro Internacional de Biocombustíbles, con la intensión de incrementar el uso de estos carburantes. En Sudamérica, Argentina, Brasil, Perú Chile, Colombia, Paraguay y Ecuador, ya han adoptado marcos de regulación para la utilización de estos combustibles. En nuestro país, ya se cuenta con la Ley No. 3207, sancionada el año 2005, que ofrece el marco de actuación con referencia a estos carburantes, aunque aún no se cuenta con los reglamentos que acompañen a la Ley, los que son reclamados por sectores interesados en desarrollar este tipo de proyectos.

 

Con la finalidad de incrementar el uso de este tipo de energías,  la Unión Europea y los Estados Unidos, han manifestado su interés en desarrollar tecnologías apropiadas y de avanzada para lograr este cometido, por lo que están procurando aproximarse a países en desarrollo de Africa, Asia, con Rusia  y en forma muy especial con Brasil, que ostenta hoy el segundo lugar en la producción de etanol en el mundo, tan solo a un paso de Estados Unidos, que ocupa el primer lugar de productor de etanol a partir del maíz.  Este país sudamericano, presenta la ventaja de contar con la más avanzada tecnología de producción de etanol y mostrar un gran crecimiento en su producción en los últimos años, además de tierras en gran cantidad  aptas para el cultivo de los vegetales que se utilizan en la producción de estos combustibles.

 

Recientemente, EEUU y Brasil, firmaron un acuerdo con la participación directa de sus presidentes, donde se comprometen a investigar y desarrollar tecnologías para promover el uso de estos biocarburantes en sus países y promover la producción y consumo de estos en Centroamérica y el Caribe, además de cooperar para desarrollar patrones homogeneizados  y reglamentos que permitan su cotización en la bolsa de valores, todo esto, en el entendido que el uso del etanol, es parte de un plan frente a problemas de seguridad energética y del cambio climático en ambos países y la región.

 

Para entender el alcance de este acuerdo, y del motivo del interés de EEUU en desarrollar una política de aproximación con Brasil, es importante saber que  Brasil es pionero en la producción de atanol (alcohol etílico) y que este combustible representa un 40% del carburante usado en los automóviles de todo el país, siendo que la producción brasilera de etanol, representa el 70% de la producción mundial, con la ventaja de ser un carburante menos contaminante y más barato que la gasolina.  En Brasil, el etanol se lo fabrica a partir de la caña de azúcar y en EEUU a partir del maíz.

 

Por otro lado, nuestro vecino a partir de 2003 comenzó a desarrollar el biodiésel, otro combustible renovable, basando su producción en oleaginosas y a partir del año pasado se conocen las pruebas para producir biodiésel (H Bio), que incluye  aceites vegetales en la refinación de petróleo, que permite producir combustibles con menor cantidad de azufre.

 

Ya se anuncia la llegada de los biocombustibles de “segunda generación” que posibilitarán la conversión de la biomasa (residuos, paja, etc.) en energía.

En nuestro país, hay grupos empresariales que tienen interés y posibilidades de desarrollar proyectos de esta naturaleza, existe una ley que regula este tipo de producción (faltan los reglamentos) y Petrobrás anunció el mes pasado su  interés  de construir una planta para estos efectos en territorio nacional.

 

No estamos lejos de ser participes de esta nueva carrera energética que busca lograr ventajas y aportar con una alternativa, a la saturada agenda de la demanda  energética mundial.

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