Edición 359 - 27/08/2007

 

Editorial

El reciclaje petrolero

No todo en el aumento de los precios del petróleo es malo. Amén de que propicie en los países importadores algo tan interesante e importante como la eficiencia energética, no se debe olvidar que también mejora la situación económica de los países exportadores del crudo, haciendo que sus ingresos en divisas aumenten de forma espectacular.

Una pregunta surge de inmediato: ¿Cómo estos ingresos extras de los exportadores de petróleo pueden afectar positivamente a los países importadores? Pues todo depende de qué decidan hacer los países exportadores con su nuevo maná.

En principio, las rentas generadas por las exportaciones de petróleo (al igual que las generadas por otras exportaciones) pueden gastarse o ahorrarse. La decisión sobre qué hacer con estas rentas constituye, en los países exportadores de petróleo, una decisión de política fiscal, ya que, estando nacionalizada la industria petrolífera en la mayoría de los mencionados países, las rentas del petróleo van a parar directamente a sus gobiernos.

Si la decisión es gastar tales rentas, cabe la posibilidad de hacerlo, por un lado, en consumo o en inversión, y por otro, hacerlo en el propio país o en el extranjero. Si la decisión es que hay que ahorrar tales rentas, esto se puede hacer vía acumulación de activos financieros y/o vía reducción de la deuda pública.

Considerando estas alternativas, ¿qué es lo que han hecho, en los últimos años, los diez principales países exportadores de petróleo? Pues, aunque la situación varía algo en función del país que se considere (no es lo mismo, por ejemplo, el caso saudí que el ruso), existen muchos puntos en común entre ellos, de manera que no es complicado generalizar.

No existe ninguna duda de que una parte importante de estas rentas se ha dedicado al consumo y la inversión internos, tal y como atestiguan los fuertes ritmos de crecimiento económico (por encima del 6%) conseguidos, en promedio, en los últimos años. Esto no ha impedido, sin embargo, que una parte muy sustancial de las rentas petroleras se hayan dedicado a otros menesteres, en particular a reducir la deuda pública, incrementar las importaciones y acumular activos financieros.

Por lo que se refiere a la primera aplicación, se constata que, de los diez países bajo consideración, la mayoría ha reducido la cuantía de su deuda pública en más del 50%; en el caso de Arabia Saudita, la reducción ha sido sobre todo de deuda interna, mientras que en el resto de países ha sido, básicamente, deuda externa. Noruega es el único país que no ha aplicado parte de sus rentas petrolíferas a la reducción decidida de su deuda.

En cuanto a la segunda aplicación, es preciso señalar que las importaciones de los países exportadores de petróleo se han más que duplicado en términos de paridad de poder de compra. Los principales países beneficiarios de este “celo importador” han sido los del sudeste asiático, seguidos por los países de la eurozona; Estados Unidos, por el contrario, no parece haber sacado demasiado partido en este terreno.

Por último, una parte sustancial de las rentas petrolíferas se ha dedicado a la acumulación de activos financieros (bien en forma de reservas internacionales o de otros títulos financieros -inversión en cartera), tal y como atestiguan las enormes salidas de capitales que han registrado los países exportadores. Pese a la dificultad en seguir la pista a estas inversiones, aquí sí que parece que el grueso de las mismas se ha dirigido a los Estados Unidos.

La evolución de los precios del petróleo, que tan de cabeza trae a consumidores, empresarios y gobiernos por su influencia negativa en la marcha de la economía, tiene también algunos efectos positivos que no parece oportuno menoscabar: una mayor eficiencia en el uso de la energía y un importante “reciclado” de las rentas extras que llegan a los países exportadores de petróleo son, sin duda, los más importantes.

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