Edición 356 - 06/08/2007

 

Editorial

Un encuentro transcendental
 

No vamos a decir que nos cayó como un balde de agua fría, desnudos, a la intemperie y con un sur que llega cada 30 años, las conclusiones del 1er Foro “Energía, Integración y Responsabilidad Social”, celebrado bajo la organización de la Fundación Amérida, en Santa Cruz de la Sierra. “Si no se realizan inversiones inmediatas en generación y transporte de electricidad, el año 2009 llegará el racionamiento del servicio”.

 

Tales conclusiones ubican en su verdadera dimensión una cadena de informaciones que se han venido publicando, a partir de análisis realizados por diferentes especialistas de nuestro país. “Habrá racionamiento de electricidad en La Paz”, “Occidente corre riesgo de quedar sin energía”, “Si no se invierte en generación y transporte de electricidad llegará el racionamiento”, son algunos de los titulares”, que desde hace varios meses se han venido repitiendo en los distintos medios de comunicación.

 

Pero, está claro que en el sector energético, cuando sucede un racionamiento, este refleja las consecuencias de decisiones y políticas de un par de años atrás.  Un racionamiento es fruto de una improvisación y desconocimiento de la realidad del sector de la energía. Si no se planifica a futuro, el futuro se ajusta y solo nos damos cuenta de ello cuando ya es tarde.

En el caso de la generación de energía eléctrica, esto viene dado por la falta de implementación de nuevas plantas de generación, cuyos periodos de instalación oscilan entre 2 a 8 años, dependiendo de la fuente primaria de energía.

 

Actualmente, el parque generador de Bolivia tiene un 53 por ciento de plantas termoeléctricas y un 47 por ciento de plantas hidroeléctricas.

 

La ausencia o la presencia de señales políticas e incentivos inadecuados para nuevas inversiones en ambos sectores, son factores de peligro para pensar en futuros racionamientos de energía.

 

En ese contexto, surge una pregunta ineludible, ¿cómo andamos en inversión en generación? Creemos que la respuesta surgirá a partir del siguiente planteamiento: En la parte termoeléctrica, si no hay fuentes seguras de gas, el periodos de consolidación de nuevos proyectos de generación puede oscilar alrededor de tres años como mínimo. Aquí es fundamental señales claras de parte del sector de los hidrocarburos. Ello significa que no solo es necesario saber cuanto gas existe en el subsuelo, sino cuanto gas puede aflorar con inversiones para poder realmente hacer algo con este hidrocarburo.

 

Ahora bien, la inseguridad coyuntural que transita a inseguridad estructural  gracias al proceso de transformación que vive el Estado Boliviano, entiéndase Asamblea Constituyente, Nacionalización, Estado Comunitarios, Monopolio Estatal en el aprovechamiento de los Recursos Naturales y estatización del sector estratégico de la energía, pinta un panorama de incertidumbre para lograr aliados confiables decididos a actuar en el sector.

 

En el caso del sector de electricidad e hidrocarburos, esta incertidumbre es creciente, y afecta a la cadena de la producción, generación y transporte de energía, alertando sobre una inminente crisis energética con el consecuente racionamiento de energía en la población.

 

Lo paradójico en comparación con otros países, cuyas razones radican en un desarrollo económico acelerado o falta de recursos energéticos propios, en el nuestro se deberán a la falta de inversiones y a la falta de una planificación y políticas de Estado.

 

Un  Estado que pierde su seguridad energética actúa de espaldas a necesidades básicas de su población e impide su desarrollo futuro.

 

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