Edición 345 - 21/05/2007

 

Editorial

Un camino a elegir

Decir que el país vive en permanente crisis, o que escribe su historia entre una crisis que termina y otra que empieza, es simplemente reflejar nuestra realidad.

En la última recta de nuestra historia reciente, desde el año 2000, convivimos con una crisis global, donde saltan problemas acumulados por nuestra sociedad durante muchos años y por diversas causas. Ya desde aquel entonces, se vislumbraba que el conocido movimiento pendular de las políticas de gobierno, volvía a ponerse en movimiento. Las importantes reformas del Estado, iniciadas en 1985, no dieron los resultados esperados y la sociedad en su conjunto, en vez de corregir los errores de estas reformas, libera su descontento general, que lleva a la nación a buscar soluciones, una ves más, en el camino inverso del recorrido del péndulo, dando lugar a un periodo de ingobernabilidad política y social, donde la rebelión contra todo lo establecido, modifica la estructura de protesta conocida hasta entonces de los movimientos sociales, emergiendo con indiscutible fuerza una nueva lógica del pensamiento social boliviano.

El trasfondo de esta situación radica en la crisis de confianza de la sociedad boliviana en si misma, en la crisis de confianza en el futuro, y en la sensación del pueblo, de que el bien público (y lo poco o mucho que era suyo), se había perdido, o fue vendido a terceros y, en algunos casos extremos, simplemente se lo entregó a foráneos sin dejar beneficios al pueblo. Es la crisis de pertenencia, que por lo vivido en estos últimos años, es de gran significado e importancia para una buena parte de la población.

En el eje de las preocupaciones figuran la discriminación y desigualdad social, la corrupción, la pobreza y el desempleo, que en su conjunto, constituyen una amenaza permanente de la democracia, siendo factores determinantes para definir el rumbo de las grandes movilizaciones sociales, que en pocos años impulsan y posesionan un gobierno que impone una nueva concepción de manejo político y social en el país.

De esta manera, nuestra historia reciente, hoy  nos muestra una página de grandes cambios, con un gobierno que en lo interno, impulsa profundas transformaciones de nuestra sociedad y en lo externo, nos va posesionando de a poco, en un aislacionismo preocupante. Con todo, y en el balance de las actuaciones, el sentimiento de pertenencia para las mayorías nacionales recobró su orgullo, siendo este, el punto de partida para que el actual gobierno funde sus  pretensiones de llevar adelante las transformaciones pretendidas. 

En este horizonte se destaca, sin duda, la Asamblea Constituyente y el resultado de sus determinaciones comprometerá el futuro del país por mucho tiempo. El gran desafío de toda la nacionalidad, es lograr que este proceso sea una oportunidad de cambios positivos y no una amenaza al orden por las imposiciones que se pretenden consolidar.

En este proceso decantaron las ideas y refrescaron los pensamientos en la pascana del tiempo, conociéndose que la mayor parte de la población está de acuerdo con reformas parciales y no totales, en contraposición con afirmaciones vertidas por los círculos oficiales.

Y todo pasa por la concepción que unos y otros tengan como visión de país. Es decir cual es la idealización que tenemos a futuro del país que deseamos. Más allá de nuestras preferencias políticas, la definición de este planteamiento vendrá de la necesidad y posibilidad de introducir cambios constitucionales que nos dejen actuar con comodidad en la resolución de nuestros problemas.

En el abanico de planteamientos estructurados en procura de satisfacer estas demandas, se tiene en los gobiernos y las autonomías departamentales, el punto de partida y apoyo, para iniciar un nuevo camino que determinará actuaciones del conjunto de la sociedad mucho más positivas y de mejor alcance que las logradas hasta ahora.

Esta posibilidad, entre otras, de estructurar un nuevo ordenamiento de la administración publica, nos permitirá proyectar un Estado moderno que no permanezca anclado al pasado. No debemos buscar ni motivación ni castigo por nuestro pasado. Debemos soñar e idealizar nuestras vidas en la proyección de nuestro futuro.

Cerrar Ventana