Edición 348 - 11/06/2007

 

Editorial

El deshielo: ¿un tema candente?
 

El Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado el pasado 5 de junio, es uno de los principales vehículos que las Naciones Unidas utilizan para fomentar la sensibilización mundial sobre el medio ambiente y promover la atención y acción política al respecto.

Los objetivos son darle una cara humana a los temas ambientales, motivar que las personas se conviertan en agentes activos del desarrollo sostenible y equitativo, promover el papel fundamental de las comunidades en el cambio de actitud hacia temas ambientales, y fomentar la cooperación, la cual garantizará que todas las naciones y personas disfruten de un futuro más prospero y seguro.

El tema elegido para el Día Mundial del Medio Ambiente 2007 es "El deshielo: ¿un tema candente?"

La temperatura de la Tierra ha aumentado aproximadamente 0,75° C desde la Revolución Industrial. Once de los años con las temperaturas más altas de los últimos 125 años se registran después de 1990 y el récord lo tiene, hasta ahora, el año 2005. Hay un gran consenso respecto a las causas: las emisiones de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono (CO2) proveniente de la quema de combustibles fósiles.

El análisis de las muestras de hielo evidencia que hay más CO2 en la atmósfera que en cualquier momento de los últimos 600,000 años. Las emisiones antropogénicas mundiales de CO2 prácticamente se triplicaron entre 1960 y 2002. Tan solo desde 1987 registran un incremento aproximado de 33%.

Se cree que en este siglo el calentamiento del planeta será de entre 1.4 y 5.8°C. Los efectos del cambio climático ya son perceptibles: la contracción del casquete polar ártico; las aceleradas crecidas del nivel del mar; el deshielo de los glaciares alrededor del mundo; el derretimiento del permafrost; el deshielo anticipado de capas glaciares en ríos y lagos; la mayor intensidad y duración de las tormentas tropicales; la prolongación de las estaciones en latitudes medias y altas, y los cambios en los rangos y comportamientos de plantas y animales.

En el Ártico, los tremedales se derriten y liberan metano, un gas de efecto invernadero aún más potente que el CO2. Los científicos se muestran cada vez más preocupados por la posibilidad de un cambio climático abrupto que incluiría la reducción de las corrientes oceánicas, como la corriente del Golfo que calienta a Europa, y la modificación en los patrones de lluvia, como la estación de los monzones, fenómenos que afectarían la seguridad alimentaria de miles de millones de personas.

La temperatura del Ártico crece con el doble de rapidez que el resto del promedio mundial. La zona del Océano Ártico cubierta de hielo cada verano se ha contraído, y el hielo restante es cada vez más delgado. Ya que el mar absorbe más calor que el hielo, se genera un ciclo que provoca un deshielo aún más acelerado. Entre 20 y 30% del hielo marino se ha perdido en el Ártico europeo desde 1980.

Los osos polares dependen del hielo marino donde cazan focas y usan los corredores glaciares para pasar de una zona a otra. Las hembras construyen guaridas invernales en zonas donde encuentran gruesas capas de nieve. En primavera emergen con sus oseznos después de no haber probado alimento durante cinco o siete meses. Su supervivencia necesita del hielo marino en buenas condiciones.

La salud de los osos polares adultos de la Bahía de Hudson, en Canadá, se ha visto afectada en los últimos veinte años: su peso promedio y el número de crías nacidas entre 1981 y 1998 registran caídas de entre 15 y 26%. Algunos modelos climáticos proyectan la posible pérdida total de hielo marino estival en el Ártico antes de que termine el siglo. Los osos polares difícilmente sobrevivirán.

Hay muchas opciones para evitar el cambio climático catastrófico: mejoras en la eficacia energética y el viraje hacia los recursos renovables y de bajo consumo de carbón, como la bioenergía, la energía solar, eólica y geotérmica. Asimismo, existe la posibilidad de captar y almacenar CO2, mientras que diversos analistas consideran que la energía nuclear podría desempeñar un papel importante.

La capacidad mundial instalada de energía eólica en 1995 fue de 4,800 megavatios. A fines de 2005 la cifra se multiplicó más de doce veces hasta superar los 59,000 megavatios. El Consejo Mundial de Energía Eólica calcula que para el año 2050 más de la tercera parte de la electricidad mundial se generará gracias al viento.

De Vietnam a Australia, de Kenia a México, las personas se unen para plantar árboles, muchos de ellos lo hacen como parte de la Campaña de los Mil Millones de Árboles del PNUMA, Plantar para el Planeta. Los árboles pueden desacelerar el cambio climático gracias a su capacidad de absorción de bióxido de carbono al crecer. Además, ayudan a disminuir la contaminación, mantener el frescor en las ciudades, proteger las cuencas y aminorar la erosión de los suelos.

 

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