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Se veía venir
La incertidumbre de los últimos años en el
sector de los hidrocarburos le ha extendido
su primera factura al Gobierno, la
producción de gas natural parece lanzar la
primera alerta roja, de lo que en poco
tiempo más puede constituirse en un
mayúsculo dolor de cabeza para el mandato de
Evo Morales, incapacidad de cumplir con los
volúmenes pactados en los contratos de
compra - venta de gas natural con las
Repúblicas de Brasil y Argentina y para
atender el suministro al mercado interno.
¿Las razones?, se pueden barajar muchas,
pero una comienza a brillar con luz propia,
falta de inversiones en desarrollo de
reservas, exploración y producción. Esto es
grave.
Sin ser alarmistas ni agoreros -porque no es
ni será nuestro estilo- creemos que todo el
manoseo político del que fue objeto el
sector de los hidrocarburos en los últimos
cuatro años aplica su primera estocada
mortal. ¿La víctima? La buena fe del Estado.
Porque ya está comprometida, ¡sí
señores!..... desde el momento en que el
suministro de gas a Cuiaba (Brasil) y a la
Argentina son objeto de recortes, el país
está incumpliendo la palabra comprometida
contractualmente. No interesa la cantidad,
sino la responsabilidad de ser un
suministrador creible, piedra angular de
este negocio.
La incertidumbre es el mejor caldo de
cultivo para la inseguridad jurídica, y
donde esta reina nadie arriesga un centavo,
eso es lo que ha pasado en los últimos años,
no se ha invertido en el desarrollo de las
reservas que hoy podrían dar al país la
tranquilidad de saber que los compromisos
externos e internos están respaldados e
incluso se podría hablar de un superavit
para cualquier eventualidad.
Las palabras mesuradas del vocero de la
Cámara Boliviana de Hidrocarburos, Yussef
Akly, vertidas a un matutino nacional, en
sentido que Bolivia no incumplirá los
contratos de provisión de gas natural, pero
no tendrá capacidad de atender la totalidad
de la demanda externa, es una señal
inequívoca de lo anteriormente expuesto,
hemos llegado al límite de la capacidad de
producción. Situación que podría complicarse
mucho más con el pedido de Brasil de ampliar
a mediados de julio a 30 millones de metros
cúbicos diarios el volumen del gas adquirido
a Bolivia y pactados en el GSA.
En ese contexto, el Gobierno, a través de
YPFB, admite que las reservas probadas de
gas han descendido de 28,7 a 19,3 trillones
de pies cúbicos. Una cifra que, si bien nos
mantiene como el segundo país con las
mayores reservas de gas natural, después de
Venezuela, demuestra que aquello de firmar
nuevos contratos y buscar nuevos mercados
para el energético estrella del país puede
ser, en las actuales condiciones, una
reverenda irresponsabilidad. Esperemos que
no.
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