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Vientos verdes a favor de Siemens
Hoy, la eficiencia energética y la reducción
de gases de efecto invernadero (GEI) forman
parte de todos los planes estratégicos de
las grandes multinacionales. En este campo,
las nuevas tecnologías tienen un papel
protagonista en el que Siemens participa
activamente.
Bajo ese concepto iniciamos este Editorial,
atípico por cierto, pero muy importante
desde nuestro punto de vista, puesto que
vamos a poner nuestra mirada sobre una de
las empresas más emblemáticas de Europa y,
porque no decirlo, del mundo.
El grupo alemán, representado en Bolivia por
la empresa Hansa, destina anualmente más de
2.000 millones de dólares a la inversión en
nuevas soluciones medioambientales, donde ya
suma 30.000 patentes verdes.
Entre ellas, "destacan la nueva turbina para
las plantas de ciclo combinado, que
incrementa la eficiencia energética en más
de un 60%, y los motores eléctricos para
vehículos de alta gama, entre otros",
explicó Hermann Requart, director de Siemens
Corporate Technologies, en las jornadas
anuales del grupo celebradas recientemente
en Nuremberg (Alemania), bajo el lema Los
retos del clima del siglo XXI, y de la cual
nos privilegiamos de recibir abundante
información
Actualmente, la emisión de dióxido de
carbono (CO2) en el mundo asciende a 44.000
millones de toneladas. Más de la mitad de
esta cantidad procede del consumo de
energía.
Según Requart, "si se aplicasen las diez
principales tecnologías de la compañía en
todo el mundo, las emisiones de CO2 se
reducirían en 10.000 millones de toneladas,
es decir, cerca del 40% de todo lo que
genere el sector energético, en 2050". La
verdad, se trata de una cifra que nos llama
a una reflexión imperiosa, más aún en un
momento donde el daño producto de las
emisiones de CO2 afectan a todo el orbe, y
bien sabemos, nuestro país, enclavado en el
corazón de América, no es la excepción.
Además de estar presente en los sectores de
las telecomunicaciones y en el transporte
ferroviario, el grupo también desarrolla
aplicaciones en energía, la construcción y
el automovilismo.
Entre su cartera de productos, la energía
está adquiriendo cada vez más importancia.
Pero la energía eólica destaca sobre el
resto. Esta área de negocio ha crecido un
50% en los últimos doce meses. En este
campo, Siemens ha instalado, hasta el
momento, 6.300 molinillos en tierra y mar
que permiten la reducción de diez millones
de toneladas anuales de CO2. "Esta cantidad
es lo que emiten dos centrales eléctricas de
carbón de 1980", afirma Nicolas Vortmeyer,
director del departamento Tecnologías
Limpias de Siemens.
En cuanto a las plantas de ciclo combinado,
"si todas elevaran los niveles de eficiencia
que permiten las tecnologías en el mercado,
las emisiones se recortarían en 2.500
millones de toneladas al año", explica
Requart. No obstante, "aunque las renovables
sean un mercado en crecimiento, no dejarán
de emplearse los recursos fósiles", señala
Requart. Además, "la energía nuclear tiene
que ser una parte esencial de la actividad
energética, destinada a la reducción de los
GEI, por lo que, desde Siemens, nos
comprometemos con este sector", añade el
directivo.
Debemos recordar que en nuestro país, la
generadora cruceña Guaracachi ha anunciado
la instalación de la primera planta de ciclo
combinado, todo un salto tecnológico que
estamos seguros será acompañado por la
eficiencia a la que alude Siemens y de la
que Guaracachi nos ha dado más de un
ejemplo.
En el sector del automóvil, la compañía ha
desarrollado motores eléctricos y de
hidrógeno y lo que denomina piezo inyección,
una herramienta que permite reducir un 50%
el consumo de gasolina y de CO2, recortando
las emisiones de un coche de clase media en
570 gramos al año.
"La demanda de este producto es muy elevada,
hasta el punto que casi no podemos
satisfacerla", explica Wolfgan Schelter.
Actualmente, estas piezas son empleadas en
algunos modelos de BMW y Mercedes, lo que ha
permitido el ahorro de un millón de
toneladas de CO2.
En pocas líneas, creemos que Siemens es un
punto de partida y un referente que en
materia medioambiental muchos están llamados
a imitar. También en Bolivia, por cierto.
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