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Un camino a elegir
Decir que el país vive en permanente crisis,
o que escribe su historia entre una crisis
que termina y otra que empieza, es
simplemente reflejar nuestra realidad.
En la última recta de nuestra historia
reciente, desde el año 2000, convivimos con
una crisis global, donde saltan problemas
acumulados por nuestra sociedad durante
muchos años y por diversas causas. Ya desde
aquel entonces, se vislumbraba que el
conocido movimiento pendular de las
políticas de gobierno, volvía a ponerse en
movimiento. Las importantes reformas del
Estado, iniciadas en 1985, no dieron los
resultados esperados y la sociedad en su
conjunto, en vez de corregir los errores de
estas reformas, libera su descontento
general, que lleva a la nación a buscar
soluciones, una ves más, en el camino
inverso del recorrido del péndulo, dando
lugar a un periodo de ingobernabilidad
política y social, donde la rebelión contra
todo lo establecido, modifica la estructura
de protesta conocida hasta entonces de los
movimientos sociales, emergiendo con
indiscutible fuerza una nueva lógica del
pensamiento social boliviano.
El trasfondo de esta situación radica en la
crisis de confianza de la sociedad boliviana
en si misma, en la crisis de confianza en el
futuro, y en la sensación del pueblo, de que
el bien público (y lo poco o mucho que era
suyo), se había perdido, o fue vendido a
terceros y, en algunos casos extremos,
simplemente se lo entregó a foráneos sin
dejar beneficios al pueblo. Es la crisis de
pertenencia, que por lo vivido en estos
últimos años, es de gran significado e
importancia para una buena parte de la
población.
En el eje de las preocupaciones figuran la
discriminación y desigualdad social, la
corrupción, la pobreza y el desempleo, que
en su conjunto, constituyen una amenaza
permanente de la democracia, siendo factores
determinantes para definir el rumbo de las
grandes movilizaciones sociales, que en
pocos años impulsan y posesionan un gobierno
que impone una nueva concepción de manejo
político y social en el país.
De esta manera, nuestra historia reciente,
hoy nos muestra una página de grandes
cambios, con un gobierno que en lo interno,
impulsa profundas transformaciones de
nuestra sociedad y en lo externo, nos va
posesionando de a poco, en un aislacionismo
preocupante. Con todo, y en el balance de
las actuaciones, el sentimiento de
pertenencia para las mayorías nacionales
recobró su orgullo, siendo este, el punto de
partida para que el actual gobierno funde
sus pretensiones de llevar adelante las
transformaciones pretendidas.
En este horizonte se destaca, sin duda, la
Asamblea Constituyente y el resultado de sus
determinaciones comprometerá el futuro del
país por mucho tiempo. El gran desafío de
toda la nacionalidad, es lograr que este
proceso sea una oportunidad de cambios
positivos y no una amenaza al orden por las
imposiciones que se pretenden consolidar.
En este proceso decantaron las ideas y
refrescaron los pensamientos en la pascana
del tiempo, conociéndose que la mayor parte
de la población está de acuerdo con reformas
parciales y no totales, en contraposición
con afirmaciones vertidas por los círculos
oficiales.
Y todo pasa por la concepción que unos y
otros tengan como visión de país. Es decir
cual es la idealización que tenemos a futuro
del país que deseamos. Más allá de nuestras
preferencias políticas, la definición de
este planteamiento vendrá de la necesidad y
posibilidad de introducir cambios
constitucionales que nos dejen actuar con
comodidad en la resolución de nuestros
problemas.
En el abanico de planteamientos
estructurados en procura de satisfacer estas
demandas, se tiene en los gobiernos y las
autonomías departamentales, el punto de
partida y apoyo, para iniciar un nuevo
camino que determinará actuaciones del
conjunto de la sociedad mucho más positivas
y de mejor alcance que las logradas hasta
ahora.
Esta posibilidad, entre otras, de
estructurar un nuevo ordenamiento de la
administración publica, nos permitirá
proyectar un Estado moderno que no
permanezca anclado al pasado. No debemos
buscar ni motivación ni castigo por nuestro
pasado. Debemos soñar e idealizar nuestras
vidas en la proyección de nuestro futuro.
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