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Otro acto de barbarie contra Transredes
Mientras los principales titulares de los
diferentes medios de comunicación del país,
destacaban con grandes titulares el
nacimiento de YPFB . Petroandina SAM, un
hecho aislado, pero recurrente como nueva
arma de presión de grupos marginales,
anunciaba que un grupo de alrededor de 60
comunitarios avasallaban la estación de
Compresión de Gas de Cerrillos, en Sucre, y
apretaba “el botón rojo” dejando paralizadas
las máquinas que comprimen gas en el sistema
integrado de Transredes.
No sabemos si lo hicieron al influjo del
alcohol u otro tipo de estimulante, porque
claro, es inconcebible que seres pensantes,
por lo menos pertenecientes a la especie
humana, actúen sin medir las consecuencias
que tamaño acto irracional puede provocar en
un bien público que, por sus características
de alta peligrosidad, puede convertirse en
una bomba de un poder destructivo
impredecible.
Según Transredes, estas acciones tendrán
consecuencias negativas importantes en el
suministro de gas para el occidente del
país. Ante este anuncio, proveniente de una
empresa que a lo largo de diez años se ha
caracterizado por detentar márgenes de
seguridad, avalados nacional e
internacionalmente, debemos sentirnos poco
más que desazonados. Es que no es la primera
vez, recordemos los hechos de Yacuiba, donde
otra estación de Transredes fue saqueada con
una ferocidad cavernaria.
Lo más lamentable de todos estos hechos,
reprochables desde todo punto de vista por
atentar a un bien de servicio público, es
que el reclamo, sea este político, cívico o
sindical, sirve de trampolín para que
delincuentes comunes, que a estas alturas
deberían tener foto de frente y de perfil,
aprovechen el pánico para desmantelar
instalaciones que tienen un alto costo,
técnico y económico, para la compañía
propietaria de los mismos y, por ende, para
el país, porque recordemos que el Estado, a
través de YPFB, tiene una importantísima
participación accionaria en Transredes..
Con justa, con merecida razón, la
transportadora enfatizó su rechazo por
hechos que son totalmente ajenos a la
empresa, que ponen en riesgo la vida de los
trabajadores y de los lugareños. Además son
perjudiciales ya que dichas instalaciones
brindan un servicio público al transportar
gas de y para los bolivianos.
Implacable debe ser la justicia con aquellos
que promueven atentar contra la vida de
honestos funcionarios, que, como los
operadores de la Estación de Compresión de
Gas de Cerrillos, trabajan resguardando un
bien público que transporta la energía que a
diario promueve el desarrollo del país.
Dolida e impotente, Transredes ha dicho:
“Nuestras instalaciones continúan siendo la
herramienta de presión de diferentes
movimientos sociales. Nosotros venimos
realizando muchas acciones para que “Nunca
Más” vuelvan a darse estos hechos. Sin
embargo, la situación continúa y nuestras
estaciones siguen siendo avasalladas,
poniendo en peligro vidas, perjudicando un
servicio esencial y la imagen del país”.
El Gobierno y las autoridades
departamentales son los llamados a poner fin
a esta clase de abusos que, a título de
demandas sociales, se han convertido en un
mecanismo de chantaje propio, y lo decimos
sin equivocarnos, de grupos terroristas,
puesto que quienes atentan contra la vida y
los bienes de servicio público tienen ese
calificativo, acá o en el Congo.
Las demandas pueden ser justas, obligadas
por la ineficiencia gubernamental o de las
autoridades regionales, pero estas deben
buscar otros escenarios para ser expresadas,
de ninguna manera se las puede llevar a
instalaciones que brindan un servicio de
valor incalculable para el país.
Ojalá prime la cordura y “Nunca Más” se
repitan estos hechos, indignos de pertenecer
a una sociedad civilizada.
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