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El deshielo: ¿un tema candente?
El Día Mundial
del Medio Ambiente, celebrado el pasado 5 de
junio, es uno de los principales vehículos
que las Naciones Unidas utilizan para
fomentar la sensibilización mundial sobre el
medio ambiente y promover la atención y
acción política al respecto.
Los objetivos
son darle una cara humana a los temas
ambientales, motivar que las personas se
conviertan en agentes activos del desarrollo
sostenible y equitativo, promover el papel
fundamental de las comunidades en el cambio
de actitud hacia temas ambientales, y
fomentar la cooperación, la cual garantizará
que todas las naciones y personas disfruten
de un futuro más prospero y seguro.
El tema elegido
para el Día Mundial del Medio Ambiente 2007
es "El deshielo: ¿un tema candente?"
La temperatura
de la Tierra ha aumentado aproximadamente
0,75° C desde la Revolución Industrial. Once
de los años con las temperaturas más altas
de los últimos 125 años se registran después
de 1990 y el récord lo tiene, hasta ahora,
el año 2005. Hay un gran consenso respecto a
las causas: las emisiones de gases de efecto
invernadero, como el dióxido de carbono
(CO2) proveniente de la quema de
combustibles fósiles.
El análisis de
las muestras de hielo evidencia que hay más
CO2 en la atmósfera que en cualquier momento
de los últimos 600,000 años. Las emisiones
antropogénicas mundiales de CO2
prácticamente se triplicaron entre 1960 y
2002. Tan solo desde 1987 registran un
incremento aproximado de 33%.
Se cree que en
este siglo el calentamiento del planeta será
de entre 1.4 y 5.8°C. Los efectos del cambio
climático ya son perceptibles: la
contracción del casquete polar ártico; las
aceleradas crecidas del nivel del mar; el
deshielo de los glaciares alrededor del
mundo; el derretimiento del permafrost; el
deshielo anticipado de capas glaciares en
ríos y lagos; la mayor intensidad y duración
de las tormentas tropicales; la prolongación
de las estaciones en latitudes medias y
altas, y los cambios en los rangos y
comportamientos de plantas y animales.
En el Ártico,
los tremedales se derriten y liberan metano,
un gas de efecto invernadero aún más potente
que el CO2. Los científicos se muestran cada
vez más preocupados por la posibilidad de un
cambio climático abrupto que incluiría la
reducción de las corrientes oceánicas, como
la corriente del Golfo que calienta a
Europa, y la modificación en los patrones de
lluvia, como la estación de los monzones,
fenómenos que afectarían la seguridad
alimentaria de miles de millones de
personas.
La temperatura
del Ártico crece con el doble de rapidez que
el resto del promedio mundial. La zona del
Océano Ártico cubierta de hielo cada verano
se ha contraído, y el hielo restante es cada
vez más delgado. Ya que el mar absorbe más
calor que el hielo, se genera un ciclo que
provoca un deshielo aún más acelerado. Entre
20 y 30% del hielo marino se ha perdido en
el Ártico europeo desde 1980.
Los osos
polares dependen del hielo marino donde
cazan focas y usan los corredores glaciares
para pasar de una zona a otra. Las hembras
construyen guaridas invernales en zonas
donde encuentran gruesas capas de nieve. En
primavera emergen con sus oseznos después de
no haber probado alimento durante cinco o
siete meses. Su supervivencia necesita del
hielo marino en buenas condiciones.
La salud de los
osos polares adultos de la Bahía de Hudson,
en Canadá, se ha visto afectada en los
últimos veinte años: su peso promedio y el
número de crías nacidas entre 1981 y 1998
registran caídas de entre 15 y 26%. Algunos
modelos climáticos proyectan la posible
pérdida total de hielo marino estival en el
Ártico antes de que termine el siglo. Los
osos polares difícilmente sobrevivirán.
Hay muchas
opciones para evitar el cambio climático
catastrófico: mejoras en la eficacia
energética y el viraje hacia los recursos
renovables y de bajo consumo de carbón, como
la bioenergía, la energía solar, eólica y
geotérmica. Asimismo, existe la posibilidad
de captar y almacenar CO2, mientras que
diversos analistas consideran que la energía
nuclear podría desempeñar un papel
importante.
La capacidad
mundial instalada de energía eólica en 1995
fue de 4,800 megavatios. A fines de 2005 la
cifra se multiplicó más de doce veces hasta
superar los 59,000 megavatios. El Consejo
Mundial de Energía Eólica calcula que para
el año 2050 más de la tercera parte de la
electricidad mundial se generará gracias al
viento.
De Vietnam a Australia, de Kenia a México,
las personas se unen para plantar árboles,
muchos de ellos lo hacen como parte de la
Campaña de los Mil Millones de Árboles del
PNUMA, Plantar para el Planeta. Los árboles
pueden desacelerar el cambio climático
gracias a su capacidad de absorción de
bióxido de carbono al crecer. Además, ayudan
a disminuir la contaminación, mantener el
frescor en las ciudades, proteger las
cuencas y aminorar la erosión de los suelos.
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