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El reciclaje petrolero
No todo en el aumento de los precios del
petróleo es malo. Amén de que propicie en
los países importadores algo tan interesante
e importante como la eficiencia energética,
no se debe olvidar que también mejora la
situación económica de los países
exportadores del crudo, haciendo que sus
ingresos en divisas aumenten de forma
espectacular.
Una pregunta surge de inmediato: ¿Cómo estos
ingresos extras de los exportadores de
petróleo pueden afectar positivamente a los
países importadores? Pues todo depende de
qué decidan hacer los países exportadores
con su nuevo maná.
En principio, las rentas generadas por las
exportaciones de petróleo (al igual que las
generadas por otras exportaciones) pueden
gastarse o ahorrarse. La decisión sobre qué
hacer con estas rentas constituye, en los
países exportadores de petróleo, una
decisión de política fiscal, ya que, estando
nacionalizada la industria petrolífera en la
mayoría de los mencionados países, las
rentas del petróleo van a parar directamente
a sus gobiernos.
Si la decisión es gastar tales rentas, cabe
la posibilidad de hacerlo, por un lado, en
consumo o en inversión, y por otro, hacerlo
en el propio país o en el extranjero. Si la
decisión es que hay que ahorrar tales
rentas, esto se puede hacer vía acumulación
de activos financieros y/o vía reducción de
la deuda pública.
Considerando estas alternativas, ¿qué es lo
que han hecho, en los últimos años, los diez
principales países exportadores de petróleo?
Pues, aunque la situación varía algo en
función del país que se considere (no es lo
mismo, por ejemplo, el caso saudí que el
ruso), existen muchos puntos en común entre
ellos, de manera que no es complicado
generalizar.
No existe ninguna duda de que una parte
importante de estas rentas se ha dedicado al
consumo y la inversión internos, tal y como
atestiguan los fuertes ritmos de crecimiento
económico (por encima del 6%) conseguidos,
en promedio, en los últimos años. Esto no ha
impedido, sin embargo, que una parte muy
sustancial de las rentas petroleras se hayan
dedicado a otros menesteres, en particular a
reducir la deuda pública, incrementar las
importaciones y acumular activos
financieros.
Por lo que se refiere a la primera
aplicación, se constata que, de los diez
países bajo consideración, la mayoría ha
reducido la cuantía de su deuda pública en
más del 50%; en el caso de Arabia Saudita,
la reducción ha sido sobre todo de deuda
interna, mientras que en el resto de países
ha sido, básicamente, deuda externa. Noruega
es el único país que no ha aplicado parte de
sus rentas petrolíferas a la reducción
decidida de su deuda.
En cuanto a la segunda aplicación, es
preciso señalar que las importaciones de los
países exportadores de petróleo se han más
que duplicado en términos de paridad de
poder de compra. Los principales países
beneficiarios de este “celo importador” han
sido los del sudeste asiático, seguidos por
los países de la eurozona; Estados Unidos,
por el contrario, no parece haber sacado
demasiado partido en este terreno.
Por último, una parte sustancial de las
rentas petrolíferas se ha dedicado a la
acumulación de activos financieros (bien en
forma de reservas internacionales o de otros
títulos financieros -inversión en cartera),
tal y como atestiguan las enormes salidas de
capitales que han registrado los países
exportadores. Pese a la dificultad en seguir
la pista a estas inversiones, aquí sí que
parece que el grueso de las mismas se ha
dirigido a los Estados Unidos.
La evolución de los precios del petróleo,
que tan de cabeza trae a consumidores,
empresarios y gobiernos por su influencia
negativa en la marcha de la economía, tiene
también algunos efectos positivos que no
parece oportuno menoscabar: una mayor
eficiencia en el uso de la energía y un
importante “reciclado” de las rentas extras
que llegan a los países exportadores de
petróleo son, sin duda, los más importantes.
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