El impulso final

 

Editorial 338

02/04/2007     

 

No se necesita ser versado en política ni en estrategias energéticas para entender esa viveza criolla - en el mejor sentido de la palabra - que ha sabido imprimir la Argentina en el negocio del gas con Bolivia.


Desde el precio solidario de Carlos D. Mesa, buscando una retribución de nuestro país al apoyo de Argentina en los 70 y 80, país hermano que sin necesidad de precisar el energético, lo compró a Bolivia para apoyar su endeble economía, particularmente a mediados de los 80 con la recordada hiperinflación que debió ser frenada en seco con el vapuleado DS 21060 de Víctor Paz Estensoro, hasta la firma del acuerdo de los 20 millones de metros cúbicos diarios, entre Evo Morales y Néstor Kirchner, medida que en vísperas de la firma de 44 contratos con 12 petroleras fue gravitante para acelerar el mismo y convencer a las operadoras que Bolivia seguía siendo atractiva para sus inversiones, el apoyo argentino, muy inteligente por cierto, ha sido favorable para los dos países.


Pero faltaba la puntada final al millonario negocio, la firma del acuerdo entre los ministros Julio De Vido y Carlos Villegas, anunciando la construcción del Gasoducto del Nordeste Argentino (GNA), obra que demandará una inversión de 1.520 millones de dólares para los 1.500 kilómetros de tubería en territorio argentino y 20 millones de la misma moneda para los 20 kilómetros en suelo boliviano, amen de una Planta de Extracción de Licuables cuyo costo bordea los 420 millones de dólares y estará ubicada en nuestro país.


Si la cifra es elocuente, un total de 1.940 millones de dólares, lo es también la magnitud del negocio que significará, a partir de diciembre de 2009, el despacho de 27,7 millones de metros cúbicos diarios (MMmcd) de gas para satisfacer las necesidades de siete provincias argentinas. Aunque, cabe recordar que para el consumo anual de nuestro vecino del sur, los 27,7 MMmcd son una cifra pequeña, en virtud a que la matriz energética argentina se ancla en un sólido consumo de gas natural, al punto de ubicar a esta Nación entre las que más consumen el energético a nivel mundial.

 
El acuerdo de Santa Cruz de la Sierra es, a todas luces, el impulso final a nuestro país para, de una vez por todas, acelerar la protocolización de los 44 Contratos de Operación, medida que asegurará las inversiones que hoy son tan necesarias para poder desarrollar las reservas que a posteriori permitan cumplir con el mercado argentino, punta de lanza de futuros mercados, como el paraguayo, el uruguayo y, porque no, el chileno.


Ahora sólo resta esperar que prime la cordura y que se encuentren quienes sepan entender que está de por medio no solo nuestra sostenibilidad financiera, sino la palabra empeñada por el país, palabra que nos compromete a todos en un negocio que debe y tiene que traer mejores días para las presentes y futuras generaciones. Creemos que lo merecemos.

Cerrar Ventana