|
La misma forma, otro sentido
Durante el mes de junio, recién pasado, la
prensa nacional destacaba en sus columnas de
opinión, artículos con títulos como: Sin
rumbo ni norte, Rumbo equivocado, Rumbo
indeseable.... y así, sucesivamente, en un
sinnúmero de rumbos quebrados al referirse a
la política nacional.
Y no es para menos, pues el brete del
pensamiento político, entiéndase Asamblea
Constituyente, que debería servir para
depurar las distintas corrientes y
propuestas políticas, para que de allí
emerja una “nueva Bolivia” cimentada en el
pensamiento y visión a futuro de nuestros
preclaros constituyentes, proyectando una
nación sin las lacras del pasado, intentando
la marginalidad y exclusión de algunos
sectores de la población, además de sentar
bases para desterrar la pobreza generalizada
en todo el país, no logra articular rumbo
alguno.
Los hechos, nos van mostrando esta cruda
realidad, pues alrededor de la Magna
Asamblea. Se desarrollan hechos vergonzosos
que se muestran a la sociedad como
verdaderos escándalos, signados por actos de
violencia hace no muchos días, cuando menos
también, encuentros con empujones y
puñetazos, que hace unos meses casi cobran
la vida de uno de los representantes, lo que
provocó un ansiedad generalizada en toda la
población.
Y en términos de propuesta para la redacción
de una Carta Magna que permita proyectar a
futuro al país, uniendo en este esfuerzo a
toda la nacionalidad, no hay nada definido
ni aprobado, a no ser la clara intención del
partido en función de gobierno de legitimar
un documento que permita consolidar su poder
político, arrastrando con esto a
enfrentamientos en el país, pues este
proceder imperativo y autoritario, alejado
de la práctica democrática que debe
prevalecer en este proceso, conlleva la
amenaza de quebrar la unidad de todos,
anteponiéndose con crudeza a lo buscado, que
es eliminar la exclusión que predominó a lo
largo de nuestra vida republicana.
Y si algún partido político tiene la
posibilidad de lograr tamaña proeza, es
justamente el MAS, con gran respaldo popular
y mayoría en la representación de la
Asamblea. Para ello, tiene que ser capaz de
mirar más allá del horizonte que le imponen
los sectores sociales que lo sostienen o los
linderos de su dirigencia partidaria,
escuchando y actuando en función de todos.
El repetir los errores de la dirigencia
política de nuestra democracia reciente, no
hará más que incrementar, y esta vez con
mayor fuerza, la división entre los diversos
sectores de la nación, tan diversos, tan
diferentes y, para colmo de males, tan
confundidos y desesperados.
La otra cara de la moneda, tampoco muestra
una oposición que apuntale ningún discurso
político que pueda aglutinar, con la
coherencia y fuerza necesaria, un proyecto
que guíe las deliberaciones hacia el puerto
buscado. El oficialismo critica el carácter
liberal de la oposición, y se jacta de
mostrar, hoy por hoy, un crecimiento
económico que permitirá introducir los
cambios propuestos. Verdad a medias, pues el
hecho de no presentar propuestas políticas,
que permitan superar el momento actual, no
les resta mérito, de haber sido ellos (los
partidos liberales), los que delinearon el
escenario jurídico y de confianza que
permitió el ingreso de la gran inversión que
llegó al país y que le dejaron la base de
sustentación para la proyección y el
crecimiento que presenta hoy la economía
nacional, amén de haber consolidado la
mayoría de las instituciones, como el Poder
Judicial, el Tribunal Constitucional, las
instancias de regulación sectorial, las
Prefecturas y Municipios, etc. Como también
las leyes y transformaciones que
consolidaron una mayor participación social
y control político, todo sustentado en la
defensa a ultranza de los derechos y
libertades individuales, de la propiedad y
libertad económica, permitiendo la apertura
del país al mundo globalizado e insertándolo
económicamente en el concierto de naciones,
abriendo fronteras y construyendo caminos
hacia ellas.
Antes de esta retoma de la democracia en el
país, todo se regía por el deseo de los
sectores más poderosos y que ostentaban el
poder político a nivel nacional,
introduciendo en el Palacio Quemado, a
personajes que obedecían sus designios,
gobernando alejados de las leyes, todo en
beneficio de unos cuantos y, por lo general,
excluyendo a otros y muchos tantos. Esta
práctica se repetía también cuando de
regiones se trataba.
Hoy observamos, que ante el cambio de
personajes y pensamientos en el Palacio
Quemado, se desechan de plano todas las
actuaciones anteriores, muchas de las cuales
se podrían rescatar y corregir para
beneficio del conjunto. Se vuelven a repetir
las formas de actuación, sólo se invierte el
sentido. Esto desespera!!
Cerrar Ventana
|