Edición 351 - 02/07/2007

 

Editorial

La misma forma, otro sentido

Durante el mes de junio, recién pasado, la prensa nacional destacaba en sus columnas de opinión, artículos con títulos como: Sin rumbo ni norte, Rumbo equivocado, Rumbo indeseable.... y así, sucesivamente, en un sinnúmero de rumbos quebrados al referirse a la política nacional.

Y no es para menos, pues el brete del pensamiento político, entiéndase Asamblea Constituyente, que debería servir para depurar las distintas corrientes y propuestas políticas, para que de allí emerja una “nueva Bolivia” cimentada en el pensamiento y visión a futuro de nuestros preclaros constituyentes, proyectando una nación sin las lacras del pasado, intentando la marginalidad y exclusión de algunos sectores de la población, además de sentar bases para desterrar la pobreza generalizada en todo el país, no logra articular rumbo alguno.

Los hechos, nos van mostrando esta cruda realidad, pues alrededor de la Magna Asamblea. Se desarrollan hechos vergonzosos que se muestran a la sociedad como verdaderos escándalos, signados por actos de violencia hace no muchos días, cuando menos también, encuentros con empujones y puñetazos, que hace unos meses casi cobran la vida de uno de los representantes, lo que provocó un ansiedad generalizada en toda la población.

Y en términos de propuesta para la redacción de una Carta Magna que permita proyectar a futuro al país, uniendo en este esfuerzo a toda la nacionalidad, no hay nada definido ni aprobado, a no ser la clara intención del partido en función de gobierno de legitimar un documento que permita consolidar su poder político, arrastrando con esto a enfrentamientos en el país, pues este proceder imperativo y autoritario, alejado de la práctica democrática que debe prevalecer en este proceso, conlleva la amenaza de quebrar la unidad de todos, anteponiéndose con crudeza a lo buscado, que es eliminar la exclusión que predominó a lo largo de nuestra vida republicana.

Y si algún partido político tiene la posibilidad de lograr tamaña proeza, es justamente el MAS, con gran respaldo popular y mayoría en la representación de la Asamblea. Para ello, tiene que ser capaz de mirar más allá del horizonte que le imponen los sectores sociales que lo sostienen o los linderos de su dirigencia partidaria, escuchando y actuando en función de todos. El repetir los errores de la dirigencia política de nuestra democracia reciente, no hará más que incrementar, y esta vez con mayor fuerza, la división entre los diversos sectores de la nación, tan diversos, tan diferentes y, para colmo de males, tan confundidos y desesperados.

La otra cara de la moneda, tampoco muestra una oposición que apuntale ningún discurso político que pueda aglutinar, con la coherencia y fuerza necesaria, un proyecto que guíe las deliberaciones hacia el puerto buscado. El oficialismo critica el carácter liberal de la oposición, y se jacta de mostrar, hoy por hoy, un crecimiento económico que permitirá introducir los cambios propuestos. Verdad a medias, pues el hecho de no presentar propuestas políticas, que permitan superar el momento actual, no les resta mérito, de haber sido ellos (los partidos liberales), los que delinearon el escenario jurídico y de confianza que permitió el ingreso de la gran inversión que llegó al país y que le dejaron la base de sustentación para la proyección y el crecimiento que presenta hoy la economía nacional, amén de haber consolidado la mayoría de las instituciones, como el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, las instancias de regulación sectorial, las Prefecturas y Municipios, etc. Como también las leyes y transformaciones que consolidaron una mayor participación social y control político, todo sustentado en la defensa a ultranza de los derechos y libertades individuales, de la propiedad y libertad económica, permitiendo la apertura del país al mundo globalizado e insertándolo económicamente en el concierto de naciones, abriendo fronteras y construyendo caminos hacia ellas.

Antes de esta retoma de la democracia en el país, todo se regía por el deseo de los sectores más poderosos y que ostentaban el poder político a nivel nacional, introduciendo en el Palacio Quemado, a personajes que obedecían sus designios, gobernando alejados de las leyes, todo en beneficio de unos cuantos y, por lo general, excluyendo a otros y muchos tantos. Esta práctica se repetía también cuando de regiones se trataba.

Hoy observamos, que ante el cambio de personajes y pensamientos en el Palacio Quemado, se desechan de plano todas las actuaciones anteriores, muchas de las cuales se podrían rescatar y corregir para beneficio del conjunto. Se vuelven a repetir las formas de actuación, sólo se invierte el sentido. Esto desespera!!

 

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