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Exportar gas e importar GLP
La pronosticada crisis de provisión de GLP
en el mercado nacional dejó de ser un
nubarrón en el horizonte y se ha convertido
en una tormenta, para la cual el Gobierno, a
través de la cartera de Energía e
Hidrocarburos, ha desplegado un paraguas
anunciando la compra de 45 toneladas diarias
del energético de Argentina, Perú y
Venezuela, durante tres meses.
Desmenuzar las causas que han acarreado al
país que hoy se precia de tener las segundas
mayores reservas de gas natural del
Continente, luego de Venezuela, a esta
crisis, no es el motivo del presente
editorial, sino más bien destacar que este
tipo de medidas tienen que ser vistas en lo
inmediato como un paliativo necesario para
remediar un mal que ya la tenemos muy bien
instalado en casa.
Claro, como sucede con cualquier problema
que involucra al Estado, la situación se
hace oportuna para que la oposición,
política en este caso, se desgarre las
vestiduras y de al problema un tinte de
escándalo nacional, sin asumir conciencia
que el mismo es una bola de nieve que fue
creciendo incontrolablemente desde la época
en que les tocó gobernar. Ojo que no estamos
justificando al actual Gobierno que también
suma errores.
Que Bolivia importe gas, cuando es el
principal suministrador de Brasil, la
primera potencia suramericana y la octava
economía del mundo, pareciera un argumento
digno de Ripley. Sin embargo, “la necesidad
tiene cara de hereje” reza una frase
popular, y vistas así las cosas no debe
extrañarnos el saber que Venezuela, quinto
productor mundial de petróleo y dueño de las
mayores reservas de gas de Sud América,
acaba de firmar un contrato para comprarle
gas natural a su vecina Colombia.
La firma del contrato de suministro de gas
entre la República de Colombia y la
República Bolivariana de Venezuela, forma
parte del desarrollo del Gasoducto
Transoceánico, tramo Antonio Ricaurte. La
primera fase de esta infraestructura
gasífera tendrá una longitud de 225
kilómetros, con tuberías de 26 pulgadas de
diámetro y se extenderá desde Maracaibo,
Venezuela, hasta Campo Ballenas, en la
localidad colombiana de Santander.
Venezuela ha recurrido a dicho camino para
poder suministrar gas a una región de su
territorio que actualmente precisa del
energético. Consideramos que se trata de
soluciones que, como en el caso boliviano
con el GLP, son respuestas inmediatas y
prácticas a un problema de fuerza mayor.
Cabe recordar que la demanda de GLP alcanzó
a 1.036 toneladas diarias y la producción se
ha mantenido en 990 toneladas. El resto es
cubierto con saldos que generan las
refinerías.
La producción aumentará en diciembre
próximo, ha dicho el Ministro Carlos
Villegas, pero la principal apuesta del
Gobierno es la inversión de 400 millones de
dólares que hará Argentina para instalar una
planta separadora de líquidos del gas
natural en el sur de Bolivia, pero que no
estará lista antes de 2009. Sin embargo,
también debemos aguardar con optimismo el
compromiso de Venezuela de invertir en
Bolivia en plantas de separación de
líquidos, lo que a mediano plazo podría
determinar que la producción del combustible
sature la demanda y genere excedentes para
la exportación; pero, de igual manera,
debemos pensar en poner fin a la subvención
al GLP, una de las causas de su permanente
escasez debido al contrabando de que es
objeto, principalmente hacia Perú y
Paraguay, países donde su precio es
ampliamente superior al de Bolivia.
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